Una serie de eventos desafortunados: entre cepos y paralelos

Mayores restricciones de acceso al dólar y bajas tasas de interés, no logran solucionar el goteo constante del nivel de las reservas internacionales. Estas condiciones implican que Argentina no logre resolver su crisis de restricción externa, aún con superávit de cuenta corriente. Las paradojas de la política monetaria en la periferia y la necesidad de generar un consenso heterodoxo para subir la tasa de interés.

Por Eugenio Heinze, Fernando Córdoba, Hernán Cahais y Lucas Benitez


Desde comienzos de septiembre, el Banco Central de la República Argentina estableció una nueva regulación sobre las ya existentes restricciones de acceso al dólar, en busca de tratar de menguar la persistente caída de la variable más importante de la macroeconomía nacional: las Reservas Internacionales.

Vale la pena recordar que el control sobre el mercado cambiario es una herencia de la anterior administración del MECON a cargo del Ministro Hernán Lacunza. En ese momento, la apremiante fuga de capitales - alrededor de US $78.812 millones de dólares en todo el período- y el insostenible nivel de endeudamiento, llevaron al gobierno de la alianza Cambiemos a iniciar un proceso de restricción de acceso a la divisa norteamericana, en primera instancia, con un límite de US $10.000, para luego reducirlo a US $200 mensuales. Luego, la administración de Alberto Fernández y su equipo, promovieron desincentivar la compra de dólares mediante la aplicación de un impuesto, denominado PAÍS, el cual se trata de un recargo del 30% por sobre el valor del tipo de cambio. Lo recaudado posee asignación específica que se distribuye en un 70% para gastos de ANSeS y PAMI, y el 30% restante para financiar obras de vivienda social, fomento al turismo y obras de infraestructura económica, entre otras.

En este sentido, intensificando los desincentivos, la semana pasada el BCRA continuó su política restrictiva en un contexto de presiones cambiarias, aumentando la volatilidad y la desconfianza sobre nuestra economía, dando lugar a diversos tipos de rumores. ¿Se viene un corralito?, fue una pregunta que ofició de copy & paste en varios grupos de WhatsApp o Facebook.

Al momento querido/a amigo/a, el sistema bancario está sólido. A pesar de los denostados esfuerzos por parte de los hacedores de política monetaria y cambiaria por darle un upgrade a la histeria de nuestra sociedad, los bancos están líquidos. Concretamente, los depósitos privados en dólares ascienden a US$17.250 millones y los préstamos apenas superan los US $6.000 millones. La diferencia, US $11.250 millones es la liquidez del sistema, que está en niveles inusualmente elevados. Además, los bancos comerciales tienen US $12.050 millones como encajes en el BCRA, lo cual indica que el dinero está. Pero no olvidemos que somos Argentina y nos sobran cicatrices.

Que existen problemas es innegable, las presiones cambiarias son continuas y la cuenta corriente del BCRA está complicada: las reservas netas se achican cada vez más - a pesar de que en los primeros ocho meses del año la balanza comercial arrojó un superávit de US $10.984 millones (un 41% más que el mismo período del año anterior) - y la demanda de dólares no da tregua, llegando a multiplicarse hasta por ocho en el período enero- julio del corriente año.

De esta manera, en lo que va del año, a pesar de las últimas restricciones anunciadas y de los controles de cambios ya existentes, las reservas internacionales descendieron un 5,5% (aproximadamente US $3.000 millones) y la brecha entre el CCL y el dólar mayorista pasó de 25% a rozar el 100% durante la semana corriente. Esto demuestra la plena veracidad del análisis del Ing. Marcelo Diamand, quien afirmaba ante estos problemas lo siguiente: “la conexión entre el rendimiento interno y el rendimiento externo, el control de cambios no la elimina, sino que la transfiere al mercado paralelo.”

