¿Vinieron los Reyes Magos?

Por: Carlos Leyba

Los niños dejaron sus zapatos,con algún poco de pasto y unos vasos de agua para los camellos, a la espera de los regalos que el domingo le dejaron los Reyes, lo que provocó – seguramente – la alegría de la sorpresa esperada.

Primero dejaron la carta dirigida a los que podían proveer los trabajos para lograr el objetivo, cumplir la tarea y compartir la celebración.

En la cuestión de los Reyes Magos hay una visión, un plan y recursos para lograrlo: un método.

El método que, a pesar que la tradición se está destiñendo, no ha perdido vigencia y casi todos sabemos de su acreditada eficacia. Casi todos somos o hemos sido visionarios beneficiados o ejecutores exitosos: partes del plan.

No es una experiencia menor: visión, plan, recursos, para deseos y cumplimiento de objetivos. Una lección, otra, de la tradición.

El día de Reyes tiene la originalidad de portar, al mismo tiempo, la intensidad matinal de la sorpresa y la alegría - al abrir los paquetes -; y – muy importante la previa espera nocturna. Espera con la certeza absoluta, que aquello que deseamos, ocurrirá en la mañana. Notable: una noche de espera con certeza. Realización – como lo hemos dicho – de un Plan.No es lo nuestro. No, en las últimas cuatro décadas.

Hoy aquí, algunos esperan y la mayoría desespera: eso es lo que dicen las encuestas. Ninguno de los candidatos “que miden”, es decir, Mauricio Macri y Cristina Fernández, tiene un nivel de “simpatía” mayor que el enorme nivel de rechazo que la sociedad le manifiesta a cada uno de ellos. Las simpatías suben y bajan; el rechazo está estanco.

Es que estos dos candidatos han basado su manera de hacer política electoral en el enfrentamiento descalificatorio, en una eterna descripción de la paja en el ojo ajeno, y en la soberbia ignorante de no admitir ni un pestañeo a pesar de la enorme viga que brilla, destella, encandila, en el ojo propio.

Mauricio, tal vez, lo lleva en la sangre. Pero además sufre el lavado de cerebro que le aplican, para incentivar ese comportamiento, sus dos gurúes, el impresentable J. Duran Barba – finalmente un comerciante extranjero – y Marcos Peña, un volátil deslumbrado por las redes sociales.

Cristina, también, quizá lo lleva en la sangre, pero sin duda expresa esa conducta desde su más íntima profundidad: le brota y se nota cuando le habla a su más fiel y entrañable servidor, el impresentable Oscar Parrili, y le aclara: “Soy Cristina, pelotudo”. Un encanto.

Estos candidatos, mi Dios, con mayor probabilidad de llegar a la primera vuelta tienen, a la vez, una tasa de rechazo que garantiza que el día posterior a la primera vuelta,más que de esperanza, será para la mayoría de enorme insatisfacción.

Detrás de este dilema, o de mal en peor, está el dicho popular que refiere Sandor Marai,en su reflexión autobiográfica “Lo que no quise decir”: “no se puede expulsar al Diablo con Belcebú”.

¿Por qué no tenemos la esperanza de algo que valga la pena para una mayoría amplia y consistente?¿Por qué todo insatisfactorio? ¿Por qué a un mal le respondemos con otro mal?

No son personas a las que se identifican en los nombres del Maligno. Sino que esas personas representan enfoques y modos de gestionar el Estado que han hecho y hacen mal. Entonces son las decisiones que adoptaron, con el peso del Estado,las que comprometieron a la sociedad aproximándola al fuego del infierno.

Esos enfoques, los dominantes, el uno y el otro, amenazan con repetirse – según las encuestas - a pesar de su evidente fracaso. Fracaso que puede medirse con cualquier indicador sensato acerca del presente de cada gestión, y de lo que se proyectaba o se proyecta hacia el futuro en cada gestión.

La herencia que recibió este gobierno y la que el anterior y la que recibirá el que vendrá, son espantosas: hiperinflación, hiperdesocupación, pobreza, estancamiento y otra vez la deuda eterna.

Las herencias sucesivas son Diablo y Belcebú. Y la desgracia de una sociedad que no parece tener más alternativa que la de acudir a uno, malo, para desplazar al otro, malo también. Ha dejado de hacer sentido aquella frase atribuida a Juan Perón “no se preocupe m´hijo que los que vengan nos harán buenos”. Iguales o peores: de eso se trata.

