Sres Papis: Este es su derecho

Se acerca el día de la madre y trae, como cada año, el desafío de encontrar el mejor regalo. Descartado el electrodoméstico de cocina por patriarcal (y caro), queda una alternativa original y que traería más alivio que un voucher de spa, inconcebible en tiempos de aislamiento: la extensión de la licencia por paternidad.

Por: Lara Collante

Se acerca el día de la madre y trae, como cada año, el desafío de encontrar el mejor regalo. Descartado el electrodoméstico de cocina por patriarcal (y caro), queda una alternativa original y que traería más alivio que un voucher de spa, inconcebible en tiempos de aislamiento: la extensión de la licencia por paternidad. 

Y no es que “las mamis” quieran acaparar toda la atención y reclamar para sí un derecho ajeno pero sería inocente pensar que la extensión de este plazo sólo beneficiaría a los varones. La división sexual del trabajo hacia adentro de los hogares le delegó a las mujeres las tareas de cuidado y a esa realidad cultural, le corresponde un marco normativo: la Ley del Contrato de Trabajo (20.744) que establece licencias, al momento de nacimiento de un hijo, de 90 días para la madre y dos para el padre.

“No alcanzó el tiempo, fue muy poco y tenía que hacer de todo. Menos amamantarlo hice todo con ambos”, sostiene Hernán, trabajador de seguridad privada, que hace un año tuvo a su tercer hijo y una licencia de tres días. Y agrega un comentario central: “El apego del padre es fundamental en los primeros días del bebé para la crianza”. Este aspecto suele quedar de lado, no se trata solo de una repartición de tareas más justa entre padres y madres sino también de la cuestión afectiva y el tiempo que se le brinda al recién nacido.


La división sexual del trabajo hacia adentro de los hogares le delegó a las mujeres las tareas de cuidado y a esa realidad cultural, le corresponde un marco normativo: la Ley del Contrato de Trabajo (20.744) que establece licencias, al momento de nacimiento de un hijo, de 90 días para la madre y dos para el padre.


La burocracia no da respiro y las 48 horas que brinda la ley más el changüí excepcional de algunos gremios no alcanzan. “Creo que deberían ser más días porque el tiempo se va en trámites para el acta de nacimiento, DNI u obra social”, enumera Cristian que fue padre en medio de la pandemia. Su caso es una muestra de la distinción por rubros y lugar de trabajo: Es enfermero, trabaja en un hospital municipal y en una clínica de la UOM, en una sede le dieron dos días y en la otra tres.

Pero la desigualdad en este asunto tiene varios planos: entre varones y mujeres, entre diferentes gremios y entre las diversas formas de construir una familia.

La primera es fácil de identificar, una mujer que acaba de dar a luz, incluso cuando no le toque atravesar el post operatorio que supone la cesárea, encuentra como un desaífo muy complejo el cuidar a un bebé, amamantar, recibir visitas y todo el combo que incluye parir. En ese contexto no solo se necesita ayuda y turnos para cambiar pañales sino también contención y compañía, y no solo por dos días.

La otra forma de desigualdad se da entre las modalidades de trabajo. Según el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y Crecimiento (CIPPEC), en nuestro país, solo el 51% de las trabajadoras y el 47% de los trabajadores reciben licencias por maternidad y paternidad. El hecho de que la mitad o menos de los trabajadores accedan a este derecho se debe a que no solo está vedado para la  actividad informal sino también para monotributistas y autónomos.

Por último, la visión binaria de la ley, y la cultura en general, percibe a la familia con el estereotipo heterosexual de padre, madre e hijos. Ante esto, se excluye o condiciona a las familias adoptivas, las homoparentales y las monoparentales. Todas ellas deberán apelar a la buena voluntad de sus empleadores ya que la ley no los protege porque ni siquiera los contempla.

Pero ¿de dónde nace la demanda de la extensión de estas licencias? Si bien hay varios proyectos ingresados en el Congreso Nacional, los feminismos locales tienen mucho que ver con la visibilización de la problemática al tratarla desde la perspectiva de las tareas de cuidados.

A la pregunta de “¿cuál sería el plazo ideal?”, la mayoría de los varones consultados responden que dos semanas sería razonable. Un tiempo cercano a los 15 días propuestos por el macrismo cuando era oficialismo y bastante más lejos de los feminismos que reclaman igualar con 90 días.


La visión binaria de la ley, y la cultura en general, percibe a la familia con el estereotipo heterosexual de padre, madre e hijos. Ante esto, se excluye o condiciona a las familias adoptivas, las homoparentales y las monoparentales. Todas ellas deberán apelar a la buena voluntad de sus empleadores ya que la ley no los protege porque ni siquiera los contempla.


Lo cierto es que, ante la disparidad que se presenta, es necesaria la organización y la demanda más visible de un derecho postergado. Como una notita de jardín de infantes se le puede notificar a los varones que están prontos a paternal; “Sres Papis: este es su derecho”. Entra a jugar aquí la idea del empoderamiento colectivo y una nueva prueba de que el feminismo no es mujeres vs. varones sino la posibilidad de pensar una sociedad más justa para todos y todas (y todes).




Sobre la autora: Lara Collante es estudiante de Comunicación Social UnLaM

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