Violencia infantil en tiempos de pandemia

Por: Florencia Lucione

La extensión del aislamiento social y obligatorio comienza a evidenciar una multiplicidad de problemáticas derivadas del encierro en las distintas esferas de la vida de las personas.

Refieren los especialistas en la materia que los niños, niñas y adolescentes no son población de riesgo en el marco de esta pandemia de COVID-19, que despierta tanta incertidumbre como preocupación a nivel mundial, y que en las últimas semanas convoca a funcionarios, instituciones y medios de comunicación de manera casi exclusiva. Sin embargo, el aislamiento que los protege contra el coronavirus, obliga a muchos chicos y chicas a convivir permanentemente con situaciones de violencia en el ámbito doméstico:

En Argentina solo 3 de cada 10 hogares son ámbitos libres de violencias.

Según cifras que declara UNICEF, de la totalidad de casos de abuso a niñas, niños y adolescentes, el 70% es perpetrado dentro del hogar por algún integrante del grupo familiar.

A. es una niña que desarrolla su vida social sin mayores preocupaciones ni sobresaltos en la escuela y se divierte muchísimo cuando juega con sus amigas. Gusta mucho de dormir la siesta y de tomarse el tiempo para hacer una pausa en la puerta de entrada cada mediodía para disfrutar de esos segundos en los que respira el olor a comida casera que prepara su madre o R., la mujer que trabaja en su casa. Tiene un vínculo muy amoroso con sus hermanos: mantienen poca diferencia de edad pero A. disfruta mucho de su rol de hermana mayor.

Pareciera que no hay mayores preocupaciones más que las atinentes a una niña de 6, 7 u 8 años, que aún bucea el mundo, curiosa por descubrir sus pasiones y deseos.

Sin embargo, el mundo de A. se modifica brutalmente cuando visita a su padre durante el fin de semana. En general, todo comienza bien, pero en el momento en el que se cierra la puerta de la habitación prestada, la vida de A. se trasforma en una sala de tortura frente a la presión psicológica ejercida por su progenitor, quien la hostiga a decir cosas que A. no quiere contar. El mecanismo se reitera sistemáticamente, cada fin de semana, durante algunos años. A. se siente abrumada por el miedo, se culpa, se avergüenza, oculta su sentir. Y, sobre todo, oculta frente a su madre y el resto del mundo adulto que la rodea, lo que sucede puertas adentro del territorio paterno. La secuencia se repite todas las veces con los mismos modos: A. es convocada a la habitación, su progenitor cierra la puerta, las manos de A. transpiran gotas que bien podrían suplir a las lágrimas que contiene para no desnudar su absoluta sensación de fragilidad frente a lo que se le representa como un verdadero monstruo.

A. no tiene idea de cómo contar lo que vive, no se hace preguntas, lo asume como parte constitutiva del vínculo. Nunca podría siquiera acercarse a la noción de denunciar.

El fin de semana acaba. A. regresa a la casa materna con fiebre, cada domingo. No hay cuadro clínico que lo explique, luego de unas horas la fiebre cede y el lunes vuelve a ser su día favorito.

El entorno más propicio para que los abusos físicos y psicológicos se desarrollen con mayor impunidad suele ser puertas adentro de esos hogares. Allí, los perpetradores llevan a cabo con mayor facilidad su modus operandi.

Frente a esta utilización de la esfera de lo privado para que acontezcan con mayor facilidad los abusos, los ámbitos públicos se convierten en los sitios en los que muchos niños y niñas exteriorizan las situaciones abusivas a las que son sometidos.

Los delitos de violencia intrafamiliar son considerados por nuestro ordenamiento jurídico como de instancia privada, es decir, sin el consentimiento de la persona que lo padece (o de su representante legal, que en la mayoría de los casos se corresponde con el propio perpetrador del delito) la justicia no puede intervenir fácilmente. Otro factor que obsta la intervención institucional para ponerle fin a estos casos.

La línea 102 es el servicio telefónico de asesoramiento gratuito para casos de vulneración de derechos en niños, niñas y adolescentes que brinda la Secretaria de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF). (Ver Mapa al final de la nota). 

Durante el periodo de cuarentena se reportó una baja en la cantidad de llamadas que la línea recibe. Ello puede deberse a que frecuentemente quien se contacta para hacer uso de esta herramienta y requerir asesoramiento es el personal de escuelas u otras instituciones a las que los niños asisten habitualmente y que forman parte de la vida social a las que hoy, en épocas de aislamiento, no tienen acceso.

Es por ello que resulta menester que el Estado impulse políticas publicas tendientes a garantizar herramientas que puedan suplir el lugar de contención y dar respuesta a esta otra contracara del aislamiento obligatorio. No perder de vista la importancia de la vida social es fundamental, no solo desde el aspecto recreativo sino también porque es en sus instituciones donde muchos chicos y chicas encuentran la contención necesaria para exteriorizar los distintos tipos de violencia a los que son sometidos en sus hogares.

Mapa Líneas de Atención Gratuita (mapa.webp )

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