Una columna para la moda: ESI para la desnaturalización del binarismo

El cuerpo es la primera imagen que damos a los demás y se modifica a partir de los vínculos que establecemos. ¿Qué lugar ocupan les ñines en la moda? ¿La industria les toma como personas diversas, con derechos, capaces de decidir, desear y decir? En una cultura/sociedad que ejerce un constante control y disciplinamiento sobre nuestras corporalidades, ¿Cómo ejercen las normas y apariencias su poder sobre las relaciones entre las personas?

En su libro Política de las Apariencias (2014), la socióloga Susana Saulquin nos anticipaba una transición de paradigma: la moda reguladora de las apariencias iría perdiendo su poder, para dar lugar a nuevas opciones en la construcción de la imagen. Así, habría una mayor tolerancia y libertad en las formas de vestir y mayor independencia del sistema. Fuimos y somos testigos de este cambio directamente proporcional a las rupturas de una sociedad, en la cual prevalecen las identidades múltiples y alternativas, frente a las identidades fijas y estancadas.

Hoy habitamos las prendas con otros propósitos, pues (re)significamos las formas de percibir, pensar e interactuar con el cuerpo humano. Nos vestimos como acto de manifestación, político; como parte de la construcción de nuestra identidad. Por un lado está el cuerpo y por el otro las subjetividades, en ellas yace el infinito espectro de posibilidades que significa habitarlo y gozar de él. Entenderlo es una práctica consciente y comunitaria en la que aún tenemos problemáticas que abordar.



Durante los últimos 15 años, como sociedad obtuvimos (y en buena hora) una serie de leyes que garantizan derechos y libertades, sobre todo para aquellas personas y comunidades que por siglos estuvieron (y aún están) vulnerabilizadas, invisibilizadas y oprimidas por el sistema capitalista y heteropatriarcal: Ley de Educación Sexual Integral, ESI (2006 – 26.150); Ley de Matrimonio Igualitario (2010 – 26.618); Ley de Identidad de Género (2012 – 26.743); Ley Micaela (2019 – 27.499); Ley de Talles (2019 – 27.521), Decreto Cupo Laboral para las Personas Travestis, Transexuales y Transgénero (2020 – 720); Ley de Interrupción Legal/Voluntaria del Embarazo (2020 – Será Ley). Estas leyes no son legislaciones aisladas, sino más bien una concatenación sistémica que abre perspectiva transversal en muchos espacios, instituciones y disciplinas. De esta manera, Argentina a la vez que amplía derechos para sectores históricamente postergados, tiene legislación que castiga la discriminación por cualquier motivo (Ley Nº 23592 de Actos Discriminatorios).

Gracias a la lucha e iniciativa que desde el 2010 impulsa el activismo gorde, en Diciembre de 2019, se sancionó en nuestro país la Ley Nacional de Talles, una legislación que impulsa un Sistema Único Normalizado de Identificación de Talles de Indumentaria (SUNITI), y al mismo tiempo promueve que los establecimientos comerciales de venta de indumentaria, garanticen condiciones de atención y trato digno, y equitativo a les consumidores.

Si bien esta ley aún no posee la reglamentación, su ausencia no puede ir en detrimento de las personas cuyos derechos la ley reconoce. Y no es menor recalcarlo, ya que, si bien vestirse es un derecho, en Argentina las cifras reflejan que 7 de cada 10 personas de entre 12 y 88 años, tiene problemas para obtener prendas acordes a su cuerpo[1], un cuerpo que no responde a los estereotipos que embandera la moda, un cuerpo fuera de la norma hegemónica, un cuerpo disidente, discriminado, invisibilizado y excluido.

Las estadísticas también revelan sentimientos recurrentes como tristeza, bronca y depresión en quienes no consiguen prendas de vestir. No encajar, no entrar, produce daño, deriva en cuestionamientos sobre el propio cuerpo. Impacta fuertemente en la autopercepción y en la autoestima.

Quizas a corto plazo el SUNITI, garantice el talle a muchas mas personas, pero ¿Qué sucede con la discriminación que padecen las corporalidades disidentes? ¿Dónde queda archivado el derecho de les niñes y adolescentes menores de 12 años, que no contempla la ley?

La presión social en torno a las corporalidades y el sistema de moda que reproduce estereotipos, hacen daño y sólo alimentan el mercado de los cuerpos y de la exclusión. Entonces: ¿alcanza con una Ley de talles? No. La problemática excede a la moda y se origina en el momento mismo del nacimiento, en el cual nuestro cuerpo pasa a ser controlado, normado y disciplinado sin nuestro consentimiento.