Tal vez apelamos al doble mal porque somos “un barco a la deriva” al que las corrientes subterráneas, las mareas, el oleaje, los vientos o la total ausencia de ellos,lo gobiernan.

A ratos generan, en el pasaje, la expectativa de un rumbo que preanuncia un arribo; o tal vez se vive,en la nave,un momento agotador y exasperante, con la sensación de que lo indispensable se agotará más temprano que tarde; o – finalmente – la angustia de estar volviendo a ninguna parte que no es una “Utopía” sino todo lo contrario.

Más allá de los errores monumentales de los que nos conducen,desde hace más de cuatro décadasla Argentina abandonó los instrumentos fundamentales del desarrollo económico y social que utilizaron y utilizan, todos los países que atravesaban un estado de atraso relativo. Demolimos instituciones imprescindibles para el desarrollo.

Hay un canon institucional en todos esos países,a los que reputamos como exitosos, que – más allá de las condiciones geopolíticas y domésticas – ha estado presente siempre.

Ese canon, con maneras distintas aunque con similares consecuencias, sigue estando activo en las economías desarrolladas.

El inventario de esos instrumentos sorprendería. Hemos sorprendido a muchos con breves listados al efecto.No por nuevos sino porque, en la mayor parte de los economistas de la profesión, esos instrumentos no figuran ni en el discurso, ni en las propuestas. Simplemente los han desaparecido.

Es que muchos de los colegas que han estudiado en el exterior, han sido obnubilados en países desarrollados por el “haz lo que yo digo, más no lo que yo hago”.

Estudiaron, pero lograron ignorar la horticultura subsidiada en Inglaterra o la industria automotriz subsidiada en Estados Unidos o la práctica de las aduanas protectoras urbi et orbi.

Hace unos años, en una reunión universitaria, un representante del área de comercio de los Estados Unidos fundamentaba los enormes beneficios del comercio lo más libre posible. Interpelado con el listado abrumador de las políticas de subsidios gigantescos (50 por ciento o más) a la industria automotriz que varios Estados de la Unión estaban ejecutando en ese momento,sonrojado y sorprendido, dijo “es que los gobernadores de los Estados de la Unión no saben economía”.

Puede que no sepan. Pero el problema no es la economía que saben sino la que hacen; y lo que se comercia es justamente lo que se hace y no lo que se sabe.Detrás del comercio hay políticas industriales y de desarrollo y países con vocación deficitaria que las ignoran. Aquí estamos.

Dicho esto veamos algunos de los instrumentos del canon, más que tradicional, más que difundido, más que compartido, que hizo y hace posible el desarrollo.

Primero existe un “programa de orientación”elaborado por un órgano público que dialoga con el poder político, con el Parlamento, las Organizaciones Sociales, etc.

El segundo instrumento es un sistema de incentivos que procura que las cosas ocurran.

Es cierto, las condiciones vigentes de mercado generan, aun en la Argentina de los últimos 40 años, posibilidades de inversión porque hay decisiones que no requieren más que lo que el mercado per se procura.

Pero, las actividades estratégicas, las que vertebran, de existir, el programa, las actividades transables, brindarán en el tiempo producciones competitivas que no lo dan en el presente y no lo son para el mercado hoy.

En el presente – para ser posibles – y porque son imprescindibles para el presente y el futuro,requieren incentivos precisos. Sin ellas no hay transformación estructural.

La Argentina derogó prácticamente todos los incentivos disponibles para la transformación.

La consecuencia es que progresivamente nos primarizamos arrastrando un proceso de desempleo estructural. Datos irrefutables: comercio exterior negativo y pobreza en ascenso.

Finalmente, entre esos instrumentos,no existe financiamiento de largo plazo para las inversiones productivas. El BANADE – seguramente – tuvo fuertes pérdidas por empresarios inescrupulosos. Empresarios que no pagaron sus culpas y gozan hoy de excelente bienestar económico. Pero hay una enorme, y mayoritaria, lista de empresas exitosas que necesitaron de ese apoyo para existir y que hoy pueden mostrarse como producto de un sistema generador de valor.

