(«[SIC]») Valentina Vidal: “La escritura fue un camino a puro deseo”

Los libros según sus autores. Literatura, industria editorial y actualidad en un mano a mano con escritores y escritoras argentinos.


Llegó puntual a la cita. No era un día muy amigable y, sin embargo, Valentina Vidal, irradiaba buena onda. Ya me había parecido genial que le cope la idea de hacer la entrevista y fue más que amable a la hora de coordinar horarios. Sentíamos que iba a ser una linda entrevista, y así fue.

La autora de Fuerza Magnética, editada por Tusquets, nació en Buenos Aires en 1970. Estudió Música —fue bajista de varias bandas— hasta que la vocación por la literatura “irrumpió” en su vida y ya no quiso dedicarse a nada más.

Lectora desde siempre, es editora de la página web de reseñas “Solo tempestad” y fanática de Roberto Bolaño.

Varios de sus relatos fueron publicados en diferentes revistas literarias y antologías. Su primer libro, Fondo blanco —una edición de cuentos fantásticos y de terror— fue publicado en 2013 por Llanto de Mudo Ediciones. Participa de lecturas colectivas y da talleres de escritura creativa.

Fuerza Magnética es su primera novela. Cuenta la historia de dos amigas y empleadas de una clínica en pleno derrumbe. Las miserias que trae el miedo a perder el trabajo, la enfermedad, la negligencia, los enfrentamientos, la traición, el amor, la mercantilización de la salud, los vínculos y la enfermedad que todo lo toma. Una novela dolorosamente actual.




¿Cuál es tu primer recuerdo con libros? ¿Qué leías?

Mis viejos me empezaron a regalar la saga de El príncipe valiente, que son novelas de aventuras. De hecho, de ahí salió el nombre de mi hermana del medio, que es Aletha, que era el amor del príncipe valiente, y quiere decir verdad, en griego. Ese es el primer recuerdo que teng o específicamente con los libros.

Después me empezaron a regalar otras cosas: Rayuela; Demian, de Herman Hesse. Mis viejos fueron los que me llevaron a leer. Mi papá tenía una gran biblioteca y de ahí iba agarrando cosas.


¿Cómo te convertiste en escritora?

La verdad es que fue un camino a puro deseo porque yo escribía cosas pero no tomaba conciencia de la profesión, ni del del oficio, ni tenía una aspiración a ser escritora. Me gustaba escribir.

En la época en donde se usaba más los mails, escribía mails que eran una cosa larguísima y los receptores de los mails me empezaron a decir: “¿Y si te hacés un tallercito?”. Y así fui llegando, digamos, leyendo y escribiendo.

Un día empecé un taller y empecé a escribir cuentos y me agarró el bichito de empezar a profesionalizarme, a aprender. Hice un montón de talleres y empecé a tomarlo como algo que me gustaba mucho y tomó un lugar muy protagónico.

Yo siempre había estudiado Música. Tuve bandas, tocaba el bajo y cuando entró la literatura así con todo en mi vida, me olvidé y ¡Fuera la música! Fuera todo lo que me quitara tiempo para escribir y para leer.


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¿Algún libro o autor/a favorito/a? ¿Leés mucho?

El autor que más me gusta es Roberto Bolaño pero después hay pilas, pilas de autores. Gabriela Cabezón Cámara me parece increíble, Dolores Reyes con Cometierra, Mariano Quirós me parece un autor tremendo, Hernán Ronsino. Hay muchos autores que me gustan y leo un montón. Y también gracias a reseñar en “Solo tempestad”, leo muchos contemporáneos de editoriales independientes y realmente hay cantidad de autores y autoras que son muy interesantes.


¿Cómo elegís un libro para leer? ¿Leés reseñas?

A veces, sí. Cuando estás inmersa en un mundo te vas dando cuenta de cosas o un amigo te hace un comentario: “¿leíste tal o cual libro?” Hay mucha comunicación entre la comunidad de escritores y hay títulos que empiezan a resonar. Ahí te interesás y vas y lo comprás.

También puede ser que conocés al escritor o la escritora y te interesa por lo que comunica tanto desde las redes como notas y decís: “bueno, me interesa leer a esta persona”, y vas llegando.

