Venezuela: postales de un desenlace que viene madurando

Por: Mariano Fraschini

Postal 1: 11 de abril de 2002. Luego de una impresionante movilización opositora (más de un millón de personas en la calle) y con el activo concurso de los medios de comunicación más importantes del país adversos en ese momento al presidente Hugo Chávez, logran forzar su salida anticipada de la presidencia. El rol decisivo de las Fuerzas Armadas en ese contexto, blindaron por menos de 72 horas al “presidente interino” Pedro Carmona (el humor popular lo definiría más tarde como “Pedro, el breve”), para luego maniobrar en reversa hacia el retorno de Chávez el 14 de abril. Sólo tres gobiernos lograron reconocer a Carmona en aquellas horas; EEUU, Colombia y España, aliados de Bush hijo en su aventura en Medio Oriente.

Postal 2: enero 2003. Un lock out patronal capitaneado por la gerencia de PDVSA, la principal empresa petrolera de Venezuela paraliza la economía del país, con un objetivo único: la salida de Chávez de la presidencia. Esta vez EEUU en solitario apoyó durante el mes de enero la insurrección que dejó al país al borde del desabastecimiento total de su principal recurso de poder financiero. Finalmente, las fuerzas leales al presidente Chávez lograron recuperar la empresa e iniciar con ello un proceso de redistribución del ingreso en el marco de las Misiones Bolivarianas, inédito hasta ese momento en el país.

Postal 3: 4 de diciembre de 2005. Luego de la dura derrota electoral en el revocatorio de mandato de agosto de 2004 (resultado que hasta hoy el antichavismo no reconoció) la oposición decidió deslegitimar dicha compulsa electoral no presentándose a las elecciones para la Asamblea Nacional. Se trató de una estrategia que el antichavismo repitió en las elecciones presidenciales de 2018 con igual resultado. Como producto de dicha abstención, la totalidad de los ediles fueron ganados por el chavismo, lo que le permitió al primer mandatario gozar de un quinquenio con poderes excepcionales delegados por el parlamento.

Postal 4: diciembre de 2007. El presidente Chávez decide convocar a un referendo que entre otras cuestiones somete a la ciudadanía a la aprobación de la reelección indefinida. En lo que se trata de su primera derrota política electoral, el primer mandatario venezolano acepta su fracaso y reconoce a las horas la victoria opositora. El antichavismo ahora sí, reconoce la elección. EEUU también.

Postal 5: abril de 2013. Tras la muerte de Hugo Chávez el 5 de marzo, se convoca a elecciones presidenciales en las que el candidato de la continuidad, Nicolás Maduro vence ajustadamente al opositor Henrique Capriles por escaso 1,7% de diferencia. Una vez más la oposición no acepta el resultado y el candidato derrotado llama a salir a la calle a defender “la victoria”. El resultado son 14 muertos, en su mayoría chavistas, destrozos en locales del PSUV, en varios Centros del Diagnóstico Integral y en Telesur. EEUU vuelve a no reconocer el triunfo electoral chavista.

Postal 6: enero y febrero de 2014; luego de la victoria electoral de Maduro en las elecciones municipales de diciembre de 2013 (anunciadas por la oposición como “un plebiscitocontra elpresidente”) la oposición volvió a tomar el camino del atajo:guarimbas violentas con epicentro en Caracas, destrozos de edificios públicos, represión oficial violenta, barrios tomados por la violencia y un saldo de más de 40 muertes entre chavistas, opositores y fuerza pública.Desde EEUU y Unión Europea vuelven a criticar a Maduro y la violencia ejercida desde el Estado. Los sectores más reaccionarios de la opinión pública internacional piden su renuncia y comienzan a llamar “dictadura” a su gobierno. Los países sudamericanos  bregan por una salida acordada sin criticar al presidente.

