(«[SIC]»)Luciana Reif: “El desafío es meterse en ese lugar de incomodidad y volver para contarlo”

Los libros según sus autores. Literatura, industria editorial y actualidad en un mano a mano con escritores y escritoras argentinos.

Luciana Reif es poeta, socióloga, becaria doctoral del CONICET y docente universitaria. Tiene 28 años y ganó en España el prestigioso Premio Loewe a la Creación Joven con su segundo libro de poemas Un hogar fuera de mí, de Ediciones Continente.



Su poesía es intimista pero con un marcado interés en lo social. En la entrevista con («[SIC]»), la poeta remarcó: “Somos sujetos sociales y nuestras experiencias autobiográficas están atravesadas por lo social. Y creo que el libro toma bastante esta cuestión y esta voz”. Los textos cuestionan los roles de género y evidencian las desigualdades en situaciones cotidianas, pero con el foco puesto en la intimidad y en la reivindicación de la mujer como sujeto deseante.

Escribe poesía desde muy chica -su primer poema es de cuando tenía 10 años- pero el premio la tomó bastante por sorpresa. Fue elegida por la Fundación Loewe y la Editorial Visor entre más de 700 poetas de 32 países. “Jamás pensé que iba a ganar”, confesó entre risas, pero agregó: “Tenía conciencia de que había algo, que los poemas decían cosas que yo quería que sean escuchadas”.

Luciana halla la fuente de inspiración de sus versos en su experiencia cotidiana: un viaje en colectivo, ir a la cancha a ver a Racing, transitar Constitución, sus vivencias amorosas, hasta apuntes de la maestría. Para ella escribir poesía “es una cuestión existencial”. Posa su mirada desnaturalizada en los detalles y logra una poesía que atraviesa y da batalla.



Contanos Un hogar fuera de mí en un tuit/haiku

Un hogar fuera de mi es un libro que parte de la experiencia de una mujer sobre sus relaciones amorosas y su rol como mujer en la sociedad.


¿Cuál fue tu primer contacto con la escritura?

Yo empecé a escribir muy de chica. Mi primer poema lo escribí a los 10 años cuando empecé a viajar sola en colectivo. Iba desde Avellaneda, donde vivía con mis papás, a una escuela primaria en Lomas de Zamora. Me acuerdo que transitaba ese viaje en colectivo mirando a la gente, no había celular en ese momento y uno no boludeaba tanto. Observaba mucho, reflexionaba y escribía un par de versos. Creo también que a esa nena de 10 años que iba sola en colectivo, tal vez, seguramente, le daba mucho miedo y una forma de transitarlo era ir escribiendo.

Pero la verdad es que nunca le di demasiada entidad a eso que estaba escribiendo. En realidad, aunque no le di demasiada entidad, ese primer poema que escribí ganó un premio en mi escuela primaria. Ganó el segundo lugar. Y ahora que lo pienso, fue el primer premio de poesía que gané. ¡Re lindo eso!


¿Por qué elegiste ser socióloga?

Desde chica, entre los 10 y los 18, escribí de manera autodidacta. Cuando empecé a pensar en hacer una carrera universitaria no eran las letras las que me convocaban para mi formación. Y fue por eso que empecé a hacer Sociología, que es como mi segundo lugar. Los dos, tanto la poesía como la Sociología, son lugares en los que siento que hay un reconocimiento y una felicidad.


¿Cómo se cruzó la poesía con tu formación académica?

Al segundo o tercer año de carrera empecé a hacer taller de poesía, con Osvaldo Bossi, y ahí fue que empecé a conocer esto que llaman la voz propia del poeta, que  parece medio trillado pero existe. Básicamente, era encontrar mi lugar cómodo e incómodo de la escritura. Ese espacio de la comodidad e incomodidad al mismo tiempo, que genera una sinergia re interesante.

Creo que la vinculación con la Sociología llegó más en este último libro, que es donde logro ver la experiencia de la mujer. En esa voz en primera persona de los poemas es donde aparece mucho la mezcla con lo social. Pero ahí me parece que no es una mezcla que aparece con lo social desde el lado teórico, si se quiere, sino más bien experiencial.

Somos sujetos sociales y nuestras experiencias autobiográficas están atravesadas por lo social. Y creo que el libro toma bastante esta cuestión y esta voz. Hoy más que nunca, con estos últimos años de auge del feminismo, la autobiografía está cruzada todo el tiempo con las cuestiones sociales.


¿Cuáles son tus disparadores para escribir?

Creo que es una necesidad prácticamente existencial. Por ejemplo, siempre me molestó mucho la crítica social a la maternidad en el sentido de una completa abnegación de la madre hacia sus hijos y también me interesa esta vuelta de tuerca de por qué la mujer no puede tener odio, por qué la mujer no puede tener sentimientos de violencia. La violencia, en general, es atribuida al hombre y la mujer me parece que también tiene ese lugar.

Son cosas sobre las que reflexiono y que las termino convirtiendo en poema. No es que digo "voy a escribir un poema sobre eso", pero los versos emanan desde ese lugar reflexivo que está en el día a día.

En definitiva, la poesía sí está en todas partes. Uno se puede nutrir de un montón de cosas y esa es la potencia de la poesía. Uno tiene que tener esa mirada, si se quiere, esa tensión puesta ahí. Atención y tensión, las dos cosas.


