¿Vivimos por encima de nuestras posibilidades?

Por: Carlos Leyba

La pregunta, en realidad, es la respuesta a una afirmación (sin los signos de interrogación) que se ha hecho permanente; y que habiendo partido de algunos economistas, académicos o consultores, es un lugar común entre los políticos o los funcionarios de la administración, especialmente del oficialismo, pero que no es ajena a la mayor parte de las personas más sensatas de la oposición.    

Vamos a la afirmación, ¿es así? ¿O más bien es todo lo contrario?

Si la afirmación es la única válida, entonces, justifica que la tarea de la política sea reducir ese exceso de vida por sobre las posibilidades. Los técnicos, como los nutricionistas, indicarán cómo reducir la ingesta. La dieta. El ajuste del sobrepeso.

Hoy, dado el fracaso del oficialismo en términos de inflación, crecimiento y balance de pagos, el ajuste se enfoca a bajar la cotización del dólar y cerrar las cuentas fiscales.

Según los consultores electorales, que dominan el entendimiento del Presidente, bajar el dólar (la inflación va por delante de su cotización) es la clave para arrimar las elecciones. Y según el compromiso con el FMI no hay desembolsos (la paz del dólar) si no cerramos las cuentas fiscales.

Ambos propósitos lógicos, pero sin una pizca de grandeza y por lo tanto con pocas probabilidades de sustentabilidad de largo plazo.

El método no difiere del empleado por Carlos Chaplin que.para cerrar la valija a la que le sobraban mangas de saco y piernas de pantalón, cortó lo que sobraba. Cuando llegó a destino no tenía lo necesario. No atender a lo necesario es lo que condena a las pocas probabilidades de sustentabilidad de largo plazo de esas políticas.

Tenemos millones de personas ociosas, no por su voluntad, sino porque no hay la suficiente creación de puestos de trabajo productivo. Respuesta habitual e incompleta: no hay creación de puestos de trabajo porque no hay suficiente inversión porque no hay suficiente ahorro. ¿Es así?

Los residentes argentinos en el exterior, según las estimaciones más confiables, tienenatesoramiento, ahorros, inversiones en el exterior – blancas, blanqueadas, en negro – por aproximadamente 400 mil millones de dólares.

Ese excedente,con más las inversiones efectivamente realizadas en el país, nos señala que nuestra economía ha generado una capacidad inversora razonable, pero una parte gorda, se fugó.

Si no se hubiera fugado y se hubiese ahorrado en el país y aplicado a inversiones gracias a una política ad hoc, el PBI y el empleo serían mucho más alto que el que efectivamente hemos realizado: estaríamos explotando nuestras posibilidades.

Ese excedente, razonablemente aplicado, podríamos suponer que podría generar hasta 4/5 millones de puestos de trabajo de buena calidad: un capital de 100/ 80 mil dólares por trabajador. Unos ejemplos, una textil moderna puede funcionar con 100 mil por trabajador; en indumentaria 20 mil es plata; un calzadista con 15 camina; claro que en química hay que hablar de 250 mil para arriba.  Con esa masa de trabajadores y ese capital aplicado podríamos tener un PBI que podría alcanzar un ritmo del 5 por ciento anual acumulativo.

Lo dicho para sostener que no se trata de insuficiencia histórica de excedente si no de insuficiencia de aplicación del mismo. Podemos discutir las razones. Que por cierto las hay y que obligan a formular políticas consistentes.

El problema es que más que “vivir por encima de las posibilidades” es que tenemos, y hemos tenido durante 43 años,políticas que impidieron e impiden explotar nuestras posibilidades. No hace falta demostrarlo: no las explotamos.

Unproblema sistémico. Lo podemos desgranar con las sensatas afirmaciones publicadas en “La Nación”,un medio lejano a cualquier posición heterodoxa. Veamos.

Axel Kicillof y Mauricio Macri, que en mucho se parecen, prometieron a los petroleros, por distintas razones que no están muy claras, que no sólo les otorgarían, prorrogarían y garantizarían concesiones sino que,además les darían subsidios para la explotación, subsidios que no son extraños a nuestro déficit fiscal. Déficit del que, el Gobierno permanentemente se agravia.

“La Nación” (editorial del 21/01/2019) dice “Con la construcción del ferrocarril para llevar la arena empleada en el fracking y con otras inversiones logísticas para el mercado interno y la exportación, Vaca Muerta podría hoy desarrollarse sin subsidios al precio del gas”. En otras palabras “haciendo lo que hay que hacer” es “habilitar el desarrollo del potencial”.

