Y allí va, parte del aire… y allí va, en libertad

OPINION. Y acá quedamos los mortales, los que te admiramos y respetamos por lo que hiciste tanto dentro como fuera de la cancha.


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Y acá quedamos los mortales, los que te admiramos y respetamos por lo que hiciste tanto dentro como fuera de la cancha. Los que tuvieron el privilegio de verte hacer cosas imposibles con la diez en la espalda, y los que no pudimos vivir tus tiempos de jugador, pero entendimos y militamos el mito que atravesó una generación, y también te aprendimos a querer por estar del lado que había que estar. Del lado del más vulnerable, del más humilde, del más débil. Dejas huérfano a un país entero. Pero dejas un legado inmenso e imborrable. Un fuego imposible de apagar. Dejas ese fuego encendido en lo más profundo del Pueblo argentino, ese Pueblo que no olvida a quien no lo traiciona. Y claro, ¿cómo te vamos a olvidar?, si cuatro años después de una guerra estúpida e injusta, donde perdieron la vida más de seiscientos pibes, nos hiciste vengar de cierta forma tanta tragedia, nos hiciste sanar un poco la herida de Malvinas, nos hiciste un poco más felices. Primero, haciéndole un gol con la mano a los ingleses, y cinco minutos más tarde gambeteando a media selección para terminar haciendo nada más y nada menos que el mejor gol de la historia de los mundiales. Para coronar ese mundial de México 86, la Copa. La que no cualquiera sabe cuánto pesa. Como si fuera poco, cuatro años más tarde volviste a llevar a la Selección a otra final, a un pasito de volver a tocar el cielo con las manos. Tus lágrimas en Italia 90 fueron las lágrimas de millones de argentinos y argentinas. Las piernas que te cortaron en EEUU 94, también fueron las nuestras.

¿Cómo vamos a olvidar a una persona que es parte de nuestra identidad? En cualquier parte del mundo se repitió -y se seguirá repitiendo: "¿Argentina? ¡Maradona!". Y en esa simple frase se resume todo. No existió, no existe y dudo que vaya a existir un argentino más argentino que vos. Fuiste bien nuestro. ¿Cómo vamos a olvidar aquel pibe de Villa Fiorito que dijo "mi primer sueño es jugar en el mundial"? Del barro al oro. De tener nada a tenerlo todo, nunca olvidándote de dónde saliste, ni olvidándote del sacrificio de los tuyos. De Doña Tota, que le dolía el estómago todas las noches para que vos pudieras comer. De Don Diego, que había veces que tenía que salir a pedir para pagar el bondi para que pudieras ir a entrenar. Que cobraba los cuatro de cada mes, y ese era el único día que comían carne, las famosas milanesas a la napolitana de tu vieja.

 Como dice una de las tantas canciones que te dedicaron: "desde México a Fiorito, de Malvinas a Inglaterra, este loco diez bajito llenó de risas la Tierra". Hoy desgraciadamente no hay risas, o quizás sí recordando con alegría algunas de las miles de anécdotas. Pero fundamentalmente hay una sensación de vacío, de abandono, de orfandad. Hoy llenas la Tierra de dolor, angustia y tristeza. Y no solamente te lloramos nosotros, tus compatriotas. El mundo entero te llora. Porque además de ser una pérdida enorme para la Argentina, sos una perdida enorme para este planeta. Además de ser una pérdida enorme para el fútbol, sos una pérdida enorme para la sociedad en su conjunto. Porque trascendiste el deporte, algo que no todos pueden lograr. Fuiste mucho más que el jugador que llegó a lo más alto con la selección de su país y con un equipo chico del sur de Italia. Fuiste un tipo comprometido con las causas justas en todo el mundo. Detractor del imperialismo yankee, de la suntuosidad del Vaticano y de los "mafiosos" y "ladrones" de la FIFA, como vos los llamabas. Fiel militante de la tan soñada y anhelada Patria Grande, lo que quedó demostrado en imágenes de la IV Cumbre de las Américas en Mar del Plata en el año 2005 junto a presidentes como Hugo Chávez, Evo Morales y Néstor Kirchner entre otros, rechazando el Acuerdo de Libre Comercio propuesto por el entonces presidente estadounidense George W. Bush. Imágenes que quedarán grabadas a fuego como uno de los momentos de inflexión de la integración regional latinoamericana, que luego se profundizaría con Unasur y la CELAC. Gran amigo de Fidel Castro, que curiosamente marchó también un 25 de noviembre, pero del año 2016. Ese amigo al que considerabas un segundo padre. Al que tenías tatuado en tu zurda inmortal. Aquel amigo que te aconsejó y te abrió las puertas de Cuba para que te rehabilitaras y te recuperaras, cuando en muchos lugares te cerraron las puertas. Con el que compartiste tantas charlas de fútbol, de política, de historia, y del Che, que también llevabas tatuado en tu brazo derecho.