¿Cómo fue el proceso de escritura de Un hogar fuera de mí?

El proceso de escritura de este libro fue tremendo y maravilloso a la vez. Los poemas son como muy intensos, muy tremendos. Sobre todo, muchas veces, a nivel familiar. Expongo bastante y mi familia se ha quejado un poco.

Realmente no me fue fácil escribir los poemas. Sí hay interés, dudas, interrogantes, reflexividad, pero no es que digo "voy a escribir un poema sobre la sexualidad de mi mamá". De repente surge ese verso y muchas veces, que a mí me parecía una locura, yo me asustaba de lo que estaba escribiendo. Me decía: "Bueno, pará un poco porque de esto al delirio hay un paso". No entendía cómo me podían salir esos versos.  

De hecho, una periodista me dijo que en uno de mis poemas se lee una relación incestuosa con mi mamá y ese tipo de lecturas, a mí, en realidad, me dan miedo y me encantan, al mismo tiempo. Todo lo que sea rupturista y todo lo que genere ruido me parece que es potente y que es bárbaro.

Yo pienso que la poesía no tiene que ser algo pasatista, al menos no me interesa la poesía pasatista. Pero sí, muchas veces, tuve que  frenar y darme un tiempo.


¿Creés que la lectura de tus poemas fue marcadamente autobiográfica?

Sí, de hecho, mi profesora, Paula Giménez España, que es con quien corregí el libro, me preguntó si yo tenía contacto con mi papá. Yo con mi papá almuerzo todos los domingos, me llevo bárbaro, lo amo.

Pero los poemas tienen una visión, si se quiere, como más fantasmal, la realidad está llevada a su punto más fantasmal o más exagerado. No responde totalmente a mi cuestión autobiográfica.  

Hay una poeta que a mí me encanta, que se llama Sharon Olds, que dice que para escribir hizo un pacto con el diablo para romper con sus padres, y para mí hay algo de eso. A veces uno levemente entra, da un paso hacia la locura, entre comillas, pero siempre tiene que volver de ese lugar.

Creo que el desafío es meterse en ese lugar de incomodidad y después volver para contarlo y para seguir viviendo. Porque uno, en definitiva, hace las compras, paga las cuentas. Eso lo sigue haciendo.


¿Cómo fue que decidiste presentar el libro para competir por el Premio Loewe a la Creación Joven?

A mí me pasaba, tal vez poco humilde de mi parte, de tener la conciencia de que había algo, que los poemas decían cosas que yo quería que sean escuchadas.

Me pasaba que creía que yo acá estaba diciendo algo más -como por ejemplo en el poema sobre la sexualidad de mi mamá o de la mujer en Constitución- que simplemente una cuestión estética. Y me interesaba que eso trascienda de otra manera. Si lo lograba, buenísimo, y si no, bueno… la vida.

A partir de esa fe que tenía en los poemas es que decidí mandarlo a premios. Lo mandé a varios. Lo más cómico es que yo lo mando a varios nacionales y a este de España, que era el premio de la Fundación Loewe. Yo ya sabía que no iba a ganar ese premio pero lo mandé por una cuestión estadística. Cuanto a más premios mandes más posibilidades tenés de ganar, no este pero sí otro. Para mí era, simplemente, una cuestión estadística.

No gané los nacionales -yo ya me había olvidado de este premio- y empecé a ver con una editorial independiente qué hacía con el libro, hasta que recibí la llamada de la gallega y yo no entendía nada. Pensé que era un chiste o una equivocación. Pero al final fue verdad, gané el premio. Fueron 10 días en Madrid en los que me sentí una rock star de la poesía.

                                          

¿Cuáles son tus referentes e intereses a la hora de escribir?

En cuanto a las poéticas, está Sharon Olds, que es una poeta norteamericana, muchas de la poesía feminista de ahora, como Susana Thénon o Juana Bignozzi. Y mucha poesía contemporánea de compañeras que escriben.

Eso por un lado, y por el otro lado, el registro de lo cotidiano que es un poco la poesía que yo escribo y la que me convoca. Sacarle la mirada obvia a los lugares que uno recorre. Eso me resulta muy interesante y muy inspirador. Viajar en colectivo, viajar en tren, ir a la cancha a ver a Racing con mi papá, pasar por Plaza Constitución. Me llama la atención la mirada sobre lugares no tan transitados o transitados y vistos de otra manera.


¿Cómo ves hoy la situación de la industria editorial?

Ahora, septiembre de 2018, está bastante complicada la cuestión a nivel económico. Hay muchos compañeros con editoriales independientes que hablan del gran aumento que hay. Esto hace más complicado algo que ya de por sí es complicado, que es vender poesía, que es un género menor, que no es un género mainstream, digamos, de consumo, no es un best seller, no es Coelho, no es un libro de autoayuda. Es un género que es difícil de ingresar al mercado. Entonces ya de por sí, es complicado.

Sin embargo, más allá de eso, también hay una realidad y es que hay muchísima más gente leyendo poesía últimamente. En eso las redes sociales ayudan bastante. Hizo que mucha gente que antes no leía poesía, o que tenía otra visión de la poesía, se acerque a la poesía. No sé si eso, necesariamente, redunda en que la gente compre más libros. Pero bueno, uno puede hablar de una especie de reciprocidad entre ambas cosas: que tarde o temprano la gente se termine acercando a los libros de poesía.  

El lápiz verde