No hay país en el Planeta que no disponga, al menos, dos de esos tres instrumentos.Nosotros hoy no tenemos ninguno. ¿Por qué, sin instrumentos,  habríamos de crecer?¿Qué partitura puede ser interpretada sin instrumentos (incluyendo la voz)?

El “programa de orientación”, cuando existe, guía la inversión pública, ahorra recursos y brinda la posibilidad de control de las inversiones por parte de la sociedad.

Paul Ricoer, el filosofo francés, lo dijo maravillosamente: “el plan es ética en acción”. ¿Hay garantías morales para una acción sin plan? Sin plan la corrupción nos ha devorado sin poder medirlo. Haciendo lo innecesario. Postergando lo imprescindible: observen el desastre del subdesarrollo territorial, concentración y miseria. ¿Cómo no lo vieron venir?

El programa es un bien público, un mapa de la realidad deseada y, gracias al control ciudadano, una legitimación del poder.

En término de los Reyes Magos: visión, plan y recursos.

¿Cuál es el costo social de la ausencia de un plan? Tenemos, en estos cuarenta años, cientos de decisiones irracionales por falta de programa integrador. Quienes gobernaron tomaron decisiones fuera de un programa (visión, plan, recursos) que les diera a las mismas un sentido.

Respecto de la Dictadura Genocida ni hablar, porque no podría haber habido “programa de bien público” que hubiera permitido su existencia: Dictadura Genocida es incompatible con el bien público.

Raúl Alfonsín, por ejemplo,propuso el traslado de la Capital. Es una idea que merece ser analizada, pero ¿cómo fuera de un programa de armonización territorial y de un planteo global?

¿Qué decir de la decisión de Carlos Menem de suprimir el sistema ferroviario?¿En qué programa pensado podría tomarse esa decisión?

Néstor Kirchner decidió, con el propósito de desautorizar y castigara su ministra de economía - que dijo no iba a prohibirse la exportación de carne-, sacarnos del mercado. Ello derivó en un proceso de liquidación de 10 millones de cabezas. ¿Qué programa podría incluir la liquidación del 20 por ciento del stock ganadero?

Cristina Fernández promovió Cordon Cliff, La Barrancosa. Esa obra nunca habría figurado en las prioridades de un programa. Ni hablar de la fantasía del tren bala Buenos Aires – Rosario.

Mauricio Macri, que continúa la estrategia de CFK de alineamiento chino, estuvo a punto de comprometer la construcción de dos centrales nucleares las que, más allá de cuestiones geopolíticas, los especialistas en energía reputan como la de mayor costo entre las distintas fuentes posibles. Continuó la prioridad Vaca Muerta de CFK y al igual que ella, generó un subsidio insostenible para las empresas que habría de crecer con la producción. Un verdadero delirio de rentas extraordinarias que o abultan el déficit fiscal o impiden la competitividad industrial presente y futura. Un clásico de la falta de visión más allá del preocupante nivel profesional o la preocupante lectura de los hechos a la Ricoer: ética y plan.

No hablamos de macroeconomía sino de ejemplos de decisiones estructurales imposibles en el marco de un programa pensado. Dejamos de lado las zonas obscuras de “lo repentino” que, cuando lo que orienta es un programa, son posibles de ser iluminadas y dejan de ser tan obscuras. Eso no ocurre con las decisiones “repentinas” que nacen en la obscuridad. ¿Se entiende?

Hablamos de “programa de orientación” y hemos referido ejemplos que hablan de desorientación e improvisación, en las decisiones que afectan al largo plazo. Referimos un sistema de incentivos,consistente con el programa de procurar inversiones. Hablamos de un sistema de financiamiento de largo plazo a tasas compatibles con la rentabilidad del capital, un sistema de financiamiento de largo plazo para las inversiones productivas.

Nada de eso tenemos y necesitamos crecer ahora, antes que la decadencia nos agote.

Habida cuenta de la escases y el deterioro del stock de capital, es imprescindible una tasa de inversión del 30 por ciento anual.

Sin instrumentos ni incentivos, en estas últimas décadas,tenemos una tasa menor al 20 por ciento de un PBI que en esta década está estancado. Es decir ni siquiera el 20 por ciento de un PBI creciendo, que sería proporcionalmente poco, pero cada día más.

