Las puertas de las universidades. A 69 años del decreto de gratuidad

Por: Mauro Benente

El 22 de noviembre de 1949 el Presidente Juan Domingo Perón dictó el Decreto 29.337, que estableció la enseñanza universitaria gratuita en la República Argentina. De acuerdo con los fundamentos del decreto, la decisión se correspondía con la función social del Estado de amparar la enseñanza universitaria, establecida en la reciente reforma constitucional. Según el Decreto, para cumplir sus funciones, las universidades debían estar abiertas a todas y todos los que “anhelen instruirse para el bien del país”. Aunque con otro lenguaje, aquí se puede vislumbrar una concepción de la educación superior como derecho, y no como privilegio. Un derecho con una faceta individual, y otra colectiva, social.

El desarancelamiento de los estudios universitarios constituyó uno de los hitos más importantes en la democratización de la educación argentina. O, parafraseando a Ernesto “Che” Guevara, la mayor apertura de las puertas de las universidades que tuvo el pueblo.

En un discurso pronunciado el 29 de diciembre de 1959 en la Universidad Central de Las Villas, el “Che” exigía que la universidad se pintara de pueblo, de un pueblo que “está hoy a las puertas de la Universidad, y la Universidad debe ser flexible, pintarse de negro, de mulato, de obrero, de campesino, o quedarse sin puertas”. La apertura de puertas de la universidad no forma parte solamente del repertorio discursivo del “Che” sino que el proceso de democratización de las universidades argentinas puede ser leído como una historia de apertura de puertas.

Un primer mojón en el camino de la democratización hay que situarlo en la Reforma Universitaria de 1918, que levantó con firmeza las banderas de autonomía y co-gobierno, moviendo por primera vez las puertas de la Universidad. Deodoro Roca, a quien se le adjudica la redacción del Manifiesto Liminar, leía los hechos de la Reforma bajo la metáfora de la apertura de puertas: “un día los jóvenes, inquietos de hondas y lejanas inquietudes, sintieron un asco invencible. Abrieron las puertas y tomaron lo suyo, ¡sin pedírselo a nadie!”. En el marco de la efervescencia reformista se conformó la Federación Universitaria Argentina, que en el mes de julio de 1918 realizó su primer congreso. Allí se debatió el desarancelamiento de los estudios superiores, pero el reclamo de plena gratuidad no fue aprobado como una demanda central de los estudiantes.

Fue durante el primer gobierno de Perón que se produjo el segundo mojón en el camino de la democratización, que se abrieron más las puertas:se suprimieron los aranceles de los estudios superiores. La gratuidad de las universidades estaba enunciada en el primer Plan Quinquenal, pero no quedó plasmada en la Ley 13.031 de 1947, que habilitaba el cobro de aranceles, y solamente incluyó un sistema de becas, pero dos años después se sancionó el mencionado Decreto 29.337. Días después, el 10 de diciembre, Perón remarcaba que la supresión de aranceles “abre las puertas de la universidad a los méritos, a la vocación y no a las posibilidades económicas”,y en una entrevista de 1970, volvió a leer el desarancelamiento como la apertura de puertas de una institución “donde antes estaba solamente admitido el oligarca”.

La apertura de puertas de las universidades es fundamental para garantizar el derecho humano a la educación superior. O, dicho de otro modo, el derecho humano a la educación superior exige una universidad con puertas abiertas, democratizada, sin aranceles. De todas maneras, el derecho a la educación superior no se agota en la apertura de puertas, sino que requiere de otras medidas para que se vuelva efectivo. Si bien el decreto de desarancelamiento se firmó un 22 de noviembre, Perón lo anunció un 20 de junio, en un discurso de conmemoración de la muerte de Manuel Belgrano. 

Otro 20 de junio, pero de 2013, Cristina Fernández de Kirchner subrayaba las razones por las cuales las puertas abiertas de las universidades no alcanzaban para que el derecho a la educación superior se materializara: con políticas de endeudamiento y hambre como las desarrolladas en los años 90, “nadie podía ingresar a la universidad porque no tenían ni para pagar el colectivo siquiera y entonces la universidad gratuita se transformaba solamente en un mito”. La universidad gratuita también era un mito para quienes se encontraban muy lejos de las universidades, por ello otro hito en el proceso de democratización fue la creación de veintitrés universidades e institutos universitarios durante los tres períodos de gobierno del Frente Para la Victoria, acercando así las puertas de las universidades.

La imagen de puertas abiertas que no garantizan el ingreso fue agudamente retratada por Franz Kafka en Ante la ley. El breve relato narra la historia del campesino que se sitúa frente a la puerta de la ley, la puerta está completamente abierta, pero la conversación con el guardián se transforma como un obstáculo para ingresar; incluso cuando la puerta está abierta. La metáfora kafkiana, al igual que el retrato del discurso de Cristina Kirchner, muestran que la apertura de puertas no garantiza, por sí misma, el ingreso.

Una política de puertas abiertas de las universidades se opone una matriz de puertas individuales que, con un discurso pretendidamente igualitarista, aduce que quien ingresa, o incluso quien egresa, debe costear los estudios superiores. Una política igualitaria de puertas abiertas exige un sistema tributario en el cual los y las que más tienen resignen parte de sus privilegios para garantizar los derechos de todas y todos. Una política igualitaria de puertas abiertas, debe asegurar el desarancelamiento, pero también las condiciones políticas y económicas para que todos y todas puedan traspasar esas puertas abiertas.    


*Escrito junto a Federico Thea, rector de la UNPAZ, Universidad Nacional de José Clemente Paz.

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