Virginia Woolf y el feminismo

Por: Sol Mircovich

Hoy se cumple un nuevo aniversario del natalicio de la escritora británica Virginia Woolf, una de las figuras más influyentes dentro de la literatura del siglo XX y también dentro del ámbito del feminismo.

Nacida un día como hoy de 1882, fue una mujer exquisita y estuvo siempre rodeada de grandes figuras internacionales, tales como Keyness, Russell, Eliot, entre otros. Como suele suceder en el caso de las mujeres escritoras, quizá sea más conocida por su vida tormentosa y su suicidio que por su vida y obra.

Y sin embargo, Virgina se destacó como una de las figuras más influyentes dentro de la literatura del siglo XX y también como precursora del feminismo dentro del ambiente de las letras. Fue una militante incansable por los derechos de la mujer —aunque jamás participó de partidos políticos, todo lo hacía a través de la escritura— en un período particular de Inglaterra, con un clima de época belicoso, de entre guerras.

Virginia Stephen Woolf escribió numerosas obras: Fin del viaje (1917), Noche y día (1919), El cuarto de Jacob (1922), La señora Dalloway (1925), Al faro (1927), Orlando (1929), entre otras, y también ensayos de relevancia internacional y que guardan vigencia hasta el día de hoy. Dos de ellos, especialmente, marcan un antes y un después en el feminismo en la literatura: Un cuarto propio (1929) y Tres guineas (1938).

En Un cuarto propio, Virginia expresa sus ideas de manera literaria, original y elaborada, sin caer jamás en el relato simplista. Puede considerarse como el libro más asequible de la autora, ya que no es motivada totalmente por los sentimientos, sino que el hilo que une el relato es el argumento, que en este caso es la mujer y la novela. De manera anecdótica y divertida, comparando la educación entre hombres y mujeres, la desigualdad en las relaciones entre ambos, citando diversos ejemplos de mujeres escritoras, arriba a la conclusión de que las mujeres son muy pobres, y que para escribir novelas, la mujer necesita un cuarto propio y una suma de dinero anual que le permita no depender de un hombre. De hecho, plantea que lo necesita para realizar cualquier tipo de actividad artística e intelectual.

En cambio, Tres guineas está escrito en un tono más belicoso y no intenta persuadir, sino que plantea de manera fría y calculadora las diferencias entre hombres y mujeres. Dividido en tres capítulos que equivalen cada uno a una guinea para esquivar la guerra, analiza la falta de oportunidades educativas de las mujeres, los obstáculos en las profesiones y su ausencia en los lugares de toma de decisiones. Explica de manera sagaz por qué los hombres aman a la patria y las mujeres no encuentran motivo para hacerlo, ya que a ellas no les ha dado prácticamente nada. En otro tramo, uno de los más criticados por la prensa en aquel momento, hace una comparación entre los hombres y el nazismo. Como conclusión, invita a las mujeres a hacer la revolución desde afuera, aprovechando el lugar de marginalidad y utilizándolo subversivamente.

Como muchas mujeres de su época, Virginia fue víctima de abusos por parte de familiares cercanos en su infancia, lo que le originó distintos síntomas psiquiátricos asociados con la bipolaridad. Contrajo matrimonio con Leonard Woolf, quien dio siempre infinitas muestras de paciencia y devoción y quien la acompañó en sus múltiples intentos de suicidio, buscando continuamente la forma de materializar la labor creadora de Virginia para darle motivos para seguir viviendo.

También tuvo algunas aventuras amorosas con mujeres, entre las que sobresale Vita Sackville-West, quien estaba casada con un diplomático. Esta relación se dio sin que se disolvieran sus respectivos matrimonios.

Finalmente, el 28 de marzo de 1941, en plena Segunda Guerra Mundial y luego de haber perdido su casa debido a los bombardeos, Virginia le deja una carta a Leonard y otra a su hermana, y se dirige a la muerte que le deparó el río Ouse: “Es la única experiencia que nunca podré narrar”, le habría dicho a Vita.

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