¡Seguimos luchando!

OPINIÓN. Lourdes González, referente de Oleada Feminista, manifiesta: "Seguimos luchando por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, el cupo laboral travesti-trans, por una política integral de cuidados y por la Emergencia Nacional en Violencia de Géneros".

Por Lourdes González y Daniela Gerzonswit


A 5 años del primer “Ni Una Menos”, el movimiento de mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries en Argentina sostiene las principales redes de acompañamiento a personas que sufren violencia machista, y visibiliza los reclamos que atienden las desigualdades de género en nuestra sociedad. Seguimos luchando por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, el cupo laboral travesti-trans, por una política integral de cuidados y por la Emergencia Nacional en Violencia de Géneros.

Los primeros años se masificó en las calles un grito ahogado desde hace siglos: “Dejen de matarnos”. Los femicidios comenzaron a nombrarse como lo que eran, asesinatos machistas. Con el tiempo, la movilización del 3 de junio se politizó y por ende dejó de ser atractiva para los canales de noticias. Sin embargo, desde las organizaciones se supo convocar e interpelar a miles de personas que profundizaban día tras día su contenido. Se abandonó la perspectiva punitivista y se reclamó por la efectiva implementación de la Ley de Educación Sexual Integral (ESI) en todo el país. Fue entonces que se construyó la movilización desde las asambleas en facultades, lugares de trabajo, barrios populares y sindicatos. La coyuntura nos llevó rápidamente a la resistencia de un gobierno que nos golpeaba como pueblo y como movimiento. Pero a la vez que empeoraba nuestras condiciones de vida a un ritmo peligroso, multiplicamos nuestros frentes de lucha. Nuestras ideas fueron transversalizadas a tal punto que lograron conquistas históricas como la discusión del acceso al aborto, tanto en las Cámaras legislativas como en el conjunto de la sociedad. A partir del 2019, muches de les que motorizamos e impulsamos estos espacios nos encontramos poniendo nuestra cabeza y nuestro cuerpo en la pelea electoral. Teníamos claro que el movimiento feminista también debía priorizar esta disputa, ya que no era posible avanzar con mayores conquistas sin un gobierno que acompañe nuestros reclamos con políticas públicas. Triunfamos. Cambió el gobierno, se creó el Ministerio de la Mujeres, Géneros y Diversidad. El Ministerio de Salud recuperó su estructura de ministerio y se posicionó a favor de la legalización del aborto, al igual que el nuevo presidente Alberto Fernández. Incluso muchas compañeras pasaron a formar parte del Estado.

Quienes nos reconocemos en el abrazo, en la calle, en asambleas codo a codo, en las intervenciones artísticas, con nuestros cuerpos y nuestros cantos tomando el espacio público, hoy nos encontramos en medio de una pandemia mundial que nos obligó a atravesar un aislamiento social sin precedentes. Nuestros métodos se ven imposibilitados, a la vez que nuestras problemáticas históricas se recrudecen y las tareas de cuidado doméstico y de la comunidad que nos fueron históricamente asignadas se ven multiplicadas. La crisis sanitaria nos encuentra saqueadas y endeudadas por los representantes del capitalismo financiero que nos gobernaron los últimos años. El vaciamiento del Estado nos tiene a las trabajadoras esenciales haciendo esfuerzos de solidaridad desmedidos a costa de la precarización de nuestras vidas. Mientras tanto, el pequeño sector más rico de nuestra sociedad patalea por no pagar el impuesto a las grandes fortunas. Al mismo tiempo que despide y reclama subsidios al Estado, nosotres nos encontramos en las trincheras con el objetivo de garantizar la alimentación y cuidado de millones de personas.

Las medidas de aislamiento social, preventivo y obligatorio tomadas a raíz de la pandemia atraviesan brutalmente a las víctimas de violencia de género. Profundiza, agrava y aumenta los casos en los que las militantes del feminismo popular y las promotoras en prevención de violencia de género debemos poner el cuerpo para abordar de manera integral a cada persona que lo necesite. Al mismo tiempo, encarna nuestro espacio de debate y nos permite sostener en cada ámbito de discusión nuestra posición política para lograr que cada acción desplegada desde el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidades para asistir, prevenir y erradicar la violencia machista sea con la perspectiva territorial de los sectores más vulnerables. Es en estos lugares donde bien sabemos que el acceso a la información, llegada a los resortes estatales para concientización, asistencia y prevención se dificulta.

Las feministas tenemos un rol central en la construcción de poder popular. Todo lo que hemos avanzado tiene que ser defendido en cada institución, espacio comunitario, sector del estado o espacio cultural. Pero aún sigue pendiente nuestra tarea más grande: feminizar la política, transformar la cultura patriarcal, visibilizar todas y cada una de las violencias cotidianas y seguir estando en cada espacio que nos corresponda, en todos los lugares de decisión y poder que nos han sido sacados.


Sobre la autora: Lourdes González es referente del colectivo Oleada Feminista

El lápiz verde