Solidaridad y desidia

"No esperen de nosotros disciplina partidaria, búsquennos en la primera línea para construir una Argentina más digna, más justa, federal, feminista e igualitaria", plantea Gildo Onorato, presidente de la Federación de Cooperativas de Trabajo Evita.

El covid-19 ha puesto sobre la mesa de todos los habitantes de nuestro país las distintas desigualdades sociales. Una enfermedad que viajó en avión, en vuelos con valores inalcanzables para los y las habitantes de nuestros Barrios Populares, ha modificado la dinámica de nuestra sociedad, y sobre todo, ha mostrado la  hipocresía de la dirigencia política cuando se trata de hablar de pobreza.

En Argentina existen 4416 villas y asentamientos, según datos relevados hasta el 2017 por el Registro Nacional de Barrios Populares (ReNaBaP). El 55% son anteriores al año 2000, y en la denominada década ganada, más precisamente entre el 2000 y el 2013 se generaron el 40%. Son estos los barrios donde se hizo foco luego de 50 días de aislamiento social, preventivo y obligatorio, cuando las organizaciones comunitarias y los movimientos populares advertimos desde el primer momento sobre la vulnerabilidad de estos barrios frente al virus por las condiciones de hacinamiento y de falta de servicios públicos básicos que se padece en los mismos.

Hoy la sociedad reconoce con la inscripción al IFE que el 50% de la población económicamente activa no tiene derechos laborales. La Anses esperaba unas 3.5 millones de personas, cifra que fue ampliamente superada, y si se abriera la inscripción nuevamente, superaríamos holgadamente los 12 millones.

También vemos la desigualdad para el abastecimiento alimentario, donde casi el 25% de nuestra población demanda comida en centros comunitarios, barriales comedores o merenderos populares. La dirigencia política descubrió que el 56% de los y las habitantes de villas y asentamientos son niños y niñas que viven en condiciones de hacinamiento y que el 65% de los hogares en barrios populares están a cargo de Mujeres.

Nos levantamos un día y muchos se enteraron por los medios que en los barrios populares no solo no hay bancos, si no que los titulares de programas sociales y jubilados pobres tienen que transportarse varios kilómetros para encontrar un cajero automático.

Podríamos seguir enumerando las desigualdades que la pandemia vino a destapar, pero también sabemos que todos estos indicadores seguramente serán peores cuando termine el aislamiento.

A muchos sorprende esta desidia, a los Movimientos Populares no. A muchos otros los sorprende la solidaridad y el amor de los más humildes para dar pelea en estos momentos,  a los Movimientos Populares no. Nuestras hermanas y hermanos, nuestras familias, están ahí, hace décadas. Transitamos en los márgenes de las instituciones.

Con el Covid-19 entró en crisis la industria global y la urbanidad neoliberal, revalorizamos los alimentos agroecológicos y el rol del Estado. La lucha contra este enemigo invisible fortaleció la unidad de los y las humildes en todo el país, y da bronca cuando algunos irresponsables quieren contar cuántos paquetes de fideos se recibe en un comedor popular, y si no está alineado con el poder político local intenta boicotear esa tarea solidaria.

Hace algunas semanas, Alberto Fernández nos convocó en Olivos a construir el futuro de la nueva Argentina. Nuestras demandas son tan concretas que están escritas hace años, en distintas propuestas de gestión y en proyectos de ley presentados en el Congreso. Las sintetizamos en la agenda Tierra Techo Trabajo, porque para nosotros y nosotras, como ha dicho Francisco, son derechos Sagrados.

Hoy nos conmocionan Ramona, Víctor «El Oso» Giracoy o Agustín Navarro, como nos emocionaron antes Micaela García, Darío Santillán, Maximiliano Kosteki o Teresa Rodríguez. Son muestras que ante la desidia y el abandono, la solidaridad y el amor siempre nos dan fuerza para “cantarle las 40” a cualquiera.

No esperen de nosotros disciplina partidaria, búsquennos en la primera línea para construir una Argentina más digna, más justa, federal, feminista e igualitaria, donde terminemos con el paradigma de los subsidios y reconstruyamos el país en base a la producción y el trabajo.

Sobre el autor

Gildo Onorato es Presidente de la Federación de Cooperativas de Trabajo Evita, y Dirigente de la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular, UTEP.

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