A nuestro modo de ver, el argumento de la cita mencionada anteriormente es muy poco tenido en cuenta en estos tiempos de gran inestabilidad macroeconómica, incluso por economistas del campo heterodoxo. Por este motivo, nos resulta importante afirmar que la política monetaria y cambiaria ejecutada en la actualidad es, al menos, inadecuada y nos interesa poner en discusión el rol de la tasa de interés en países periféricos como el nuestro. Es así que consideramos sumamente cuestionable el argumento que sostiene que un aumento de la tasa de interés genera un impacto negativo sobre la dinámica de la actividad económica. En este sentido, entendemos que en Argentina opera una paradoja. Hacer política monetaria expansiva en nuestro país es subir la tasa de interés ya que permite relajar las presiones sobre el tipo de cambio. Además, esto último permitiría iniciar un proceso virtuoso de inversión - ahorro - inversión (inversa de ley de say) financiando el ciclo con dinero endógeno y mejorando la distribución del ingreso mediante apreciación del tipo de cambio. Por el contrario, bajar la tasa de interés es hacer política monetaria contractiva, ya que es condenarse a la fuga de capitales, depreciaciones de la moneda local, alta inflación, pérdida del poder adquisitivo, mayor concentración del ingreso y crisis recesiva.

En línea con lo anterior, es condición necesaria, pero no suficiente, implementar incentivos que promuevan el ahorro en moneda local para evitar presiones sobre el tipo de cambio y comenzar a construir nuestra soberanía monetaria. Al respecto, la actual tasa de devaluación es más alta que muchas de las tasas de interés del mercado. En consecuencia, la cantidad de compradores de dólares mensual se elevó de 1,5 millones de personas en julio 2019 a 4 millones en agosto 2020, aún con restricciones mucho más fuertes. El gap cambiario incide en esta dinámica por tres carriles: genera la percepción de que el dólar oficial está barato; permite obtener rendimientos altos en el arbitraje entre el mercado oficial y el paralelo; y las deudas de los privados en divisas no se rollean, ya que pueden cancelar vencimientos financiándose en pesos a tasas bajas, dada la política de tasas del BCRA.

En este sentido, y en línea con lo expuesto por Observatorio de Economía y Políticas Públicas (OCEPP) en su último informe de coyuntura, creemos necesario generar un consenso heterodoxo para fomentar una Tasa de Interés Real en Pesos Positiva y Estable, sin adentrarnos en el debate sobre cuál debería ser su magnitud. En su informe de septiembre OCEPP remarca que, para lograr esto es preciso trocar hacia “un esquema de política monetaria donde el BCRA interviene en el mercado secundario de bonos en pesos asegurando la estabilidad de tasas. (…) Una práctica que se consolida en países emergentes.” En este esquema, de ser necesario, la autoridad monetaria que preside Miguel Pesce puede participar en las licitaciones primarias del Tesoro como se aplicó recientemente incluso en países centrales.

Por el lado del nivel de las tasas comerciales, también compartimos el análisis de OCEPP en que si bien es comprensible y deseable que el BCRA impulse una política de créditos baratos a los sectores afectados por la pandemia, la política general de tasas bajas le permite a empresas no afectadas acceder a créditos baratos para dolarizar sus activos o desdolarizar sus pasivos, mientras en el mercado de dinero doméstico no hay una opción de corto plazo con una tasa lo suficientemente rentable para los ahorristas locales. Acompañar esto con una asignación sectorial de la política de crédito podría evitar los efectos negativos sobre las ramas afectadas por el COVID-19.

Para finalizar, de acuerdo con Eduardo Crespo, Marcelo Muñiz y Gonzalo Fernández en una nota publicada en este medio en junio del corriente año, sobre la problemática de las estrategias para el desarrollo económico de países como Argentina, es innegable que “aunque la sustitución de importaciones a la vieja usanza ya no sea viable, la experiencia china confirma que no es a través de inserciones pasivas ni a consecuencia de combinaciones milagrosas de precios relativos como las economías se desarrollan “ sin embargo, a nuestro juicio, consideramos que es imposible sustituir una arandela sin generar, en primera instancia, un consenso heterodoxo sobre el rol de la tasa de interés con el fin de lograr una macro estabilizada bajo un modelo económico intrínsecamente viable.


Sobre los autores

Estudiantes avanzados de la Licenciatura en Economía Política de la Universidad Nacional de General Sarmiento y miembros fundadores de El Multiplicador https://elmultiplicador.wixsite.com/website

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