Postal 7: diciembre de 2015. Tras un año de protestas y movilizaciones opositaras (en algunos casos violentas, pero no como las de 2014), la oposición triunfa en forma contundente en las elecciones legislativas logrando los 2/3 de la Asamblea Nacional (112 diputados). Sin embargo, debido a la polémica elección de los tres diputados del Estado de Amazonas “acusados de comprar los votos”, la justicia venezolana frena el ingreso de los mismos. La AN los hace, igualmente, jurar, entrando en “desacato” frente al Tribunal Supremo de Justicia hasta hoy. Como broche de oro, el presidente Obama por intermedio de un decreto consideró a Venezuela “una amenaza  para la seguridad nacional de EEUU”

Postal 8: año 2016 y primer semestre de 2017: los años más difíciles del país desde que gobierna el chavismo. Desabastecimiento, carencias sociales, bloqueo comercial, inflación imparable, aumento de la pobreza, y por sobre todas las cosas, guarimbas violenta a lo largo y ancho del país pidiendo la renuncia de Maduro. El saldo es centenares de asesinados de todos los colores partidarios. Estas protestas fueron radicales y furiosas durante la primera parte de 2017, cuando la oposición llamó a “Tomar Caracas”. Sin embargo, los resultados no fueron los esperados para el antichavismo y Maduro continuó en el gobierno. El apoyo irrestricto de las Fuerzas Armadas, más las movilizaciones populares de apoyo a su gestión, explican la supervivencia de Maduro en esa coyuntura compleja e incierta.  

Postal 9: 30 de julio de 2017: El desgaste de la dirigencia opositora en los últimos años, que como se resumió en las postales precedentes no logró el propósito prometido a sus bases, llevó a Maduro al contraataque al convocar a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) de la que participaron más de 8 millones de personas. El tamaño de la participación, que excedió al voto fiel chavista e incorporó opositores, se explica a partir del slogan de campaña propuesto por el oficialismo; “Por la paz”. Ante la evidencia empírica, la histeria internacional incapaz de comprender el proceso, habló nuevamente de fraude (¿a quién ahora?) y volvió a calificar a Maduro como dictador por convocar a una ANC,(está entre sus atribuciones presidenciales en el artículo 348 de la CN)  como ya lo había hecho Chávez en 1999.

Postal 10: octubre de 2018. Envalentonado por la movilización electoral del mes de junio, el gobierno comenzó a mirar con ojos más optimistas la elección de gobernadores de ese mes. A pesar de que se especulaba con una victoria opositora, y de una recuperación de estados superior a la mitad, el chavismo se alzó con el triunfo en 19 de los 23 distritos. Una vez más, la oposición no aceptó su derrota, sólo lo hizo en los Estados en donde ganó.

Postal 11: 20 de mayo de 2018. Luego de un conjunto de reuniones entre representantesdel chavismo y de la oposición en Santo Domingo, con la mediación de varios presidentes y figuras de renombre internacional (Rodríguez Zapatero, por mencionar alguno) se acordó, como pedía el antichavismo desde hacía meses,una convocatoria anticipada a elecciones presidenciales. Las mismas, que tradicionalmente se realizan en diciembre, se fijaron para mayo. Sin embargo, a escasas horas de firmar el acuerdo consensuado durante meses, una parte de la oposición se levantó de la mesa de negociación, por la presión de países extranjeros (…) Finalmente las elecciones se realizaron y Nicolás Maduro venció en forma contundente por el 67% de los sufragios, con una participación electoral superior al 46%, la menor de la historia.  Como advertimos y analizamos en la anterior columna de El País Digital (https://elpaisdigital.com.ar/contenido/venezuela-las-cartas-sobre-la-mesa/20809)los argumentos en torno a la ilegalidad de la compulsa electoral esgrimidos por EEUU y el Grupo Lima carecen de sustento legal. La apuesta de la oposición más fuerte en lo electoral de deslegitimar el proceso tuvo un sabor agridulce, porque a pesar de que se trató de una elección con una concurrencia baja en términos comparativos con las anteriores, no dejo de ser una participación similar a la que se da en países que también tienen voto optativo como Chile y Colombia.