Eduardo Pucci, (La Nación del 12/01/2019) afirma“cientos de buques extranjeros …, ansiosos por volcarse a una auténtica expoliación de los recursos pesqueros a través de la faena irracional e insostenible del calamar y otras especies asociadas y dependientes. Lo hacen sin freno”… (en) un área con abundantes especies de alto valor comercial, densamente ocupada y convertida en un escenario de libre y fácil acceso para buques de banderas de China, de Corea, de España y otras … que literalmente se amontonan en una pesca indiscriminada que violenta las medidas de ordenamiento vigentes en aguas de jurisdicción nacional … La depredación se ha ido intensificando en los últimos 30 años, frente al aumento de la demanda mundial de proteínas, al orden establecido en otras áreas oceánicas (otrora objetivos de similar saqueo), al uso de importantes subsidios y al rol pasivo de la Argentina”.

José Urtubey (La Nación 31/12/2018) dice “El sector industrial perdió más de 100.000 empleos desde 2015 … cada empleo industrial directo genera 2,5 empleados en otros sectores como los servicios…Los países generan medidas defensivas y ofensivas para fomentar el agregado de valor, la innovación y el desarrollo de capacidades dentro de sus fronteras. Nadie regala a sus mercados internos ni deja de impulsar a sus sectores con capacidad de exportación, todo lo contrario”.Se quedó corto la información oficial dice que se perdieron 146 puestos de trabajo registrado y – seguramente – otro tanto no registrado.

El oficialismo fundamenta en esta frase “vivimos …” la filosofía del ajuste de la economía. Estar por encima, implica que hay que ajustar para bajar.

Ahora también hay “ajustes inversos” para desarrollar, por ejemplo, encarar el ferrocarril que reclama La Nación, el “ajuste” sobre la pérdida de la riqueza ictícola como señala Pucci; y el ajuste, según Urtubey, sería ni regalar mercados ni dejar de impulsar la capacidad exportadora. Pero esa no es la visión oficial.

Quien ahora gobierna impone “suajuste”, con tres herramientas convergentes: el ajuste fiscal (aumento de impuestos y baja de gastos o inversiones públicas), el ajuste de mercado (aumento de la tasa de interés y baja de la cantidad real de dinero disponible en manos del público) y el ajuste de promoción exportadora (aumento de los impuestos a la exportación, baja de la devolución de impuestos a los exportadores y reducción de la cotización del tipo de cambio).

Las tres herramientas ajustan lo que el gobierno entiende un gasto público “excesivo”, un gasto privado “excesivo” y una excesiva ventaja “exportadora”: los tributos a la exportación apuntan a compensar, en el sector público, el impacto financiero de la devaluación sobre el servicio de la deuda externa.

Los dos primeros ajustes se suman en la baja de la demanda interna y el segundo limita la capacidad de aumento de la oferta exportadora a la espera que las nuevas condiciones generen una transformación.

La inevitable consecuencia, de esta aplicación de herramientas, es la caída de la actividad interna, que es lo que está ocurriendo.

El supuesto “positivo”es que “todos esos ajustes” eliminan cargas (consumos, insumos, costos excesivos) y en algún momento, con menos peso inútil, el cuerpo social se pondrá en marcha.Es decir, el “ajuste” hace un trabajo purificador y después de él seremos mejores en términos de productividad y competencia. Esa es la idea PRO.

Mientras tanto, según nuestros ejemplos tomados de La Nación, no hacemos el ferrocarril, pagamos subsidios; no defendemos el mar, nos dejamos expoliar; cedemos el mercado interno y no promovemos la exportación.

Los tres ajustes PRO (herramientas) implican reducción de la demanda global (consumo, exportación, inversión) para enfrentar una capacidad de oferta global (producto, capacidad de importar) que sería incapaz de abastecerla demanda en los niveles previos sin provocar desequilibrios (inflación, acumulación de deuda) en aumento.

Demás está decir que el ajuste en marcha no ha doblegado la tasa de inflación y difícilmente ofrezca señales de repago de la deuda sin apelar a refinanciaciones que, si bien hoy cuentan con una baja en la tasa de riesgo país, nada asegura que esa baja sea continuada y de tal magnitud que nos habilite como prestatarios.

Veamos el requisito de ajuste sobre las cuentas fiscales. El Estado en la Argentina tanto el nacional, el provincial y el municipal, han crecido vertiginosamente en los últimos 43 años: el empleo público ha crecido vigorosamente más allá de la proporción del incremento de la población. Sin embargo, en estos años, han crecido vigorosamente la enseñanza privada, la prestación privada de salud, la “seguridad”, custodia, etc., de carácter privado.