Son como múltiples los caminos.


¿Qué es lo que más te gusta?

Géneros específicos… bueno, me gusta la narrativa realista pero también me gusta mucho leer terror y fantástico, me divierte.


¿Cómo fue el proceso de escritura de Fuerza Magnética?

Yo había publicado un libro de cuentos en el 2013, que eran más bien cuentos fantásticos, medio de terror, y después empecé a escribir esta novela, los primeros borradores, y la trabajé un montón.

Hice una clínica con Federico Falco, había llevado un montón de borradores de esta novela —que también en un principio la había pensado como un libro de cuentos dentro de un mismo universo— y cuando la empecé a trabajar más profundamente me di cuenta de que eso no funcionaba y la reescribí completa.

Una vez que la tuve lista, ahí dije, con mucho pudor “ahora sí está para mandar a editoriales” y ahí fue que la mandé a Tusquets y, para mi sorpresa, me dijeron “Sí, te vamos a publicar”.


¿Cómo te organizás para escribir? 

Eso es complicado porque tengo un trabajo de 9 a 18 horas y para leer uso mucho los transportes públicos y los fines de semana o también antes de irme a dormir pero sí, hay que encontrar los huecos, hay que optimizar los tiempos libres. Lo mismo para escribir.

Una está escribiendo con la cabeza todo el tiempo pero sentarse propiamente a escribir hay que hacérselo dentro de las posibilidades de cada uno y bueno, ahí voy buscando los huecos.

No tengo ni lugar ni momento específico porque si hago eso estoy muy condicionada a escribir solamente en una hora si estoy en ese lugar.

Lo he intentado y muchas veces por ahí justo no te baja la musa (risas). Entonces hay que optimizar.


¿Cómo fue el paso de escribir cuentos a una novela? 

La había ideado como cuentos también, entonces se dio un proceso natural. La historia pedía una novela y haber pensado en una serie de relatos que estuvieran dentro de un universo ya tenían medio el formato de cuento. Son capítulos cortos, que empiezan y cierran pero es todo un argumento que es de novela. ¡Así que ahora me entusiasmé!

El proceso se dio de forma natural, no es que me obligué: “Tengo que escribir una novela”. Fue algo que vino solo.



¿Qué estás escribiendo ahora?

Empecé dos novelas que bueno... cuando salió el libro medio las paré porque eran como muchas cosas pero sí, estoy con una que es un poco policial y la otra que es como más fantástica, más de terror.


¿Cómo te llevás con las redes?

Bien, me llevo bien. Para promocionar el libro fue muy interesante porque hubo un ida y vuelta muy lindo, con muchos lectores y lectoras que me hicieron devoluciones, también colegas.

Ahora estoy en un momento en que a las redes las estoy tomando más para lo laboral, en algún momento fue también muy personal, de estar posteando y diciendo cosas y ahora estoy repartiendo un poco más ese tema porque a veces es un poco como tóxico, ¿no? si uno está muy inmerso en las redes.


¿Cuál es tu canal predilecto de comunicación? 

Tengo épocas. Ahora estoy más con Instagram pero tuve una época de fanatismo con Twitter que, por suerte, se me pasó porque crea dependencia.


Tu novela trata, entre otras cosas, de la crisis de una clínica privada y el miedo a quedarse sin trabajo, que hoy es un tema que nos interpela a todos. ¿Qué te llevó a situar la acción en un escenario de ese estilo, un micromundo en pleno derrumbe? 

Me interesaba mucho narrar sobre los vínculos atravesados por la casualidad y la causalidad. Yo trabajé mucho tiempo en una clínica con estas características y ver cómo se van modificando las relaciones, cómo los compañeros, o uno mismo, ante la desesperación por la posible pérdida del laburo, de acosos laborales, cómo va reaccionando, cómo sale la naturaleza humana frente a una situación límite como esta.


¿Hay algo de autobiográfico en el relato?

Fueron muchos años que pasé ahí adentro, entonces lo conocía bien. Los personajes son ficticios pero hay muchas cosas que están tomadas de ahí y la verdad es que fueron vivencias muy complicadas, donde no es que termina el horario laboral y cortás con eso, sino que es una constante.

