Zorra rompe hogares

OPINIÓN | Una madre de familia, una mujer tan bella como malvada y un pobre marido rendido ante los hipnóticos encantos de esta maléfica chica. Sin duda alguna el tema del momento es el supuesto triángulo amoroso entre Wanda Nara, La China Suarez y Mauro Icardi. La novela ya está armada y los adjetivos como zorra, rompe hogares y roba maridos sobreabundan. Una vez más el foco se pone en la competencia entre mujeres. Una vez más se pone en funcionamiento el siempre efectivo arquetipo de “La Puta” para justificar y sostener el clásico modelo de masculinidad que propone el patriarcado.

La novela tiene todos los ingredientes. Funciona. Está en absolutamente todos los medios en cadena nacional. Incluso tiene vuelo internacional. Ya tenemos todos los papeles repartidos y bien estereotipados en este culebrón: por un lado Eugenia Suarez, “la otra”, la roba maridos. Bella, joven y sexy. Tres atributos imperdonables, por lo tanto asumimos que una cuota de maldad y de culpa en todo este asunto debe tener.  Encima, como si no alcanzara con todo esto, ella está recién separada, viajó a España con sus tres hijos y pareciera que está haciendo cualquier cosa menos ocuparse de ellos, dicen los medios.

Por el otro Wanda, la despechada, ya no es tan joven y agraciada como la primera, pero es madre y esposa, dos buenas características, que nos caen bien y nos hacen empatizar con ella, que, desde luego será la heroína de nuestra novela. Ella luchará por conservar a su familia y a su marido con uñas y dientes. Por eso, la mujer despechada va a buscar endilgar culpas en esta “rompe hogares”, porque claro, hay que exonerar de culpas a ese pobre hombre y así no quedar como “la tonta que perdona”.

Y acá aparece nuestro tercer ¿protagonista? El marido, víctima de los encantos de una sensual chica, que lo sedujo y anuló su capacidad de pensar fríamente y quebrantó su voluntad. Es una pobre víctima de una entidad maléfica. Pongo en cuestionamiento el protagónico  de Icardi,no porque le falten méritos, sino porque en realidad pareciera no demasiado relevante lo que él hizo o lo haga en el futuro. El foco, claro está, son las chicas.

Y acá es donde comenzamos a darnos cuenta que este ataque sistematizado a La China Suarez tiene una razón. En los últimos días se cuestionó su maternidad, porque claro, nos resulta extraño que la maternidad y el sexoerotismo puedan convivir en una misma persona. Se ha puesto en duda su salud psíquica, se catalogó de “patológica” su selección de parejas, ya que las tres últimas fueron hombres comprometidos y eso pareciera denotar algún rasgo de insanía mental. Esta culpa que le cargamos a la actriz es una muestra más de la sociedad patriarcal operando, en este caso, no tan sutilmente.

Y ustedes me dirán: “bueno, lo que hizo es éticamente incorrecto. Es casado, es el cuñado de su amiga...” Puede ser que el escenario no sea el ideal para el comienzo de una historia de amor, ¿pero no creen que también hay una cuota de misoginia en todo esto? Para evaluarlo podemos hacer un ejercicio muy simple: funcionaría la novela si fuera “El zorro roba esposas”. Hasta el nombre suena ridículo, ¿no? Y claro, no estamos acostumbrados a cuestionarle estas cosas a los varones, incluso ni siquiera existen palabras en masculino para referirnos a estas actitudes. Esto ya debería darnos una pista de que el machismo anda metido en el tema.

Incluso, si hacemos memoria, el futbolista ya estuvo en otro triángulo amoroso. Todos nos acordamos de eso, seguramente. Wanda, antes de casarse con él, era la esposa de su amigo. Y se acordarán que en ese escándalo el foco de debate estuvo puesto en los códigos masculinos, claro. Hasta se inventó el término “icaerdeada” a modo de simpático chiste para referirse a esto. La mujer de tu amigo (asi, en posesivo) no se toca, porque entre colegas no se hacen esas cosas.

En esa novela, la de Maxi-Wanda-Mauro, el atributo de la juventud de “el roba esposas” lejos de ser un agravante, lo atenuaba. Y nunca se le atribuyó a él romper con una familia, sino a Maxi que demasiado sensible a la belleza femenina, por lo que engañó de manera sistemática a su ex mujer y esto hizo que Wanda, la pobre víctima, corriera a buscar consuelo en los brazos de ese joven inexperto y enamoradizo Icardi. La situación es muy similar, pero se cuenta distinto ¿no?

Esto deja en claro que los varones-cis siguen teniendo sus privilegios intactos y como contra punto muestra el mandato de las mujeres a sostener la idea del amor romántico, de seguir recluida a las tareas de cuidado y preservación de la familia. Disfrazamos de sororidad el “no te metas con un casado”, cuando sororidad debería ser cuestionar los eternos privilegios masculinos, en vez de linchar a la que sale de lo que nos enseñaron que debe ser una buena mujer.

Antes de emitir juicios de valor sobre estos temas tenemos que preguntarnos ¿qué ganamos cuestionando las actitudes de la supuesta villana? ¿si fuera hombre el que hace eso, pensaría lo mismo? ¿Estamos siendo sororas con la supuesta víctima, la mujer engañada? ¿o simplemente estamos ayudando a diluir la culpa del verdadero protagonista de esta historia, el marido infiel?

Nos pasamos la vida guiadas por supuestos códigos  que determinan y guían nuestros comportamientos a rajatabla sobre cómo vivir nuestra sexualidad, nuestros vínculos afectivos, nuestra maternidad y quienes no cumplen con eso son tildadas de putas, de malas madres, de locas. Es el cuento de Adan y Eva en loop, una vez tras otra, tras otra, tras otra, durante literalmente milenios. El hombre siempre en su cómodo rol del impulsivo, sin auto-control, sin capacidad de raciocinio ante una mujer manipuladora y sensual, que sí tiene esa capacidad de discernir el bien del mal y por lo tanto, la tiene responsabilidad de no meterse donde no corresponde.

El culebrón “La Zorra rompe hogres” sirve y es un éxito porque todavía operan en nosotros estos principios. El patriarcado sigue guiando nuestros comportamientos, nuestras opiniones. El linchamiento ente mujeres tiene que terminar y abrirle paso a la verdadera sororidad si es que queremos terminar con un sistema desigual que solo silencia y castiga a quienes se salen de lo previsto.       


Sobre la autora

María Victoria Pucci es Licenciada en Comunicación Social y Docente Universitaria


Redes sociales 

Twitter: @vickypucci

Instagram: @vickypucci

Diarios Argentinos