Sobre ministros, votos y analistas

OPINIÓN. El mundo de los especialistas en actualidad y reflexión política ha dejado de ser desde hace rato una fuente para el entendimiento de la “dinámica política” en nuestro país.

El mundo de los especialistas en actualidad y reflexión política ha dejado de ser desde hace rato una fuente para el entendimiento de la “dinámica política” en nuestro país. La instantaneidad del análisis, la liviandad del tratamiento de los temas y la pereza explicativa se refleja en un conjunto de frases hechas que se convierten en moda durante una temporada. Ahora la líder de una coalición es “la mayor accionista” de la misma, los cambios de gabinete “reflejan la debilidad del presidente”, una carta pública pasa a convertirse en un “fracaso del diálogo interno que le hará daño al gobierno”, las renuncias ministeriales suben a la categoría de la “inminente ruptura del FDT”. Como sí una derrota electoral no debiera traer consecuencias en el interior de la fuerza gobernante, el análisis parece absolutizarse en cada momento, en cada minuto, desprendiéndose de ello un devenir prefijado. En otras palabras “la carta de CFK es una señal de ruptura de la unidad” y allá van las especulaciones en torno a cuánto poder le quedará a AF, o sí le conviene (o no) esa disolución de la coalición, o si ésta se efectuará en las “próximas horas o días”. Todo eso se ha escuchado durante la última semana

Las recientes elecciones PASO y los cambios de gabinete han sido una muestra fehaciente de lo que suele suceder cuando un gobierno pierde una elección. Querer detener cada momento de ese proceso, y obtener de él una conclusión que dé cuenta de las próximas jugadas, es el error más importante en el que caen los analistas de la política. Como si la necesidad de decir algo (y acá no estoy hablando del periodismo televisivo o de radio que tiene que tratar estos temas sobre la marcha, sino la de aquellos que tiene tiempo para la reflexión) brotara de su infalible instinto para detectar desenlaces inminentes de la crisis. Inclusive desde el universo oficialista se ha caído en esta ansiedad anticipatoria sin tener en cuenta que todo proceso político necesita primero llegar a su destino y luego ser analizado.

Estas líneas no tienen otro interés que el de intentar comprender, por intermedio de datos (y escasa opinión), qué sucedió en la elección  y qué significaron los cambios de elenco ministerial. Y lo haremos a partir de lo único que nos brinda con certeza la realidad: las cantidades y porcentajes de votos del domingo pasado (y de otras elecciones para poder compararlas) y la estrategia del gobierno en el cambio de gabinete, a partir de experiencia/trayectoria de los nuevos ministros.


Comencemos por los votos

En una reciente nota escrita junto al politólogo Martín Astarita verificamos (aclaro, no sólo nosotros hicimos este trabajo) que el voto en la provincia de Buenos Aires, por tomar uno de los distritos más importantes de esta elección, mantiene cierto equilibrio en el universo opositor y mucho de fluctuación en el oficialismo. Repetiré los cuadros explicativos que utilizamos para esa nota (como siempre los datos provienen de la página de Andy Tow):

 

Cuadro 1. Votos del peronismo en sus distintas denominaciones (FpV, UC y FdT) de 2015 a 2021


Año

2015

(Presidente)

2017

(Senador)

2019

(Presidente)

2021

(Diputados)

PASO

3.418.176

3.054.886

4.970.252

2.789.022

General

3.563.089

3.383.114

5.294.879

¿?

 

Cuadro 2. Votos de la oposición en sus distintas denominaciones (Cambiemos, JxC y Juntos) de 2015 a 2021


Año
2015
(Presidente)
2017
(Senador)
2019
(Presidente)
2021
(Diputados)
PASO

2.374.740

3.240.499

2.907.050

3.149.989

General

3.134.779

3.930.406

3.668.580

¿?


Los cuadros precedentes revelan, en primer lugar, que el voto al peronismo, como se ha señalado, fluctúa más que el opositor. Mientras que este último se mueve en una franja que promedia los 3.200.000, el justicialismo lo hace en franjas que van desde los 2 millones ochocientos mil a los 5 millones de sufragios. En segundo término, en comparación a la última elección ambas coaliciones disminuyen sus votos, pero el peronismo lo hace mucho más pronunciadamente en cantidad. En tercer lugar, debemos indicar que el voto a la oposición proviene de una interna (Santilli vs Manes), con los riesgos que eso implica a la hora de fidelizar el voto, y el peronismo lo hace, casi como siempre, con lista única. En último término, la elección del domingo 12 se trató de una de las peores de la historia del peronismo, como muestran los datos. En ese sentido, adiciono la del año 2013, en la cual con Martín Insaurralde de primer candidato y con un taquillero Sergio Massa como oferta principal del archipiélago opositor de ese momento, el peronismo alcanzó 2.900.494 (es decir, 100.000 votos más) en un padrón más pequeño que el actual.

No es intención de esta nota bucear hacia donde migra el sufragio peronista de 2019, hay otros trabajos muy interesantes al respecto, sino dar cuenta que ese voto fugó hacia otras opciones partidarias, como así también hacia la abstención. Observemos con atención los siguientes dos cuadros, también de la nota señalada más arriba


Cuadro 3. Presentismo electoral en las elecciones entre 2015 y 2021


Año
2015
(Presidente)
2017
(Senadores)
2019
(Presidente)
2021
(Diputados)
PASO
77,01%
77,63%
78,76%
68,29%
General
82,8%
78,88%
82,22%
 


Cuadro 4. Presentismo según municipio afín (o no) al peronismo


Municipio
Presentismo
Distritos afines históricamente al peronismo
Florencio Varela
65,4%
Merlo
64,5%
La Matanza
67,7%
Moreno
66,3%
Distritos afines históricamente al no-peronismo
La Plata
70,2%
San Isidro
70,5%
Vicente López
71,6%
Bahía Blanca
68,7%


