Vicentín-Banco Nación: la magia de los números

OPINIÓN. La facturación de una empresa por más sólida que sea, es al solo efecto de analizar hasta cuanto puede recibir de créditos, pero no habilita a ningún banco a prestar más allá de sus límites patrimoniales y normativos.


El matutino La  Nación- en su edición del 22 de junio -publicó una nota con la firma de su prosecretario de redacción Diego Cabot. En la misma se intenta exculpar a la empresa Vicentin y al ex presidente del Banco Nación, Javier  González Fraga, del gigantesco desfalco que en común perpetraron al erario público. Lo primero que me llamó la atención es cómo un diario que históricamente defendió los intereses de los grandes terratenientes de la Argentina y del mundo, ahora proteja a quienes los estafaron. Según el director del Banco Nación Claudio Lozano, entre los acreedores de Vicentin hay 1895 productores y cooperativas que reclaman por 27.623 millones; ese monto subsume a grandes productores rurales que reclaman 8999 millones de pesos. Es llamativo el abandono editorial de La Nación a su clientela histórica.

La nota en cuestión se titula: “El crédito entre el Banco Nación y Vicentin nunca superó el 7% de la facturación de la empresa”,  y en la bajada hace referencia a la relación histórica de Vicentin con el Banco. Como si el hecho de ser un viejo cliente lo exculpara de cumplir las normativas del Central al igual que  todo el sistema financiero nativo. La antigüedad-si es virtuosa- hace al buen concepto, pero la manifestación de bienes de un banco es como la olla del puchero: no se llena solo con buenas intenciones o historia.

Los argumentos- con gráficos incluidos - están orientados a demostrar que la operatoria comercial Vicentin-Nación  fue súper-normal. Las comparaciones que usa son a todas luces improcedentes, como lo es vincular la facturación de una empresa  con la capacidad prestable del  Banco que la asiste, como si este no tuviera que cumplir- en forma obligatoria-las normas prudenciales que dicta el  Banco Central. Según la nota, en el 2002 el porcentaje del dinero prestado por el Nación a Vicentin era del 5%, y en diciembre del 2019 llegaba al 7%. El Nación multiplicó por 10 su asistencia a Vicentin en ese periodo, pero el periodista lo exculpa porque la facturación de la Compañía aumentó de 567 millones de dólares a 4225 millones de la misma moneda.  ¿ Que tendrá que ver una cosa con la otra? 

Lo que se cuestiona es la  irresponsabilidad-más que sospechosa- de la  política crediticia del Banco Nación conducido por Javier González Fraga, que  concentró el riesgo en un solo cliente. Según Lozano: “después de las primarias y ya iniciado el proceso de incumplimiento de compromisos por parte de la empresa, el Banco Nación continuó “pre-financiando” las exportaciones, pasando los límites fijados por el ente regulador, que es el Banco Central”.  Y para que no queden dudas de los que hablamos: “(…) Los 300 millones de dólares (más de 18000 millones de pesos con un dólar a 60$)  superan la normativa internacional de Basilea II; ese monto alcanza el 20% del patrimonio del Banco Nación. Partes de esos créditos-además- fueron otorgados en forma irregular según lo comprobó la comisión investigadora del caso Vicentin que funciona en la órbita de la Cámara de Diputados de Santa Fe … en junio el Banco calificó en situación 4 a la empresa Vicentin (que significa alto riesgo)…entre el 8 y el 26 de noviembre se le otorgo 28 préstamos por 105,5 millones de dólares, equivalente a un tercio de los 18.000 que otorgó y el último fue el 26 de ese mes por 6 millones de dólares  y 10 días después entro en Default”. Como vemos las comparaciones  son tan improcedentes como absurdas. Y más inadecuadas aún por la calidad de primer contribuyente que tiene Vicentin para las campañas políticas de Cambiemos.

La facturación de una empresa por más sólida que sea, es al solo efecto de analizar hasta cuanto puede recibir de créditos, pero no habilita a ningún banco a prestar más allá de sus límites patrimoniales y normativos. Estas son reglas harto conocidas. Son pautas dictadas por el Banco Central de la República Argentina en consonancia con las  normas de Basilea. Olvidar esto es desconocer cuestiones elementales, ancladas en el más básico sentido común. Este tipo de cotejos carece de la más mínima dosis de razonabilidad económica y financiera porque son realizados al solo efecto de darle cobertura política a un grupo empresarial inescrupuloso. Hay que ser muy- pero muy- creativo para ver una relación financiera normal en este cúmulo de irregularidades delictuales. Cabot intenta situarse por fuera de la grieta mostrando una objetividad que carece, su análisis es desde lo más profundo de ella, solo desde allí se puede defender este tipo de operaciones y ver “normalidad” en esta relación incestuosa entre el Banco Nación  y la cerealera. No hay dos miradas posibles sobre cómo se prestaron estos dineros públicos…proveniente de “nuestros impuestos”, porque “las normas están para cumplirse”, como tantas veces nos han dicho… ¡¡¡o NO!!! …Salud y cosechas.

Diarios Argentinos