Sobre la Ciencia, la Economía y la Economía Política

OPINIÓN. Hablar de Economía Política es entender que hay intereses contrapuestos, estrategias para alcanzar esos intereses, historia y herramientas asimétricas.

Foto:adriw.com


Hace unos días el reconocido e influyente economista Emanuel Álvarez Agis publicó una nota sobre el problema de la restricción externa que, como muchas de sus intervenciones, tuvo varias repercusiones tanto en el ámbito académico como político. Nos interesa retomar aquí algunas afirmaciones realizadas en dicha nota porque nos parece que son útiles para discutir no solo el problema del dólar o la restricción externa, sino (obviamente relacionado con lo anterior) un problema más profundo que hace a la naturaleza misma de la disciplina.

En uno de los pasajes el autor afirma: “La economía es una ciencia porque, entre cosas, predice que, enfrentados a los mismos incentivos económicos, las personas y las empresas reaccionarán de la misma forma sin importar si son argentinos, islandeses o estadounidenses.”

En términos argumentales, la frase tiene la contundencia de las cosas que se formulan con sencillez, pero no es para nada trivial y tiene importantes derivaciones a la hora de pensar la política pública.

¿Es cierto que “enfrentados a los mismos incentivos económicos, las personas y las empresas reaccionarán de la misma forma sin importar si son argentinos, islandeses o estadounidenses”? La respuesta es: no. Claro que no. ¿Por qué no es cierto? Básica y esquemáticamente porque los empresarios y los individuos sobre los que se aplican incentivos (o políticas públicas) tienen historia y esa historia condiciona el modo en que reaccionarán frente a esos incentivos. Y, obviamente, no es lo mismo la historia de Islandia o Estados Unidos, que la de Argentina. Entonces, salvo que uno reduzca la historia a un problema de incentivos (lo cual sería un exceso de polisemia e igual de problemático), la afirmación citada es totalmente falsa.

Esta discusión es, como decíamos, una buena oportunidad para discutir algunas cuestiones disciplinares que, desde la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS), hace tiempo intentamos discutir. Hablar de Economía Política (nombre que tenía la licenciatura en la Universidad de Buenos Aires hasta la década del ’70 y que tienen sólo dos Universidades Nacionales en la actualidad) no es simplemente hablar de una disciplina que entiende que el “mercado” no funciona de manera perfecta o que los impuestos no financian el gasto público, sino que el gasto los antecede.

Hablar de Economía Política no es hablar de la misma disciplina de la que habla la economía convencional con otros supuestos y otras recomendaciones. Es otra cosa. Es entender que cuando se trata de la problemática pública, de la organización económica de las sociedades, estas sociedades no están compuestas por una infinidad de agentes abstractos, sin historia, sin intereses contrapuestos, y con las mismas posibilidades y las mismas herramientas; más bien todo lo contrario. Decir que la economía es política es entender que hay intereses contrapuestos, estrategias para alcanzar esos intereses, historia y herramientas asimétricas. Por eso, cuando señalamos que, al hablar del problema de la restricción externa, debemos mirar qué hacen un reducido número de empresas que tienen la capacidad de vetar la política pública por el volumen de divisas que manejan y el modo en que eluden los controles del estado, no estamos planteando un problema moral sino político.

La cuestión se vuelve más problemática si observamos que de esta diferencia epistemológica se derivan importantes consecuencias a la hora de pensar la política pública. Las subas o bajas de la tasa de interés, por ejemplo, no tienen en Argentina las mismas consecuencias que en Finlandia y (¡obviamente!) que en Estados Unidos. En nuestro país la historia reciente nos mostró de la peor manera que a cada plan de estabilización que utilizó la tasa de interés para estimular el ahorro en pesos le sobrevino una corrida cambiaria. Esquemáticamente, porque actores económicos particulares con acceso al mercado internacional aprovecharon el diferencial de tasa para valorizarse en pesos y volver a comprar dólares. ¿Esto quiere decir que hay que mantener siempre una tasa negativa? No necesariamente. Hoy vemos cómo la tasa negativa se puede usar para endeudarse en pesos, sobrefacturar importaciones a dólar barato y fugar divisas. Lo que hay que entender es que en Argentina y en Finlandia los conflictos sociales y su historia no tienen absolutamente nada que ver y que las políticas públicas, por ende, no producirán necesariamente los mismos efectos.