Postal 12: 2017 y 2018. Luego de cada una de estas victorias electorales, el gobierno de EEUUcongeló los bienes y activos de funcionarios públicos, ministros, militares, asambleístas, integrantes de la ANC, es decir, de los dirigentes y cuadros más importantes del chavismo. Todo esto ocurrió entre los años 2017 y 2018. Asimismo se acusó de líder del narcotráfico al vicepresidente Tareck El Aissami,y por elevación a Maduro por el episodio de los “narcosobrinos”. A esto se sumó el intento de magnicidio (vía drones) al presidente venezolano en un acto público, A todo esto se suman un conjunto de decisiones económicas desde el bloqueo a Bancos venezolanos, sanciones a quienes comercien con el país y embargos a empresas que se vinculen con Venezuela.

Postal 13: 23 de enero de 2019. Tras el juramente constitucional de Nicolás Maduro el 10 de enero, el 23 el diputado y dirigente de Voluntad PopularJuan Guaido,, un espacio partidario antichavista minoritario en volumen de votos (su líder Leopoldo López hoy cumple prisión domiciliaria tras ser condenado por las muertes en las guarimbas de 2014), se autoproclamó presidente de la nación alegando el artículo 233 de la Constitución Bolivariana, que de su lectura no surge posibilidad de que tal nominación tenga visos de legalidad. A pesar de ello, EEUU y un grupo de países latinoamericanos (y recientemente la UE) reconocieron a Guaido como primer mandatario, lo que a todas luces se encuentra reñido con la Constitución, estableciendo, en los hechos (valga el juego de palabras) un gobierno de facto. Asimismo, la carrera meteórica del político oriundo del Estado Vargas, lo alojó en la presidencia de la AN recién este mes, por lo que es más que evidente la estrategia política llevada adelante por el parlamento venezolano. El elegido no forma parte de las fuerzas tradicionales y más taquilleras en lo electoral (AD y Copei) sino del Partido que, en términos ideológicos, si se pudiera medir de esa forma, se encuentra más a la derecha del espectro político local.

Postal actual (la de hoy): las postales explicativas anteriores sirven para desmoronar cualquier argumento que intente asentarse en que Venezuela vivió desde el ascenso de Hugo Chávez por situaciones de estabilidad política o de nula agresión por parte de EEUU. El país del norte ha sido durante estos veinte años un acérrimo crítico de Venezuela, y ha actuado en consecuencia. Por lo tanto, para comprender esta coyuntura política la novedad no se encuentra en la virulencia, hija de la desesperación norteamericana por desplazar a Maduro, sino en la presencia de aliados latinoamericanos que se allegan a esa estrategia imperial.  A diferencia de la primera década del siglo XXI donde Venezuela (y Bolivia, y Ecuador) gozaron de organizaciones regionales como Mercosur, Unasur y Celac que lograron intervenir exitosa y pacíficamente en conflictos internos, hoy los gobiernos del giro a la izquierda se encuentran a la intemperie en términos regionales frente a la avanzada norteamericana. El papel de seguidismo incondicional y acrítico mostrado por un conjunto de países sudamericanos parece no tomar en cuenta que cualquier escenario de conflicto armado (o de guerra civil) sin duda salpicarán sus países en mayor o menor medida. Líderes como Lula da Silva y Néstor Kirchner, que anteriormente mediaron en conflictos internos y externos en la región, hoy no han sido reemplazados, más por voluntad política que por ausencia de interlocutores.

