Unidos y organizados

La oposición política, sus principales voceros periodísticos y otros líderes de opinión confluyen en los medios y las redes para cohesionar un discurso cada vez más homogéneo y radicalizado contra el Gobierno.

El anuncio de intervención de Vicentin y el envío de un proyecto para su expropiación al Congreso, que realizó el Presidente Alberto Fernández  junto al ministro de Desarrollo Productivo Matías Kulfas el 8 de junio, terminó por sacar del closet la guerra mediática contra el Gobierno. Desde entonces representantes de la oposición política, voceros mediáticos autopercibidos periodistas, junto a otros líderes de opinión y parte de la ciudadanía genuinamente disgustada encontraron ejes ordenadores para su rabia.

Hasta fines de junio, la discusión sobre Vicentin en redes sociales había generado más 5 millones de interacciones –likes, comentarios, retweets- en las principales redes sociales, YouTube, Facebook, y en menor medida Twitter e Instagram. Entre los autores de las publicaciones más populares se cuentan La Nación, TN, Patricia Bullrich, Clarín, Cristina Pérez, Eduardo Feinmann, Infobae y Telefé Noticias. Desde el oficialismo la voz principal y casi solitaria fue la del presidente Alberto Fernández que junto a medios como Página 12 y El Destape disputaron sentido en clara desventaja numérica y con mucho menor alcance.

Las voces coordinadas de los principales medios elevaron el rechazo a la intervención del Estado en la empresa. También se sumaron otros usuarios y trolls que tendieron puentes entre el gastado “corrupción K” con “expropiación K”. El rescate de Vicentin por parte del Estado pasó a ser una nueva forma de robo kirchnerista, por otros medios. Antes robaron dinero público y ahora confiscan la propiedad privada. El “van por todo” cobraba entonces más sentido que nunca: el kirchenismo se apropia siempre de lo que no es suyo, sea del Estado o de actores privados.

Al repudio en redes le siguió la instalación de un “banderazo” que tuvo lugar el 20 de junio y que contó con amplia cobertura mediática. Solo entre el 20 y el 22 de junio se presentaron en los medios un total de 1234 noticias asociadas a Vicentin, 482 (casi el 40%) de las cuales hicieron referencia a la manifestación. Las señales de noticias que transmitieron la protesta en vivo, sumaron casi 5 horas ininterrumpidas de emisión. El evento fue además tapa en Clarín (en dos oportunidades), La Nación, La Prensa y Perfil.

“Sentí mucho orgullo de que tantos argentinos en todo el país dijeran libertad, república, Constitución, propiedad privada. Es como si recitaran nuestra Constitución”, declaró entonces la presidenta del PRO, Patricia Bullrich. La dirigencia opositora utilizaba de esta forma una protesta ciudadana convocada y magnificada por ellos mismos y sus voceros mediáticos, para reorganizar el discurso opositor que capturó para sí la defensa de la república.

El Proyecto de Reforma Judicial presentado por el Presidente en Casa Rosada a fin de julio, fue el segundo hito que permitió al aparato opositor institucional y mediático cohesionar internamente su discurso y capacidad de movilización ciudadana. La primera quincena de agosto la iniciativa de reforma ocupó parte significativa de la agenda mediática: en ese periodo se emitieron 1573 noticias sobre el tema, considerando prensa gráfica, televisión, radio y portales web.  Una lectura de los principales encuadres de la noticia deja ver lineamientos bien definidos: 1) es un proyecto sin sentido de la oportunidad en un momento de crisis sanitaria y económica 2) la reforma “judicial k” beneficia a Cristina quien es su verdadera promotora 3) es una iniciativa autoritaria que busca impunidad.



La dificultad de defender el statu quo en el sistema judicial, una de las instituciones peor valoradas por los argentinos, hizo necesaria una operación editorial en la que el proyecto quedó vinculado más ampliamente a la opresión de un gobierno autoritario que mantiene a la ciudadanía rehén de una “cuarentena sin fin”. El clima de desánimo generalizado que se intenta instalar encuentra eco en algunas figuras públicas que muestran su agobio frente a un país donde ya no es tolerable vivir. Así la marcha opositora del 17 de agosto logra exhibir masividad, pero no exclusivamente en defensa de la justicia, sino a partir de una fragmentación de demandas de lo más variopintas que encuentran en la reforma judicial un elemento aglutinador. Para este entonces la oposición institucional y mediática ha logrado un salto fundamental en la reorganización de su discurso, que convoca fuertemente a su núcleo duro más movilizado.



Sin embargo, mientras la agenda mediática y opositora se movía desde los medios y las calles en el eje reforma judicial-autoritarismo-opresión-impunidad, las preocupaciones de buena parte de la ciudadanía parecieran ir en otra dirección. Un análisis de 7969 comentarios en Facebook realizados luego del anuncio de extensión de la cuarentena el 14 de agosto, muestra que el 21% referían a temas vinculados a la salud, seguido de mensajes con preocupaciones sobre la economía, el trabajo y la inseguridad. La reforma judicial que en ese mismo momento acaparaba todas las pantallas, portales y portadas, apenas obtuvo el 0,31% de las menciones. Estos datos permiten pensar en un desacople entre agendas y la dificultad de la maquinaria opositora de trasvasar sus prioridades de forma lineal a los temas que ocupan a la población menos politizada.
Otros episodios más recientes como las nuevas restricciones para la compra de dólares permiten ver un comportamiento coordinado similar al descripto desde el arco opositor. Desde el oficialismo, a la voz antes solitaria de Alberto Fernández, se suman últimamente con más frecuencia las de figuras de primera línea como el Jefe de Gabinete Santiago Cafiero, Vilma Ibarra o Cecilia Todesca. El gobierno cuenta además con una batería de medios afines como C5N, Página 12, El Destape y otros, que aun obteniendo buenos números de audiencia están lejos del alcance que obtienen los medios de mayor porte combinados, especialmente en territorio digital.

De forma cada vez más agresiva medios y personalidades influyentes del oficialismo y oposición disputan la agenda pública especialmente en territorio digital. Algunos de los datos que mostramos nos dejan pensar que la batalla por ahora cala más hondo entre los núcleos duros ya convencidos, mientras que las periferias blandas del electorado activan la conversación desde una agenda que en muchas ocasiones no se parece en nada a la mediática ni a la política, que parecieran vivir en sus propias cámaras de eco. Hay allí una franja amplia de la población que grita menos pero también habla y se forma opiniones. Será posiblemente el coto de caza donde capturar adhesiones cuando el griterío desde los bordes ya no sea tolerable ni para ellos. 


Sobre el autor:  Becario Conicet en UNQ-Miembro Obitel Argentina-Doctorando en FSOC / UBA

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