Esta discusión nos ha llevado a   preguntarnos algo que, obviamente, no podremos resolver en estas breves líneas: ¿Qué estudia y qué debería estudiar un economista? Es una pregunta compleja y tramposa a la vez. En primer lugar, pero no únicamente, porque no es lo mismo formarse para pensar la cuestión desde el sector privado que desde el público. En sus inicios, los primeros planes de las carreras de economía (en la UBA y en La Plata) tuvieron una fuerte impronta vinculada a temas de planificación de los asuntos públicos.  Con el tiempo, las cosas fueron cambiando y, a nuestro modo de ver, en la mayoría de los planes de estudio en la actualidad hay una articulación poco sistemática entre contenido que, en principio al menos, sería más útil para prácticas profesionales en el sector privado y otro que sería más útil aplicado en el sector público.

No es la intención de este artículo pensar la formación de los economistas en el conjunto de las universidades públicas del país. Pero sí nos parece que es necesario ponderar un conjunto de herramientas específicas si de lo que se trata es de formar futuros burócratas para el sector público, que hoy tienen un escaso peso relativo. En este sentido, vemos con particular preocupación (1) dos cuestiones: 1) que, en la mayoría de las universidades públicas del país, el peso de las materias vinculadas a políticas públicas ocupa una parte minoritaria de las currículas (las excepción son las Universidades Nacionales de Moreno, Quilmes y Mar del Plata, donde las mismas superan el 10% de las horas de cursada).  2) Muy esquemáticamente, vemos en la mayoría de las carreras un número importante de materias con un importante contenido teórico y matemático, pero muy pocos contenidos vinculados con herramientas de políticas sectorial, políticas públicas comparadas, historia de las políticas públicas y/o sociologías vinculadas a la historia y las estrategias de los principales actores económicos sobre los cuales se opera cuando se ocupan cargos en el Estado.

Vivimos un momento en la historia del capitalismo donde hay una serie de fenómenos novedosos sobre los cuales es necesario pensar si consideramos que el Estado, en países como el nuestro, debe tener un lugar central en la planificación económica. En este mundo complejo, la Argentina tiene además problemas propios que tienen una gravedad y una urgencia que quizás pocos países compartan. Una dinámica inflacionaria sobre la cual es difícil operar y una “escasez” permanente y forzada de divisas que reduce extremadamente los márgenes de maniobra del Estado, por mencionar algunos.

En este contexto es para nosotros clave insistir en que debemos repensar el problema de la formación de nuestros economistas. Debemos pensar en alguna (o algunas) carrera que esté pensada para formar profesionales específicamente para el sector público. Profesionales familiarizados con la historia nacional de las políticas públicas, especializados en experiencias de otros países, conocedores en profundidad de los actores que operan en la economía nacional y en distintas problemáticas vinculadas al Estado argentino y sus problemáticas.



Referencias

(1) Desde la Licenciatura de Economía Política de la UNGS venimos revisando hace un corto tiempo nuestro plan de estudio en el contexto de la oferta formativa pública en la Argentina. Los datos de los que surgen estas observaciones pueden consultarse en https://drive.google.com/drive/folders/1sFiaTiCGr38WyMAzsTmZv1Tdk_ctMgGa?usp=sharing.



Sobre los Autores


Germán Pinazo es Doctor en ciencias sociales. Director de la licenciatura en Economía politica. Integrante de investigación del área de Economia Politica de la UNGS.

Fernando Molina es investigador-docente de la UNGS y estudiante avanzado y asistente de la licenciatura en economía política, respectivamente.

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