Siria, el centro de gravedad

Por: Horacio Lenz

Bashar Al Asad continúa en el poder en Siria, que es el centro de gravedad del Cercano y Medio Oriente, pero sin soberanía para ejercer esa ventaja. Confluyen, en el área, distintos intereses que influyen en la región como lo es Turquía, Israel e Irán, más las potencias extra regionales como Estados Unidos y Rusia. También se potencia un conflicto que se prolonga en el tiempo: el Kurdistán como territorio y los kurdos como pueblo. 

El primero abarca una amplia franja de entre 390.000 Km2 y 500.000 km2 y se expande por Turquía, Siria, Irak e Irán y son una población de 36 millones, con cultura y lengua (kurdish) propia. Este conjunto de elementos produce una gran tensión dentro los países en cuestión pero en Turquía la problemática es aún mayor por la dimensión territorial que ocupan y, además, ahí vive el 45% de la población Kurda. 

Otro de los aspectos a tener en cuenta son los combates de baja intensidad y el intercambio de misiles entre Israel e Irán. El lugar de confrontación es territorio neutral de Siria y es en el único espacio donde pueden hacerlo de modo convencional. 

¿Será este mismo lugar el punto de contacto? La reconfiguración del nuevo escenario Medio Oriente impone nuevas categorías de naciones relevantes. La nueva geopolítica energética sobre combustibles fósiles define la presencia y retirada de países en la región. 

La capacidad adquirida sobre las tecnologías del shale oil hace que para Estados Unidos, Medio Oriente cobre una relativa importancia a diferencia de lo estratégico que era hace unos años atrás. Otras Naciones incidirán en el área más como presencia en el espacio por cuestiones geoestratégicas que como lugar de intereses económicos. Este cambio de rol produce la necesidad en Israel de buscar, en las Américas y otras regiones, puentes que permitan sostener relaciones más profundas de carácter político-económicas. 

El viaje a Brasil del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, por la asunción de Jair Bolsonaro, la visita a Argentina en 2018 y la reunión bilateral con el presidente de Chile, Sebastián Piñera, en Brasilia el 1 de Enero, demuestran esa ofensiva regional con política internacional donde explora un territorio con energía por fuera del Medio Oriente y sin la presencia protectora de Estados Unidos

Israel busca aliados globales que convergen en posiciones comunes como Rusia, Hungría, Croacia e India y son los vínculos que afianza con meticulosidad diplomática. 

Ante este escenario, Sudamérica, como depositario de importantes reservas de energía fósil, pero también en el umbral de desarrollos de las renovables, tiene que abordar una política común para afrontar los desafíos del futuro. 

En un mundo inestable es necesario despejar en nuestra región las visiones unilaterales que nos pueden llevar a confrontaciones del pasado. Se hace necesario volver a recorrer el camino de las políticas comunes, amparados en un destino propio producto de pertenecer a un continente con continuidad geográfica desde el Istmo de Panamá a Ushuaia. 

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