¿Un programa de desarrollo?

Por: Mara Pedrazzoli


Para no cortar la racha, los anuncios económicos marcaron el inicio de la semana pasada. El ritmo que traza la cartera de Hacienda difícilmente puedan imitarlo el resto de los ministerios. El mercado estaba a la espera, habían presionado mediáticamente bastante en torno de la insostenibilidad de la brecha, el drenaje de las reservas, la salida de los depósitos en dólares y una inminente devaluación oficial. El pecado original habrían sido las medidas del 15 de septiembre, entre ellas, las que impidieron a no residentes operar en el Contado con Liquidación (CCL) y lo estrecharon. Las quejas desde el sector privado a las regulaciones del CCL son casi unánimes y reflejan la existencia de un conflicto de intereses, más allá del efecto del Pimco, que deberá destrabarse progresivamente.

Los retoques cambiarios que anunció Guzmán el pasado lunes habilitan una mayor operatoria en el CCL, que “se había quedado sin precio” al reducirse al mínimo sus operaciones (cualquier transacción realizada allí alteraba el precio). Se desandó sobre una de las medidas más importantes del 15S, en una coyuntura donde cualquier ser humano de a pie exige al gobierno que sea capaz de mensurar todos los efectos posibles de la política pública sin excepción y en donde el gobierno parece ubicarse más bien por fuera de ese óptimo: se aprende sobre la práctica, dicen, lo importante es no perder capacidad de reacción.

Guzmán reconoce un problema de expectativas desancladas –lo dijo y repitió en las sucesivas entrevistas públicas que brindó en la semana–, no promete lluvias de inversiones. Su presencia en los medios fue positiva, obligó a la prensa a expresarse en propios términos, más serios y adecuados a los que muchas veces nos acostumbra la banal comunicación. El anterior fin de semana, cuando se descontaban los anuncios de este lunes, la prensa dejó momentáneamente atrás el fantasma de la cotización del dólar y el goteo de reservas para azuzar uno nuevo, el de los recambios ministeriales inminentes de casi todos los funcionarios: Bielsa, Moroni, Kulfas, Guzmán, Pesce, Cafiero.

En Argentina el corto plazo dura días y el largo plazo es infinito. De modo que algunas regulaciones del 15S fueron cambiadas en apenas jornadas. Otras no: el encarecimiento del dólar ahorro (llegó para quedarse), un monitoreo más ajustado sobre importadores persiste y se reforzó, la solicitud a empresas de reestructurar sus deudas cuando superen los USD 1M mensual también perdura aunque se flexibilizó. Qué ocurrirá con las retenciones –bajadas temporariamente el 1 de octubre– es un interrogante que todavía perdura, aunque se asienta esta idea de que el gobierno trabaja por ramas de actividad. Basterra inició las conversaciones con el Consejo Agroindustrial Argentino para diseñar un plan de ..¿mediano plazo?

En sus declaraciones Martín Guzmán “le bajó el precio” a la idea de un “plan integral”: cuando Argentina tuvo eso no se cumplió, (como mostró en su presentación por el Presupuesto) al país le costó históricamente encontrar su tendencia, cuando se habló de planes eran más bien programas de administración cambiaria (el Plan de Convertibilidad, el Plan Austral, el Plan Primavera).

Esa mirada sectorial del desarrollo, o estratégica si se prefiere, o peronista (en el sentido de rescatar la presencia de un Estado activo en la economía) será el sello de agua de este gobierno y un distintivo de la gestión macrista en donde todo (inclusive el razonamiento) se liberalizó y perdió coherencia. Guzmán anunció el miércoles dos proyectos de ley que fueron enviados al Congreso: el primero apunta a alcanzar incentivos tributarios para fomentar la construcción de inmuebles nuevos (que incluye un aggiornado “bloqueo fiscal”) y el segundo a potenciar la demanda habitacional facilitando el acceso al crédito hipotecario y cuidando a deudores y propietarios del descalce ante la inflación (es crucial la importancia dada a esta parte del mercado en la política pública).

Por otro lado, el lunes, Kulfas, Moroni y un centenar de empresarios lanzaron el Acuerdo Económico y Social (AES) que buscará un trabajo conjunto por mesas sectoriales donde se tome en cuenta una mirada con diez ejes en común, entre ellos: necesitamos exportar más, pero ningún sector productivo sobrea y no existe tal dicotomía entre mercado interno y externo (el primero ayuda a las empresas a fortalecer capacidades antes de exportar); la política industrial estará presente (y además incorporará una dimensión ambiental y de género); la macro debe ser estable, la apertura de mercados gradual, pragmática y regional, deberá fortalecerse la productividad.

Los anuncios de Guzmán que buscan restar presión cambiaria al fin de 2020, así como el lanzamiento del AES, son centrales de cara al 2021 donde la nominalidad estará a la orden del día. También Guzmán dejó entrever la posibilidad de un acuerdo con el Fondo antes de fin de año y menester quitar ruido de cara a negociaciones de paritarias y múltiples otros precios (como contratos de alquiler, Precios Cuidados, servicios públicos, telefónicos, combustibles, etc.) suspendidas por la pandemia, rezagadas por el macrismo. El Indice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) registró un aumento mensual en septiembre de 3,7% versus 2,8% del Indice de Precios al Consumidor (IPC); eso de cuenta de remarcaciones que aún nos esperan. El IPC, por su parte, subió 1,5% mensual en abril y mayo, en torno a 2% mensual en junio y julio y al 3% en agosto y septiembre; la pregunta es sobre el ritmo de aumento en lo que queda del año ¿en torno al 3% o 4%? y en el primer bimestre de 2021.


Sobre la autora

Mara Pedrazzoli es Economista del Centro Cultural de la Cooperación. 

Diarios Argentinos