TikTok o las redes sociales como botín

La disputa geopolítica China/EE. UU. se juega en todas las canchas, y claro está las redes sociales han sido incorporadas como parte de la disputa estratégica sobre liderazgos globales.

La definición más tradicional de las teorías de la guerra habla de que la ocupación del terreno supone una variable que puede identificar la victoria o la derrota. Pero hoy el territorio está dividido en dos: el mundo territorial/analógico y el mundo digital.

Lo digital y, en particular, las redes sociales se transforman en un activo clave, en un neo commodity, por poseer nuestros datos y comportamientos, por incidencia en la agenda pública, por permitir a grandes conglomerados económicos construir ganancias a partir del conocimiento. Si tomamos Google, Amazon, Facebook y Apple juntas, ya empatan con el PBI alemán por ejemplo.

En EE. UU., uno de cada tres usa #TikTok; 100 millones de usuarios declaran usar la aplicación al menos una vez al mes, la mitad declara hacerlo semanalmente. Un tercio de la población interactúa con “algo” de origen chino. Dejan sus opiniones allí, postean sus comportamientos y gustos, localizan sus movimientos, generan campañas y movilizan intereses. Mucho.

La “guerra comercial” tiene sus herramientas: aumentar productividad, subsidios, control del comercio exterior, organismos multilaterales de mediación, construcción de bloques comerciales regionales. Ahora bien, la “guerra digital” vino para quedarse, y está comenzado a construir sus propias herramientas.

¿Le importa a Trump la seguridad de los datos de los ciudadanos? No lo sabemos, pero sí sabemos que en todo caso el mismo problema tienen los ciudadanos con Facebook o Twitter, pioneras en el arte de hacer de nuestras huellas digitales y datos personales grandes operaciones económicas y de incidencia política. Pero, esta vez, el operador de esos datos es chino o, en todo caso, una empresa china.


Las aplicaciones chinas TikTok y WeChat no podrán ser descargadas en EE. UU. a partir de este domingo.


“El Departamento de Comercio anunció que a partir del 20 de septiembre, las descargas de ambas aplicaciones estarán prohibidas en el país. La única manera de que esto no suceda es que el presidente Donald Trump apruebe en las próximas horas el acuerdo alcanzado hace unos días entre Oracle y la china ByteDance para que la compañía estadounidense se convierta en socia de la propietaria de TikTok”. Así informan las cadenas de noticias y a pocos parece asombrarles.

Una especie de ofensiva final que los activos de TikTok en Norteamérica pasen a otras manos. Quizá será Oracle quien termine siendo beneficiada por una venta a contrarreloj y con lógica de “apriete”. O vendes o te vas. El discurso es “estamos defendiendo los intereses y la seguridad de los estadounidenses”. En el fondo están disputando poder ni más ni menos.

TikTok es un botín, sí. Pero no solo por su origen, lo es debido a ser una app cuasi adictiva: 


Videos cortos, uno atrás de otro, algoritmo que interpreta gustos e intereses a la perfección, la más descargada del año y además en tiempo de uso le gana incluso a los "games" y cambia la manera de ver videos cuestionando la hegemonía de YouTube.


Sumo la reflexión del psicólogo Jorge Estanga: "Un contenido inmediato y un scroll (deslizar) infinito... Capaz de brindar 'alegría ilimitada' a todos sus usuarios, según prometen sus creadores". El deseo o la concreción del deseo que no llega nunca, pero que se promete o se da en gotas constantemente.

Las redes sociales se han transformado en un actor político, poniendo en jaque incluso las agendas públicas hasta ahora dominadas casi con exclusividad por oligopolios de la información.

Queda la reflexión en torno a qué rol no toca en esta discusión como país. Es tiempo de pensar estos temas y por ejemplo generar experiencias de redes sociales propias, porque si no estaremos nuevamente a un paso de ocupar el peor lugar en el nuevo sistema internacional del trabajo digital. El de ser meros espectadores del desarrollo, o peor aún, de ayudar con nuestros me gusta al crecimiento desigual de los países.

Queda además la reflexión en torno a tomarse en serio la comunicación en su aspecto digital, a entenderla, a estudiarla, y a generar procesos de intervención y buenas prácticas de uso. El futuro está entre nosotros y se está construyendo, una posibilidad para ser parte y no convidado de piedra.


Sobre el autor: Esteban Concia es autor del libro “Comunicados o Dominados”

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