Términos y condiciones: la letra chica de la ciudadanía digital

OPINIÓN. ¿Qué entregamos? ¿Para qué? ¿Qué hacen con toda esa información? ¿Nos debemos o no un debate sobre los términos y condiciones?


Redes sociales, portales, correo electrónico, sistemas operativos, aplicaciones, fotos, videos, audios. Todo lo que hacemos, en el ejercicio de nuestra ciudadanía digital, viene con letra chica. Esos choclos enormes que generalmente scrolleamos hasta llegar al “ok” o “aceptar”. La inmediatez y las ganas (o necesidad) de echarnos a andar nos llevan a firmar un cheque en blanco.

¿Qué entregamos? ¿Para qué? ¿Qué hacen con toda esa información? Los datos son el petróleo de la cuarta revolución industrial. Sí, son mercancía. Con ellos se crea valor. Google, Facebook, Apple, Amazon o Microsoft, están entre las principales empresas a nivel mundial. Datos. Ni más ni menos. El oro líquido.

Volvamos a los términos y condiciones. Descargamos una App, términos y condiciones. Damos de alta una cuenta, términos y condiciones. Vinculamos un perfil a una aplicación, términos y condiciones. Encendemos por primera vez un teléfono móvil, términos y condiciones. La siguiente aplicación desea acceder a tus contactos, a tus imágenes, a tu cámara, a tu ubicación, a tu micrófono, a tu vida. Datos, datos y más datos.

Hace unos meses Visual Capitalist publicó una infografía de Nicholas LePan, en la que se podía apreciar visualmente cuánto lleva leer los términos y condiciones de algunas aplicaciones populares. Para ello, el autor tomó como velocidad de lectura promedio la de 240 palabras por minuto. En base a ello, y haciendo un cálculo simple consistente en dividir el número de palabras por 240, el informe arrojó: Facebook, 17:12 minutos; Instagram, 9:42 minutos; Spotify, 35:48 minutos; Twitter, 23:30 minutos; Tinder, 25:54 minutos; Linkedin, 18:06 minutos; YouTube, 13:42 minutos; Zoom, 30:12 minutos; TikTok, 31:24 minutos; Netflix, 11 minutos.    


              


Sólo para contrastar, El arte de la guerra, de Sun Tzu, lleva 50 minutos; y Macbeth, de William Shakespeare, demanda 1:11 horas (utilizando la misma base de cálculo). Para muestra basta un botón. Según LePan, el 93% de las personas entre 18 y 34 años acordamos los términos y condiciones sin leerlos. ¿Entonces? No sabemos qué pueden hacer con nuestros datos.

El artículo 42 de la Constitución Nacional, en lo que concierne al tratamiento de usuarios/as y consumidores/as, establece que tenemos derecho a recibir información adecuada y veraz… 

¿Cumplen estos términos y condiciones con los requisitos mencionados? A priori parece que no, incluso si sólo tenemos en consideración el tiempo que demandan y no, por ejemplo, si existe una comprensión plena de aquello a lo que refieren, en concreto, de las consecuencias jurídicas.

Hace relativamente poco, Carolina Martinez Elebi leyó un párrafo de los términos y condiciones de FaceApp. Cuando le damos aceptar al “juego inocente” de procesar nuestra cara con algunos filtros, pasa esto: “usted otorga a FaceApp una licencia sublicenciable, transferible, perpetua, irrevocable, no exclusiva, libre de regalías, mundial, totalmente paga y totalmente autorizada para usar, reproducir, modificar, adaptar, publicar, traducir, crear trabajos derivados, distribuir, realizar públicamente y mostrar su contenido de usuario, y cualquier nombre de usuario, o imagen proporcionada”, entre otros “permisos” concedidos “libremente”.

¿Nos debemos o no un debate sobre los términos y condiciones?


Sobre el Autor

Jerónimo Guerrero Iraola. Es Abogado especializado en Derechos Humanos, además, director del centro de estudios para la gobernanza.

Diarios Argentinos