Las infancias y las adolescencias se desarrollan en una cultura, en la que aún siguen vigentes los mandatos sociales sexistas y binarios: la “ropa de nena” es rosa, con brillos, corazones y princesas; así como algunos deportes y juguetes son solo para varones. Estas diferencias en las expectativas de lo que se espera de nuestros cuerpos, de un varón o de una mujer se van transmitiendo a lo largo de los años, se naturalizan, preparando a unes y otres para ocupar lugares distintos, que no son valorados socialmente del mismo modo. Es decir, que pasamos de ser diferentes a ser desiguales, y la desigualdad no es natural sino una construcción social.

La docente y escritora Val Flores, sostiene que se habla del daño y sus formas, de la violencia y sus modos, y del crimen. Sin embargo, de lo que casi no se habla, es de cómo la heterosexualidad (ese régimen político de regulación corporal) moldea nuestras vidas, nuestros cuerpos, nuestros afectos y nuestras prácticas al promover y legitimar los modos normativos de la experiencia del género:

La ignorancia como política de conocimiento es la forma que adquiere la heterosexualización del saber, que promueve el des-conocimiento acerca de las sexualidades no normativas. Cuando se callan, se omiten, se silencian y se castigan las identidades sexuales y de género no heteronormativas en el aula, en la escuela, en la universidad, en el sindicato, en las instituciones en general, estamos practicando una política del desconocimiento que provoca daños al constreñir las posibilidades de vivencia y habitabilidad de los cuerpos.[2]

La heteronormatividad sienta sus bases en los binarismos: mujeres/hombres; local/extranjero; hetero/homo; blanco/racializado; capaz/diverso funcionalmente; en mayor/menor de edad; juventud/vejez; saber/ignorancia entre otros. Que el valor de las personas esté dado por definiciones normativas e imperativos morales que legislan el cuerpo y sus vivencias con relación al género, es destructivo para quienes no encajan en ese camino allanado previamente por el sistema al que nos obligan a ser parte. De no serlo, esa "rebeldía" tiene un costo muy caro, la exclusión: les excluides aprenden otras formas de existir, gestar las luchas, encarnar los activismos y las nuevas pedagogías.

La Ley de Educación Sexual Integral (ESI) cuenta con una serie de Lineamientos Curriculares gestados en el año 2008, que establecen que se debe trabajar en cada uno de los niveles que presenta el sistema educativo, y en cada uno de los espacios transversales a este. Por este motivo es urgente implementar la educación sexual integral en todas las instituciones educativas y transmitirles a les niñes desde temprana edad, el mensaje de que todos los cuerpos son válidos y merecedores de respeto.



La ESI brinda herramientas para (re)inventar nuevos enfoques, miradas y espacios, para dar lugar a prácticas escolares enmarcadas en culturas sexuales públicas y democráticas. Y si bien presenta desactualizados algunos elementos de sus lineamientos curriculares (ya que cuando se gestaron no existía la ley de matrimonio igualitario, ni la de identidad de género), estos representan una base que se puede actualizar desde una mirada crítica, no binaria, con el fin de de ampliar la perspectiva, por ejemplo: en discapacidad, intersexualidad, transexualidad y en interculturalidad, etc.

“La ESI también es ESI, si promueve actitudes reflexivas, si plantea una perspectiva crítica, si genera espacios de diálogo y actividades horizontales, si promueve que les adolescentes y las niñeces puedan contar con sus palabras lo que les pasa. Como adultes posicionarnos fuera del adultocentrismo, instalar la escucha y el diálogo… Poder pensar en cómo armamos organizaciones intersectoriales, alianzas con centros de estudiantes, y generamos estrategias para su implementación.” [3]

Más allá del conocimiento que se les pueda transferir a les niñes, el propósito fundamental del sistema educativo es formar personas. Gestar espacios para problematizar reflexiones. ¿Acaso no es la escuela, una réplica a pequeña escala del mundo real? Este pequeño mundo intramuros en donde nacen tantas vivencias de nuestra infancia o adolescencia ¿Nos prepara realmente para lo que hay fuera de él? ¿Deja ser lo que hay muy adentro nuestro?

Cuando les adultes consideramos a les niñes como inocentes y bajo esa subjetividad acallamos sus voces y deseos, estamos ejerciendo otro tipo de poder otorgado por el sistema desigual: el adultocentrismo. No les consideramos en materia de sexualidades, autónomía, y deseo. Nos cuesta entender que las infancias y juventudes tienen la capacidad de hablar de su vida y sus experiencias, y que no siempre necesitan que las valide una persona adulta.