Tantas veces gambeteó a la muerte, que esta parecía ser una más. Tantas veces lo han matado, tantas veces resucitó, que esta tenía que ser tan solo un invento más de esos. Pero el Diego un día nos dejó, aunque solo físicamente. Porque, citando a José Mourinho: una persona solo muere cuando muere la última persona que lo quiere. Y vaya que el Diego era querido, eh. Jugadores, ex jugadores, directores técnicos, presidentes, líderes políticos, deportistas, artistas, periodistas, asociaciones, y un largo etcétera despidieron para siempre al astro total el pasado miércoles. El presidente Alberto Fernández, quien puso a disposición la Casa Rosada para despedir el cuerpo del astro y decretó tres días de duelo nacional, pasó por varios canales y medios de comunicación recordando con admiración, cariño y mucho respeto a quien saliera de la cantera del club de sus amores, Argentinos Juniors. El presidente dejó en el féretro el pañuelo blanco de la Memoria, Verdad y Justicia. La expresidenta y actual vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, también le dedicó unas palabras: “se fue un grande, hasta siempre Diego”. En tanto, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo le dedicaron otro emotivo mensaje, recordando que el Diego “reparaba en las injusticias y el dolor ajeno. El Diego solidario, que supo decir verdades sin importar las consecuencias”. 

También lo despidió el expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien lo recordó no solo como "uno de los mayores adversarios, tal vez el mayor, que enfrentó la selección brasileña", sino también por su respaldo a las "causas populares" y por su "compromiso con la soberanía latinoamericana". Otro que lo despidió fue el expresidente de Bolivia, Evo Morales: "Con un dolor en el alma me he enterado de la muerte de mi hermano, Diego Armando Maradona. Una persona que sentía y luchaba por los humildes, el mejor jugador de fútbol del mundo." Al que también recordó como un "gran amigo de las causas justas". A las palabras de Lula y Evo también se sumaron las del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, a quien recordó en un tweet como un "hermano y amigo incondicional de Venezuela" y finalizó: "Siempre estarás en mi corazón y en mis pensamientos. No tengo palabras en este momento para expresar lo que siento". Otras de las tantas personalidades de la política latinoamericana y mundial que recordaron y despidieron al Diego, por mencionar algunas, fueron los expresidentes Rafael Correa, Pepe Mujica y Fernando Lugo. Los presidentes de Luis Arce (Bolivia), Andrés Manuel López Obrador (México), Pedro Sánchez (España), Emmanuel Macron (Francia) y hasta el Papa Francisco.

Para finalizar, me gustaría citar un texto de Sacheri que explica un poco el por qué le debemos tanto, y por qué la única manera de agradecérselo era dejándolo en paz. Simplemente queda agradecerle por haber jugado a la pelota, agradecerle por habernos dado tanto y habernos defendido y representado en cualquier rincón del mundo sin pedir nada a cambio. Por haber sido simplemente él, simplemente Maradona, simplemente El Diego. “Ídolo popular” es una descripción efímera de lo que fue en verdad. El Diego es un mito, es una leyenda, es parte de la religión, es parte del aire. No sé de qué planeta vino, pero vino a transgredir todas las fronteras.  Y el agradecimiento será eterno. Hasta siempre, Diego.


"Porque el afano de ellos era demasiado grande. Así que faltaba humillarlos por las buenas. Inmortalizarlos para cada ocasión en que ese gol volviese a verse una vez y otra vez y para siempre, en cada rincón del mundo. Ellos volviendo a verse una y mil veces hasta el cansancio en las repeticiones incrédulas. Ellos pasmados, ellos llegando tarde al cruce, ellos viéndolo todo desde el piso, ellos hundiéndose definitivamente en la derrota, en la derrota pequeña y futbolera y absoluta y eterna e inolvidable. Así que señores, lo lamento. Pero no me jodan con que lo mida con la misma vara con la que se supone debo juzgar a los demás mortales. Porque yo le debo esos dos goles a Inglaterra. Y el único modo que tengo de agradecérselo es dejarlo en paz con sus cosas. Porque ya que el tiempo cometió la estupidez de seguir transcurriendo, ya que optó por acumular un montón de presentes vulgares encima de ese presente perfecto, al menos yo debo tener la honestidad de recordarlo para toda la vida. Yo conservo el deber de la memoria"Eduardo Sacheri, La vida que pensamos.


Sobre el autor

Agustín Dell'Ali es estudiante avanzado en la Licenciatura en Relaciones Internacionales.

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