¿Y a mi qué me importa el Cambio Climático?

Por: Elisabeth Möhle

2019 fue el segundo año más cálido del que se tenga registro histórico. Como lo fueron en conjunto los últimos 5 años, y la última década.

Desde la época preindustrial la temperatura promedio global aumentó 1°C y se proyecta que llegará a 1,5°C entre 2030 y 2050 y hasta 5°C en 2100.

Esta visualización de la iniciativa #ShowYourStripes muestra la temperatura promedio anual de la Tierra entre 1850 y 2018.



¿Qué significa esto?

Tal como lo conocemos hoy, el sistema climático de la Tierra funciona en un delicado equilibrio dinámico que depende de miles de factores interconectados. Cambiar la temperatura, aún si solo 2°C, es una variación tan de uno de esos factores que altera el equilibrio global de este sistema y así afecta los patrones climáticos, vientos, lluvias, temperatura y nivel del mar, la distribución de las zonas habitables para los humanos y las diversas especies animales, las áreas cultivables, etc.

Es muy importante entender que los fenómenos climáticos no son consecuencia directa del Cambio Climático. No es que podemos decir que una lluvia se debe al Cambio Climático, sino que la precipitación puede ser más fuerte por efecto de este. Por ejemplo, los incendios de este verano en Australia: no es anormal que ocurran, sí la intensidad.

En concreto, con un aumento de 2°C, el Panel Intergubernamental de Cambio Climático proyecta:

- 37% de la población expuesta a olas de calor extremo cada 5 años.

- Que el Ártico se derrita completo cada 10 veranos.

- Aumento del nivel del mar de 0.46 metros.

- 7% de reducción del rinde de la cosecha de maíz en los trópicos.

- 170% incremento en el riesgo de inundaciones.

- 410 millones de residentes urbanos expuestos a sequías.

- Pérdida de biodiversidad.

- Impacto negativo sobre el crecimiento económico.

- Refugiados climáticos.

En Argentina particularmente, un informe de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales estima que el NOA será de las regiones donde más se eleve la temperatura, generando olas de calor extremo y afectando la disponibilidad de agua. En CABA y el Gran Buenos Aires el aumento de las precipitaciones y del nivel del Río de la Plata incrementará las inundaciones. A su vez, las temperaturas más altas favorecen el avance de vectores de enfermedades como el dengue y la vinchuca. En la región centro del país las olas de calor y las sequías más prolongadas bajarán el rendimiento de los cultivos del norte, mientras que en el parte sur se espera aumento de lluvias por lo que podría expandirse la frontera agrícola.

En un mundo, y un país, que tienen grandes problemas para resolver la pobreza y la desigualdad, un escenario de migraciones forzadas por inundaciones o desplazamiento de las áreas cultivables, de fenómenos climáticos cada vez más extremos, necesidad de adaptación a otros patrones climáticos, etc., no va a hacer más que exacerbar esas dificultades.

¿Por qué sucede el Cambio Climático?

Siempre hubo cambios en el sistema climático, pensemos en los períodos de glaciación, por ejemplo, pero en este caso el aumento de la temperatura es provocado directamente por la actividad humana.

La economía global funciona en base a la energía generada por la quema de combustibles fósiles. Este proceso emite una cantidad de gases de efecto invernadero tal que altera la composición de la atmósfera, capturando una mayor parte de la radiación solar y aumentando así el calentamiento de la superficie terrestre.

Hay otros sectores, como la ganadería, que también son grandes emisores. A su vez, actividades como la deforestación para extender las fronteras agropecuarias, disminuyen la capacidad de captar los gases por parte de la superficie terrestre. ¿Quién tiene la culpa?

Determinar responsabilidades es una tarea compleja. Si lo pensamos por sectores, es el energético. Si es por países, hoy el que más emite es China, pero en acumulación histórica, queda primero Estados Unidos. Argentina colabora con el 0.9% de las emisiones globales. Si medimos per cápita, encontramos a Qatar, Curaçao y Trinidad y Tobago en el podio. De las empresas, las grandes beneficiadas son las petroleras. Sin embargo, los niveles de desarrollo alcanzados por la humanidad no son explicables sin los combustibles fósiles como fuente segura de energía. En todo caso, sí es más fácil identificar a los perdedores: aquellas personas y países que no acceden a los beneficios del desarrollo y, además, probablemente, sean los que más y primero sufran las consecuencias del cambio climático.

¿Cómo hacemos para evitarlo?

El desafío, más allá de cambios culturales respecto a la alimentación, el consumo y el transporte, es descarbonizar la matriz energética de los países. Desacoplar el aumento del bienestar de las personas del incremento de gases de efecto invernadero. Para esto, se requieren políticas públicas de fomento a la energía renovable, desincentivo a los combustibles fósiles, programas de eficiencia energética, promoción del transporte público, inversión en investigación y desarrollo de la sustentabilidad, etc.

Individualmente, se puede reducir el uso del vehículo particular, el consumo de carne, promover el compre local, usar la energía de manera eficiente, organizarse para generar demanda al Estado y exigir políticas públicas adecuadas y no votar a gobiernos negacionistas del cambio climático.

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