Los trabajos en crisis tienen eso, es una rueda que no termina de girar nunca hasta que el lugar desaparece o te vas.

Entonces, me parecía un escenario interesante para narrar algo así.

Todos tomamos ciertos elementos autobiográficos y después vamos creando sobre ese piso. Algo tiene que conocerse para poder escribirlo.


¿Fue duro escribir sobre algo tan cercano?

Hubo períodos de escritura complicados, toda la parte del personaje de Alina que es una empleada de la clínica, y al ser diagnosticada dentro de la misma clínica, pasa a ser paciente. Atravesar todo ese tránsito de tratamientos, de miedo  de incertidumbres, me parecía que se podía decir algo desde un cuerpo que estaba enfermo y cómo está mirando otro cuerpo enfermo que es la clínica.


Hay mujeres fuertes y compañeras en la novela… ¿Fue deliberado?

Salió naturalmente. No fue que dije: “voy a escribir sobre la sororidad”. No, me surgió así. Seguramente la época que estamos viviendo, maravillosa, de feminismo y de la lucha por el aborto legal habrá influido.

Tengo muchas amigas buenas que, en los momentos críticos, siempre están, de una u otra manera y bueno, Gimena y Alina son esas amigas.

Gimena es la que reemplaza a Alina en su puesto y ella es los ojos de lo que está sucediendo en el edificio, de lo que sucede con los compañeros. Mientras, va asistiendo a Alina.

Me parece que es algo que se dio naturalmente, no fue pensado pero sí es verdad que el elemento femenino, las mujeres, digamos, están ahí: empoderadas.


¿Cómo vivís este momento de expansión y legitimación de la literatura escrita por mujeres?

Yo creo que es un proceso que se tendría que dar de una vez por todas. Hay grandes luchas para que eso suceda: como poner un poco en cuestión el canon también.

Hay muchas mujeres que escriben fantástico. Está Mariana Enríquez, Samantha Schweblin, Gabriela Cabezón Cámara, Selva Almada; realmente es una pena que no se den a conocer a esas escritoras por el solo hecho de ser mujeres.

Me parece que el proceso viene por varios lugares. Uno que nosotras dijimos ¡Basta! no hay diferencia por ser hombre o mujer ni en estilo ni en la escritura ni en calidad. Eso es un condicionamiento que han puesto los otros, que ha puesto también la industria en algún momento. Por suerte eso se revirtió, creo, que por todos los cambios que están pasando. Creo que por fin se está haciendo justicia.


¿Qué opinás de los concursos literarios?

Me parece que tanto las mesas de concursos como los jurados, los prejurados, ahora los organizadores se están fijando de que haya un equilibrio. No le quiero llamar cupo porque trae como muchas polémicas pero tiene que haber un equilibrio y eso tienen con quiénes hacerlo, no es que no hay y hay que sacar de la galera una escritora que no merece estar ahí. Si no que sí hay y tienen que estar al frente.


¿Qué lugar ocupa la música hoy en tu vida? 

La música siempre me acompañó, desde muy chica. Ahora la tengo como para escuchar, estoy todo el día escuchando música. En algún momento pensé que era mi vocación pero cuando entró la literatura en mi vida me di cuenta de que una vocación entra con una pulsión muchísimo más fuerte de la que yo tenía en la música. Entonces, el lugar que ocupa ahora, el que tengo yo con ella, es el de escucha, de disfrute.


¿Cómo ves la situación de la industria editorial argentina?

Ahora estamos pasando una de las peores crisis de la historia de la industria del libro. Creo que se está vendiendo menos del 50% de lo que se vendía el año pasado. Ni hablar del papel y las imprentas, que es todo en dólares.

Se están vendiendo pocos libros porque claro, entre un libro y un plato de comida, no hay mucho que elegir y eso es una pena porque un país que no puede leer es un país que queda muy permeable a ser dominado por cualquier persona no grata.

Espero que esto se modifique. Hay ideas, el tema es que las acepten y que el Estado ponga el ojo acá porque la cultura es algo muy importante para todos.



 

 

 

 

 


Rouvier