La familia juega un rol muy importante en la implementación de la ESI, ya que coopera y acompaña cumpliendo dos funciones cruciales: la protección psicosocial de los miembros que la componen y la transmisión, y acomodación de la cultura. Pero, ¿qué pasa cuando el núcleo familiar, los espacios académicos o los círculos sociales a los que les niñes o adolescentes pertenecen, le son funcionales a un sistema que impone normas nocivas para el desarrollo y el bienestar de elles?

En la reforma constitucional Argentina del año 1994, se establece que les niñes y adolescentes son entendides como sujetes de derecho y no como objetos de ley. En parte esto significa, que si bien la familia como institución debería proveer educación, cuidado y nutrir a quienes la componen; eso no las hace propietarias de esos niñes. En nuestro país, cada día 7 niñes son forzadas a parir y hay 105 internaciones por abortos inseguros[4]. Legalizar el aborto seguro y gratuito es sin dudas una cuestión de salud pública y derechos humanos. La libertad de decidir sobre el propio cuerpo se inscribe en el derecho de les niñes y adolescentes a desarrollar su vida y decidir cuántos hijos tener, con quién tenerlos, o no tenerlos y en qué momento.

Las identidades surgen en contextos dinámicos concretos, en donde desde las experiencias se relacionan entre sí. Apelar a la interseccionalidad sirve para entenderlas desde sus vínculos. Visibilizar estos entretejidos ha contribuido a exponer la existencia de dinámicas de poder, tanto privilegios como discriminaciones, incluso dentro de los grupos excluidos.

Las leyes que citamos a lo largo de este articulo, en su conjunto conforman los cimientos para un cambio de paradigma verdadero, en dónde el sexo no dictamine el género, los gustos ni límites, y dónde se deje ser y crecer respetuosa y libremente a las infancias. ¿No es acaso una deuda que tenemos con elles? ¿No les debemos a las identidades trans la posibilidad de desarrollarse plenamente? ¿Las personas intersex, no se merecen la promesa de que sus cuerpos no serán intervenidos quirúrgicamente?

Somos optimistas. Seamos activistas de las micropolíticas que nos permitan desaprender las formas de adoctrinamiento de los cuerpos y las identidades; las formas heterosexualizadas del pensar, mirar, sentir e interrogar.


A les detractores:

Por Rodri Benavidez

Imagínate que podés ser un niño otra vez y quitarte la carga que se te atribuyó por haber nacido "varón". Imagínate creciendo sin que te digan que podés y que no podés hacer. Pensá qué juegos y qué lugares disfrutarías, con que colores te vestirías.

¿Por qué será que incomoda hablar de esas libertades?¿Por qué será que pensar un mundo sin reglas estrictas, molesta tanto?

¿Será porque en esta proyección de un mundo más equitativo, los hombres somos los que vamos a perder el lugar de privilegio al que este sistema nos tiene acostumbrados?¿será que sentimos que no hay lugar para nosotros en este  nuevo escenario? ¿Tanto nos cuesta ver, que estas conquistas no nos están quitando nada? Más bien, nos están prestando cajas de colores con los cuales pintar, incluso, por fuera de las líneas? ¿A eso le tenés miedo?

Teniendo todo a un click de distancia, yo me pregunto: las personas (los varones), pudiendo acceder tan rápidamente a la información ¿A qué le temen? Les odiantes de la perspectiva de género, ¿Qué piensan que es?, ¿Se lo preguntaron realmente? Entiendan que vivimos en un sistema binario, hetero patriarcal, que privilegia a unos por sobre otros por reglas inventadas que solo protegen y potencian a los nacidos con la suerte de encajar en dichos parámetros.

La mayoría de estos detractores están de acuerdo en que la teoría de género es peligrosa para les niñes, que los pervierte y los degenera, los contagia y des-forma. Ignoran que los mecanismos puestos a funcionar por este sistema, refuerzan paradigmas que solo lastiman y excluyen. Tienen la incapacidad de ver que la defensa por los derechos de los niños que ejercen, no es más que un discurso de odio. El mismo odio que ya los corrompió a ustedes, el mismo odio que termina enfermando a las infancias cuando no se les deja ser.



REFERENCIAS

[1] Encuesta realizada por AnyBody Argentina en el año 2020 - https://buenosaires.endangeredbodies.org/resultado_encuesta_2020 

[2] Val Flores Escritora, maestra, activista de la disidencia sexual, lesbiana, feminista prosexo. Se dedica a la escritura ensayística/poética, y a la realización de talleres y performances como modos de intervención estético-político-pedagógica.

[3] Daniela Giacomazzo coordinadora del área de expansión comunitaria de Casa Fusa.

[4] Fuente: Dirección de Estadística e Información de Salud (DEIS), del Ministerio de Salud de la Nación.


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