Un problema en cuotas

El Gobierno restringió la compra de viajes el exterior en cuotas sin interés y convulsionó el humor social. Ahora la paradoja es que la clase media se queja de que el Estado no subsidia.

El Banco Central (BCRA) le puso fin este jueves a la compra de viajes al exterior sin interés y como era de esperarse, la noticia, rápidamente difundida en todos los medios de mayor alcance, convulsionó el humor social de manera desproporcionada porque solo afecta a una porción minoritaria de la población. En tanto, la iniciativa de la autoridad monetaria es un nuevo parche a otro problema estructural: la falta de divisas. Antes de sumerginos en el tema en cuestión cabe advertir al lector, como lo hizo Daniel Rosso en su libro "Máquinas de captura" que no hay escrituras inocentes, ni desinteresadas, ni asépticas: esta esa una premisa que debiera regir siempre a la hora de poner la lupa sobre cada problemática social que convoca nuestra atención o nos despierta una rápida indignación que nubla nuestra racionalidad.

"Establecer, con vigencia a partir del 26.11.21, que las entidades financieras y no financieras emisoras de tarjetas de crédito no deberán financiar en cuotas las compras efectuadas mediante tarjetas de crédito de sus clientes –personas humanas y jurídicas– de pasajes al exterior y demás servicios turísticos en el exterior (tales como alojamiento, alquiler de auto, etc.), ya sea realizadas en forma directa con el prestador del servicio o indirecta, a través de agencia de viajes y/o turismo, plataformas web u otros intermediarios”, sostiene la Comunicación “A” 7407, que impactó con fuerza en el mundillo de las redes sociales el jueves por la tarde.

Como un efecto casi automático, las críticas de propios y extraños no tardaron en llegar. Más allá del rechazo generalizado, la decisión del BCRA busca desalentar la salida de dólares del país para que no se sigan debilitando sus reservas. Sin embargo, fuentes de la entidad monetaria explicaron que los bancos o emisores de tarjetas, sí podrán financiar en cuotas este tipo de compras, aunque con un tasa de interés mínima del 43% anual. Es decir, pagando el mínimo de la tarjeta. La tasa se aplica a los saldos de tarjeta de crédito hasta $200.000 por cada tarjeta emitida. Por encima de dicha suma, los bancos podían financiar los saldos a una tasa diferencial hasta el máximo permitido por la ley de Tarjetas de Crédito, establecido en un 25% más que la tasa que perciben por los créditos personales, y similares a los que aplican las tarjetas no bancarias.

De todas maneras, la nueva regulación cayó como una bomba en el sector empresarial que puso el grito en el cielo (la resolución del BCRA se dio a conocer horas antes del Black Friday) y la oposición se plegó a los cuestionamientos con la misma lógica especulativa que usó el plena pandemia ante cada medida sanitaria dispuesta: "El Gobierno viene a cercernar nuestras libertades". Patricia Bullrich fue la primera en manifestarse al respecto: "Presidente: tengo que ir a hacer compras, ¿me da permiso? Porque en la Argentina Ud. decide desde el precio de la carne los fines de semana hasta las cuotas de los pasajes. A ver: ¡gobierne! La Argentina tiene 45 millones de seres libres, ¡no esclavos de sus estúpidas decisiones!".

Un sector ligado a Ricardo López Murphy fue más lejos y denunció a las autoridades del Banco Central. Los dirigentes de REPUBLICANOS UNIDOS – CABA, Yamil SANTORO, Marina KIENAST, José MAGIONCALDA y Juan Martín FAZIO  formularon una presentación judicial contra el BANCO CENTAL DE LA REPÚBLICA ARGENTINA, por el delito de incumplimiento de deberes de funcionario público y abuso de autoridad. Según los denunciantes, la COMUNICACIÓN “A” 7407, al impedir la adquisición de productos turísticos en el exterior mediante tarjeta de crédito, vulnera la ley de tarjeta de crédito, la ley de defensa del consumidor, el Código Civil y Comercial de la Nación, y la Carta Orgánica del BCRA, así como las normas constitucionales que establecen el orden de prelación de las leyes y el derecho a entrar y salir del país.

Lejos del espectro mediático quedaron otras decisiones del Banco Central, tomadas el mismo día, que no son menos relevantes: la entidad flexibilizó dos de las restricciones vinculadas con el dólar. Por un lado, dispuso levantar la reciente prohibición a los bancos de incrementar sus tenencias en moneda extranjera hasta fin de mes. En segunda instancia, permitió el acceso automático al mercado oficial de cambios a importadores de bienes de capital, con valor de hasta u$s1 millón, con pagos anticipados de hasta 270 días. 

“Se va a poder seguir viajando, en algunos casos habrá que esperar unos meses, en otros casos se podrá financiar de otra manera con la tarjeta de crédito, pero pareciera que, como dicen algunos dirigentes de la oposición, intentan instalar una idea y estamos hablando de otra cosa”, remarcó la portavoz presidencial, Gabriela Cerruti, al defender de la medida, que como otras tantas tuvo un problema de comunicación del Gobierno a la hora de darla a conocer. Una explicación que trascendió las orillas simplistas del debate público la dio el economista e investigador Nicolás Dvoskin: "La discusión central es la de la restricción externa", graficó en una entrevista con este medio.

El investigador y doctor en Ciencias Sociales explicó que "cualquier compra que hagas con tarjeta de crédito nacional en el exterior, ya sea en dólares directamente o en agencias locales que compran productos de afuera, insume dólares del Banco Central. Y eso implica una caída de reservas que potencialmente puede ser muy importante el número de dólares que salen por turismo en el país". Y en esa misma línea, subrayó las consecuencias que le traen al Estado este tipo de operaciones: "Uno podría decir que en términos éticos o distributivos, las cuotas sin interés para las compras en el exterior son un doble o triple subsidio, cuya consecuencia es una mayor salida de dólares. Como te subsidian, gastás más, y eso es un problema para el país en este contexto.

Dejando a un lado la valoración que se puede hacer sobre esta disposición en particular, que es más que debatible, resulta contradictorio una vez más cómo se instalan los temas en la discusión pública y los efectos que generan en consecuencia: quienes ahora cuestionan que el Estado deje de subsidiar este tipo de operaciones en dólares son los que criticaron con firmeza que el gobierno bonaerense subsidie los viajes de egresados a estudiantes secundarios. Entonces, para cierto sector clasemediero, que gustoso reproduce las ideas que bajan de los poderes económicos y mediáticos concentrados, el problema no es el Estado como subsidiario, sino a quiénes van dirigidos esos beneficios. Uno puede cuestionar siempre, lo que no tiene que dejar de dar como comunicador, o simplemente como ciudadano, son debates honestos, aunque a esta altura de la historia ese deseo ya es una utopía inalcanzable.

Para finalizar, vale la pena citar a Rosso nuevamente y a sus imprescindibles explicaciones sobre el funcionamiento de la maquinaria perversa, que son tan habituales que pueden transformarse en un consejo genérico ante cada tema que emerge con intensidad en la agenda: "Los grandes medios -y sus socios corporativos- han logrado rearmar su ofensiva. Han sumado un referente periodístico de impacto que ha desplegado al extremo la agenda de la personalización política. Han encontrado un lenguaje productivo que mezcla información, ficción y entretenimiento". 

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