La otra novedad que trae esta coyuntura venezolana, es el contrapeso geopolítico que ejercen Rusia y China. El primero desde su fortaleza militar y el segundo desde su posición económica. Sin la presencia de estos colosos, con seguridad la perspectiva política de continuidad del gobierno de Maduro sería más frágil. La presencia de Rusia y China en la reciente derrota en lareunión extraordinaria del Consejo de Seguridad de la ONU, evidencia con creces que el mundo unipolar hace rato dejó de ser el escenario en que se mueve la política mundial. A pesar de ello, la Unión Europeaapoyó la estrategia de Trump hacia Venezuela y uno de sus países osó darle “ocho días para que se vuelva a celebrar elecciones en el país”, como si las del año pasado hubiesensido parte de un cuento de Asimov. Imagínense el lector y lectora que luego de las masivas movilizaciones de protesta al gobierno de Macri de los primeros años, los países europeos hubiesen pedido que las elecciones se realicen nuevamente y en un tiempo breve. Lo que resulta increíble es que las elecciones se realizaron el 20 de mayo del año pasado, una parte de la oposición participó y la otra jugó a la abstención no logrando traducir dicha estrategia en poder político, ni tampoco incidencia alguna en el interior de la política venezolana.

Postal futura (lo que se viene…): en todos los análisis sobre Venezuela se pasa por alto el importante apoyo popular que hasta hoy conserva el gobierno a pesar de todas las dificultades. Se tiende a subestimar al pueblo venezolano que a lo largo de estos casi 20 años de Revolución Bolivariana han apoyado electoralmente y se han movilizado para defender a los gobiernos chavistas, con una cúpula de burócratas y militares enquistados en el poder. Ese error es el que después se convierte en asombro (y desesperanza) para aquellos que desean fervientemente el retorno del neoliberalismo en el país. Si no se comprende esa variable, todos los análisis sobre Venezuela carecen de asidero, porque pasan por encima uno de los puntos nodales que explican esta coyuntura. ¿Ante tamaña crisis económica, política y social por qué sigue habiendo un porcentaje importante de chavistas convencidos y movilizados? No es intención de este artículo responder esta pregunta, pero si invitar a responderla. En ese contexto ¿cuál es entonces la estrategia de EEUU y demás países que se inmiscuyen en los asuntos internos de otro país con esa porción del electorado hoy mayoritario e intenso del país? ¿Cuánto vale la autodeterminación de los pueblos en esta coyuntura? ¿De triunfar el intervencionismo de EEUU cuál será el rol de las elecciones en la región?

A la fecha Nicolás Maduro continúa en la presidencia del país por el voto popular. La avanzada internacional capitaneada por EEUU hoy resulta decisiva para sostener las pretensiones opositoras venezolanas, carentes del potencial de movilización y de la fuerza de antaño. El llamado a una intervención lisa y llana de las potencias extranjeras (en la modalidad de “ayuda humanitaria”) ha sido practicada en otros países en el pasado, pero requiere de variables sobre todo de control institucional) que hoy no parecen estar presentes en esta coyuntura venezolana. La demanda de nuevas elecciones (de mínima) hasta la ruptura de las geografías (y fronteras) del país(de máxima), parece ser el menú que el antichavismo tiene sobre la mesa. Para el gobierno el mantenimiento de la paz resultará vital para su estabilidad. En ese sentido, la balcanización del país será una estrategia a evitar, y la unidad de las Fuerzas Armadas fungirá como armadura para evitar un desenlace violento, con consecuencias inimaginables. Ya ha habido otros momentos en que la tensión en el país se cortaba con el hilo delgado, pero los propios actores políticos venezolanos  han sabido neutralizarlo. La desesperación norteamericana también jugará parte en esta resolución. La necesidad de controlar su “patio trasero”, junto a su política de neutralizar la “injerencia” china (y rusa) en el continente resulta trascendental. Desde allí que una solución negociada se encuentre en el exterior de las fronteras venezolanas, y tanto EEUU como China tienen la llave para que el desenlace se encuentre dentro de los marcos de la paz.

Son días difíciles para Venezuela y para la región. Cualquier resultado que contenga alguna dosis de violencia será destructivo para un continente que se ha mantenido durante décadas por afuera de los escenarios de guerra.


Rouvier