La evidencia empírica es harto evidente. Se trató de la elección con un presentismo 10% más bajo que el promedio histórico y que afectó en mayor medida los distritos (y lo aclaro, no los votos necesariamente) peronistas. Con estos datos sobre la mesa, se torna complejo, al menos en este distrito, hablar de elección definida. Sin grandes especulaciones se infiere que a) una elección que se acerque a las históricas, lo que implicaría un incremento de votantes, b) el siempre posible (y también fechado empíricamente) cambio de votos que se da entre las PASO y a general, ya sea por abandono de los votos en la interna o por lista excluida en la PASO y c) el nuevo escenario en que se votará, tal vez más favorable al caracterizado por políticas publicas activas y una mejora en el contexto sanitario, podríamos estar hablando casi de una elección abierta en todos los sentidos.


Sigamos con las bancas

Otro tanto ocurre con la inminente pérdida del quórum propio en el Senado. Es cierto que de repetirse esta elección en lo que hace al orden de los ganadores y perdedores, el gobierno perdería su mayoría en la cámara alta. Pero no necesariamente todo es tan lineal en la vida de la política. Repasemos: se ponen en juego 24 senadores (15 oficialistas) y la disputa electoral se restringe a 8 provincias, ellas son Córdoba, Tucumán, Santa Fe, La Pampa, Corrientes, Mendoza, Chubut y Catamarca. Se renuevan los senadores de la elección de 2015, es decir, una buena elección del peronismo en donde triunfó en todas esas provincias, salvo en Córdoba y Mendoza. El peronismo cuenta a la fecha con 41 ediles, es decir, necesita no perder más de 4 para tener quórum propio (37 sobre 72). El sistema electoral establece que de las tres bancas en juego, dos se las lleva la lista vencedora y una la que queda en segundo lugar. Desde allí que el gobierno necesitaría, al menos, ganar cinco provincias (el equivalente a10 senadores) y salir segunda en otra (1 senador más) para garantizarse el número mágico 37.

En cuanto al escenario electoral, los distritos que parecieran estar definidos son a primera vista cuatro: Catamarca (2 a 1 a favor del peronismo) Córdoba (2 a 0 a favor de Cambiemos, ahí la lista del gobernador sale segunda) Mendoza (2 a 1 a favor de la oposición)  Tucumán (2 a 1 a favor del gobierno). Hasta acá el peronismo tendría seguros 5 senadores; faltarían 6 de las cuatro provincias restantes en donde perdió. Ergo de esas 4 necesita, al menos, ganar dos (4 senadores) y obtener el senador restante en las otras (2 senadores). En ese marco, Chubut parece muy complicada de dar vuelta, lo mismo Corrientes (a pesar de que el peronismo suele primar en las nacionales y el radicalismo en la provinciales). Por lo que todo se reduciría a “dar vuelta” Santa Fe y La Pampa, dos provincias gobernadas por el peronismo.

En base a la evidencia empírica las posibilidades de mantener el quórum propio son difíciles, pero para nada imposibles. El peso de la localía suele pesar en estas elecciones, desde allí que el oficialismo deberá priorizar las dos que gobierna. Dependerá de muchos factores, como siempre, pero el contexto en qué se votará será clave para los intereses del gobierno.


Un gabinete para lo que viene

En la misma línea de análisis se encuentra el nuevo gabinete. ¿Resulta interesante preguntarse acerca de quién ganó o quién perdió, o si el cambio de gabinete alteró la relación personal entre los dos dirigentes más importantes del espacio? ¿O es más provechoso interrogarse acerca de lo que buscó (y busca) el gobierno con esos cambios? Nos parece bastante obvia la preferencia por la segunda, ya que medir “el monto” del supuesto(a) triunfador(a) resulta sumamente difícil mensurarlo. En la misma dirección equivocada se encuentra el realizar un poroteo, contada una a una como una definición por penales, para intentar dar cuenta de algo que, en lo concreto, no resulta relevante en términos de gestión política.

Por ello, resulta más fructífero descifrar qué busca el gobierno (y sus cabezas) con este recambio. En primer lugar, experiencia de gestión, ya que la mayoría de los nuevos ministros la poseen por haber sido como mínimo parte del gabinete del gobierno kirchnerista en cualquiera de sus etapas. En segundo término, volumen político, en el simple hecho de comparar los que vienen y se van se observa en forma nítida que la elección fue mucho más allá de las fronteras del "albertismo" y del “kirchnerismo”. La necesidad de ampliar en contenido los contornos de la coalición peronista es, en nuestro concepto, la clave para percibir estos cambios. Los ministros que se incorporan al gabinete, por lo tanto, amplían la base de sustentación del gobierno en experiencia, en volumen y en señales hacia adentro del espacio partidario. Desde allí que interrogarse acerca de quién ganó o perdió, resulta secundario para la comprensión de esta decisión presidencial. Detenerse en este punto, es detenerse a mirar el árbol, y dejar en segundo plano al bosque. Lamentablemente, suele ser una gimnasia cada vez más habitual en nuestros especialistas políticos.

Comienza una semana importante para el gobierno. El relanzamiento prometido comenzó con el cambio de gabinete y, con seguridad, se complementará con medidas económicas de alto alcance social. ¿Alcanzará para dar vuelta la elección o servirán para marcar un sendero? Falta mucho para esa respuesta.

    

Sobre el autor: Mariano Fraschini es Doctor en Ciencia Política y coautor, junto a Santiago García, del libro “Liderazgos en su laberinto. Cómo gobiernan los presidentes sudamericanos del siglo XXI”.

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