Silvia Barón Supervielle: La reina del Plata

OPINIÓN. Los poemas de Barón Supervielle son pequeñas dagas. Potentes filos que juegan contra o con el silencio. Es como si lograra exprimir el lenguaje hasta su máxima expresión, hasta volverlo una poesía exacta.

Hay una joya bastante poco visitada en el Río de Plata. Un tesoro llamado Silvia Barón Supervielle. Una poeta exquisita que parece pasar inadvertida para varias de las generaciones de sus contemporánexs. Quizás, porque se crió entre Argentina y Uruguay y, a principios de la década de los 60, partió a Francia. Era un viaje de un mes, pero se quedó toda la vida. Tal vez, porque toda su poesía está escrita y publicada en francés, pero ella se considera una poeta rioplatense.

En la contratapa de Al margen, su obra reunida, publicada en 2013 por Adriana Hidalgo, dice: «No me considero una escritora francesa. Soy del Río de la Plata, que reúne la orilla uruguaya, la de mi madre, con la orilla argentina. Soy del puerto de Montevideo donde llegaban los barcos con los emigrantes europeos que poblaron los dos países. Soy del recuerdo que se lleva la llanura. Soy del lugar donde reposa mi familia, es decir, de Buenos Aires. París es un centro deslumbrante, pero no me pertenece; mi ciudad es Buenos Aires, con sus árboles prodigiosos, sus veredas rotas, sus colectivos coloreados, los rostros de los míos, de mis amigos, el fervor de Borges».

Silvia Barón Supervielle nació en Buenos Aires en 1934. Su madre murió a los dos años y ella quedó al cuidado de su abuela materna, prima del poeta uruguayo Jules Supervielle. De ellos recibió una educación en la cultura francesa. Hace unos meses, en abril de 2020, le dijo al periodista Francisco Álvarez Francese: «Yo escribía como si fuera un refugio, un juego en la soledad, pero, a pesar de que tengo muchos poemas escritos en español, en ningún momento sentí ni que mi destino fuera ser escritora ni que me iba a dedicar a escribir. Y llegué a Francia porque tuve una facilidad para comprar el pasaje: había venido a París sola, por un mes, en 1961 y, fijate vos, me quedé toda la vida».

En Francia vio la obra de la artista plástica Geneviève Asse y se sintió conmovida hasta la necesidad de poetizarla. Quiso imitar lo que sentía cuando veía esos cuadros. Le cuenta a Álvarez Francese que pensó «“si escribo en francés, que no conozco mucho, puede ser que esa dificultad me traiga algo”. Y mientras trataba de imitar una pintura totalmente abstracta, me puse a escribir poemas muy breves en un espacio muy grande, y me dio la impresión de que estaba, sí, acercándome a esa obra de pintura que había visto y, al mismo tiempo, que estaba creando poemas que ni me daba cuenta de que eran en francés: era diferente».

Así vinieron, entre muchos, Las ventanas (1977), Distancia de arena (1983), El agua extraña (1993), Ensayos para un espacio (2001), Alrededor del vacío (2007). Tradujo al francés a autores argentinxs como Silvina Ocampo, Borges, Macedonio Fernández, Pizarnik, Roberto Juarroz y Julio Cortázar. Y, al español, a Marguerite Yourcenar. El vínculo epistolar entre ambas escritoras dio a luz Una reconstitución pasional. Correspondencia con Marguerite Yourcenar (2011).

Los poemas de Barón Supervielle son pequeñas dagas. Potentes filos que juegan contra o con el silencio. Es como si lograra exprimir el lenguaje hasta su máxima expresión, hasta volverlo una poesía exacta. Arnaldo Calveyra en el prólogo de El agua extraña afirma: «Presiento que Silvia afina con silencio el instrumento en que ella misma se ha convertido». Dejo aquí unas muestras de aquello:


con tinta

se escribe

contra

los gritos

blancos

****

escribo el río

entre sus riberas

más allá

el río se arrojará

en el mar

no puede haber

otro allá

****

que nadie

me cierre los

párpados

quiero verte

perturbar

la eternidad

****

yo veo la mano

correr y la palabra

detenerse

yo vi la palabra

verme vendarme

los ojos

y retomar en

la línea apartada

su carrera

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