 “Privado” porque la mayor parte de esos servicios se sostienen con recursos privados. La proporción de empleo público ha crecido más que la proporción de prestación pública de esos servicios. Por otra partese han privatizado la mayor parte de servicios públicos (telefonía, energía, transporte, etc.) y la casi totalidad de las empresas públicas. “El tamaño del Estado” es mayor, a pesar que el espacio abarcado por el Estado en la vida social es menor.

Como todos sabemos, con el “rodrigazo” (1975), la Dictadura Genocida (1976/1983), y el menemismo (1989/2000) se desarrollaron los períodos más activos en materia de “desestatización” y “desregulación”, tarea que con el mismo o mayor énfasis discursivo está realizando la gestión Mauricio Macri (2016/2019).

La paradoja es que la presión del Estado Nacional sobre el PBI y sobre las actividades “no públicas” ha crecido, desde que empezó el discurso y el proceso de “retiro del Estado”. En las décadas del 60 y del 70 del Siglo pasado, es decir “antes del rodrigazo y la Dictadura Genocida” la presión tributaria nacional promedio fue de 11, 5 por ciento del PBI. En los 80 y 90 comienza a crecer hasta el 17 por ciento; y explota a partir de la crisis de la convertibilidad hasta superar el 26 por ciento en nuestros días.(La Nación, 5/01/2019)

La desindustrialización, la apertura, el desempleo y la pobreza generaron el aumento de los gastos públicos y un ejército de consumidores sin capacidad de contribución tributaria.

Duplicamos el Estado porque achicamos la Nación. Ricardo Zinn – el padre del rodrigazo – en tiempos de la Dictadura Genocida alentaba “achicar el Estado es agrandar la Nación” y resultó que achicar la Nación (la producción nacional) implicó agrandar el Estado, como lo dicen las cifras citadas.

El exceso de gasto público que las políticas de ajuste, iniciadas como “desestatización, desregulación, desinflación”,consolidaron,es el exceso de gasto público en relación al PBI generado por esas mismas políticas.

No puede juzgarse el exceso de gasto público sin tener en cuenta la deuda externa que, durante estos 43 años, además de los default – con el consiguiente incremento permanente de costo del crédito que recibimos – hemos sin duda dilapidado.

El exceso de gasto público (su duplicación) es la consecuencia de haber “ajustado” el aparato productivo o castrado el potencial de la Nación. Sigamos.

¿Exceso de consumo privado? Un tercio de la población es pobre. Y lo son la mitad de los menores de 14 años.El exceso estaría a cargode los dos tercios de la población y de la mitad de los menores.

¿El consumo alimentario está por encima de nuestras posibilidades? No es un problema de demanda excedente. En todo caso tenemos un problema de distribución. Sobra capacidad de producir.

¿Y la industria? La capacidad industrial instalada – a pesar de la ausencia de inversiones – está siendo utilizada en promedio al 63 por ciento. Hay un excedente de capacidad de 37 por ciento.

Dejamos de lado los servicios, que completarían el cuadro, ya que la falencia – que la hay – está más en la calidad y la distribución, que en la cantidad que puede ofrecerse.

Dicho esto ¿vivimos por encima de nuestras posibilidades? Con lo que estamos en condiciones de producir y sin siquiera sumar el potencial, objetivamente no.

Dicho esto, ninguna persona responsable puede avalar que una comunidad pretenda sine die vivir por encima de sus posibilidades o proponerle, lo habitual,  a una sociedad que viva por debajo de sus posibilidades.

Hace una década que el PBI por habitante está estancado. Es decir que con más población en capacidad de trabajar que hace 10 años producimos lo mismo.En diez años bajó la productividad y no hemos sido capaces de poner en marcha nuestro producto potencial.

La tarea de un gobernante es la de ampliar las posibilidades de vida de sus gobernados.

Los argentinos no vivimos por encima de nuestras posibilidades, sino que hace 43 años que la ausencia de un programa estratégico de desarrollo viene mutilando esas posibilidades y poniendo distancia entre nuestra capacidad de hacer y lo que han logrado las sociedades más avanzadas.

El primer desafío argentino es revertir esa situación y para ello tenemos que asumir justamente lo contrario a lo habitual, es decir, “estamos viviendo por debajo de nuestras posibilidades”. La cuestión es esencialmente política. Con mayúscula. “La Nación” hablando de petróleo, pesca e industria y presión tributaria, lo ha puesto en claro.

Tenemos el deber de explotar nuestras posibilidades. Pero sin un programa estratégico de largo plazo, que implica un amplio consenso, es imposible. El PRO lo está demostrando como antes lo hicieron quienes lo precedieron. Y hasta “La Nación” lo advierte.


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