Volvió y fue millones

OPINIÓN. Sin duda, el acontecimiento político “MAS” importante del año en nuestro continente y en el mundo por su significado y trascendencia es la recuperación de la democracia en Bolivia.


Solo transcurrieron 363 días entre la renuncia de Evo, para evitar un baño de sangre, y el regreso triunfal a su país por el paso La Quiaca-Villazón, acompañado por el presidente argentino. De esta forma el pueblo boliviano no solo reivindica la democracia en su país, sino que hace lo propio con la “política” como el único camino civilizado para dirimir las diferencias.

Después de largas horas de angustia, dolor e impotencia, en donde el presidente reelecto de Bolivia Evo Morales Ayma y su vicepresidente Álvaro García Linera se escondían en la selva para evitar ser asesinados, la gestión inolvidable llevada adelante por el electo presidente Alberto Fernández, el primer mandatario de Méjico Andrés Manuel López Obrador y el par de la República del Paraguay Mario Abdo Benítez (que le permitió desplazarse por su espacio aéreo), le permitió salir en vuelo hacia el país de Emiliano Zapata y Doroteo Arango, cuya solidaridad internacional hizo una marca de su política exterior.

Esa foto de Evo con su rostro desfigurado por el sufrimiento abrazado a la bandera boliviana en el pequeño avión que lo sacaba del país quedará por los tiempos en la retina de la historia.

En forma inédita el pueblo boliviano, la dirigencia del Movimiento Al Socialismo (MAS) y la unidad alcanzada con los distintos sectores sociales y políticos, logró, después de un clásico golpe con sello de la CIA, la participación de la OEA (“el ministerio de colonias”), la inescrupulosa oligarquía nativa, ONGs, y el apoyo de varios gobiernos y funcionarios cipayos, en apenas once meses reconquistar la vigencia de las instituciones y el respeto por la soberanía popular.

Esta reversión histórica reafirma la decadencia del Imperio estadounidense, la fractura de su bloque dominante como queda en evidencia en las no definidas elecciones de hace dos semanas, y el ingreso en una nueva época histórica.

La gesta del pueblo de Túpac Katari puso en evidencia la sempiterna rebeldía de este continente y confirma que se trata de un “continente en disputa”, y no una región sometida sin lucha a las políticas neoliberales dictadas desde el norte del hemisferio.

El daño causado por el gobierno golpista boliviano en apenas 11 meses de gestión fue enorme: un descenso histórico del 11 % del PBI, una colosal toma de deuda externa por US$ 4200 millones, la liquidación de programas sociales y el abandono del sistema de salud con los consecuentes padecimientos de la población en plena pandemia, entre los más importantes.

A casi una semana de la asunción del nuevo presidente y vicepresidente, Luis Arce Catacora y David Choquehuanca se inicia una nueva etapa que será la continuación de ese camino emprendido por Evo y Álvaro en enero de 2006 en la montaña de Tiwanaku donde Morales juraba ante los jefes de las tribus originarias que le entregaban el bastón de mando.

Cada mujer y cada hombre quedará en la historia con alguna cualidad que lo identifique. Así el presidente Néstor Kirchner lo será por su audacia, el comandante Chávez por su coraje, locuacidad y seducción política, Lula por la estatura de estadista alcanzada por un obrero metalúrgico, Correa por el academicismo al servicio de la liberación, y Evo por su transparencia, sencillez, honestidad, amor a los pueblos y su ferviente defensa de un socialismo que no será ni “copia ni calco”, como nos decía José Carlos Mariátegui.

Evo y su gestión son los reivindicados en estos días. Es el hombre que fundó el movimiento que sacó al país de una decadencia histórica a pesar de contar con una riqueza inmensa. El mismo que en octubre del 2019 había conseguido legítimamente la reelección.

En varios momentos pude observar de cerca su calidad humana. Desde la recordada marcha contra el ALCA en 1999 por las calles de Buenos Aires cuando solo era un dirigente cocalero, en la contra cumbre de Mar del Plata en 2005, esa tarde nublada del sábado 21 de enero en Tiwanaku, en el mediodía del domingo 22 cuando asumió y realizó un discurso memorable, luego en la tarde de esa misma jornada en una marcha callejera por la ciudad de La Paz hasta la plaza de los Héroes donde junto a su vicepresidente y Eduardo Galeano. También el 9 de octubre de 2007 en Valle Grande conmemorando los 40 años del asesinato del Che Guevara, “el más completo de los hombres de esta época” según Jean Paul Sartre. Y por último también observé la misma sencillez, el mismo carisma cuando fue a intentar dar la tradicional ronda con las Madres de Plaza de Mayo, ya estando exiliado en la Argentina. El cometido no pudo ser cumplido por la enorme cantidad de personas que querían saludarlo.

Así es el hermano Evo, el presidente más parecido a su pueblo.



El nuevo gobierno boliviano tendrá grandes desafíos: equilibrar una economía desarticulada, ubicar en el marco democrático a las bandas fascistas descontroladas, reestructurar los mandos de las fuerzas de seguridad y militares, crear las mejores condiciones para la mayor participación popular, socorrer un pueblo desbastado por la pandemia y la desidia del gobierno golpista, curar las heridas de 11 meses de violencia y desprecio contra el pueblo y hacer un aporte fundamental para retomar el sendero de la reconstrucción de instituciones que fortalezcan la unidad regional, entre otros.
Salud Bolivia, un ejemplo de confianza en la lucha popular, perseverancia y paciencia ancestral.
“AIAIA Bolivia”.


Sobre el autor

Ruben Dario Guzzetti.  IADEG-IDEAL-CEFMA. 

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