Pero, además esa tasa de inversión esta compuesta de construcción y transporte y sólo algunas monedas de maquinaria y equipo que habilitan lo transable. Las torres de lujo de Puerto Madero llevan la delantera y parecen estar vacías.

Todos los países tienen un “sistema institucional” para crecer. Nosotros no. Como con esas enfermedades silenciosas nuestra perdida de vocación de desarrollo se ha venido imponiendo casi sin darnos cuenta. Salvo que despertamos cuando miramos otras economías y experimentamos la sensación del vagón detenido en la estación, mientras los otros trenes pasan delante nuestro.

Estamos detenidos al servicio del corto plazo. Vivimos obsesionados por el corto plazo, sin ser del todo conscientes que la sucesión de cortos plazos hace un tejido débil, de saludable apariencia, que se rompe con el menor esfuerzo. Por eso vivimos de crisis en crisis, volviendo siempre al mismo lugar, estancados.  

Naturalmente, las condiciones de mercado generan, aun en los últimos 40 años, posibilidades de inversión. Dijimos que hay decisiones de inversión que no requieren más que lo que el mercado per se procura. Pero – para el desarrollo –hay inversiones en producciones que serán competitivas, transformadoras, positivas en el tiempo, pero que requieren, en el presente, incentivos precisos.

La Argentina derogó la legislación de incentivos, para el desarrollo productivo, capaz de generar una transformación inversora. ¿Será la derrota cultural del desarrollo?

La consecuencia es que progresivamente vamos a una primarización y a un proceso implacable de desempleo estructural cuya consecuencia es la pobreza.

La Agencia de Inversiones, el nuevo nombre PRO de un mecanismo que diseñó el menemismo y continúo el kirchnerismo, inventarió los anuncios de inversiones de los tres años PRO. Sólo el 6,8 por ciento sería Industria Manufacturera y el 3,8 por ciento Industria de Alimentos. “Sería” porque se trata de anuncios. Es decir poca inversión para lo mucho que hay que transformar.

Nada hay mas elocuente que un ejemplo con nombre y apellido para apreciar un contraste en lo que el mundo hace y nuestras colosales limitaciones.

Una digresión: somos un país con enormes recursos y con escasas ideas para desarrollarlos. Otra vez ¿será la derrota de la cultura del desarrollo?

Viajemos y miremos un contraste dramático con nuestras limitaciones.

Hugo Sigman, empresario, dijo en “La Política on Line”,que su planta de Insud, ubicada en Azuqueca de Henares (Guadalajara, España), fue posible de ser construida gracias a una subvención del 30 por ciento y un crédito blando equivalente al 20 por ciento.

Situación inimaginable en la Argentina de la decadencia,que explica por qué hace 40 años teníamos el mismo o mayor nivel económico que España y hoy, luego de abandonar las políticas estructurales que la hicieron crecer a España - y con la que nosotros crecimos 30 años al mismo ritmo per cápita que Estados Unidos - hoy nos separa mucho más que el Océano Atlántico.

Ponernos, reinstalarnos, colocarnos, en el mapa del desarrollo es posible con esos tres instrumentos de desarrollo que hemos mencionado, que a causa de su ausencia y del estado de nuestra economía, son una prioridad.

Prioridad que no se puede llevar a cabo sin Consenso y por lo tanto con la superación de la grieta y la desaparición de los elementos que la componen y alimentan.

Fuera de ese mapa del desarrollo no hay espacio para un aluvión de puestos de trabajo formales y remuneraciones dignas. Eso es lo que nos urge. Sin ello no hay progreso social que nos rescate.

Nada es fácil. Con los dos candidatos mayoritarios, que generan tamaña desesperanza, no hay Consenso Mayúsculo posible. Olvídelo.

Seguramente, por eso,la mayor parte de los argentinos pedimos a los Reyes Magos que este 2019 ninguno de los dos candidatos predominantes, Mauricio y Cristina, sean parte de la elección.

La carta de la mayoría nacional a los Magos les pide que nos traigan dos o tres candidatos capaces de devolvernos por lo menos la esperanza constructora del Consenso.

Milagro o maduración. Dos maneras en que lo necesario y difícil se hace posible. Por ahora no vinieron los Reyes Magos. ¿Vendrán?


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