Salud docente: ¿Qué esperan para suspender la presencialidad?

OPINIÓN. La OMS fijó un claro criterio en septiembre de 2020: la presencialidad debe suspenderse en aquellas áreas con una transmisión intensa de COVID-19. ¿No es acaso esa la situación actual en el AMBA?

A principios de marzo, el viejo mundo nos trajo algunas noticias que aquí, en nuestro país y de manera interesada, pasaron desapercibidas. En Francia y en Alemana se suspendieron las clases presenciales, en un contexto de rebrote de casos de coronavirus. Portugal siguió el mismo camino. 

En Francia, por ejemplo, alrededor de 120 escuelas recibieron la orden de suspender las clases el 2 de marzo, en su mayoría en las regiones de Bretaña y Oise, al norte de París, muy afectadas por el coronavirus, según explicó el ministro de Educación de Francia, Jean-Michel Blanquer. En Alemania se dio algo similar. 

Más recientemente, el presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, anunció la extensión de las clases virtuales al menos hasta el 3 de mayo, luego de una reunión con el Grupo Asesor Científico Honorario por el aumento de casos de coronavirus. La clases presenciales también fueron suspendidas a finales de marzo. 

¿Y en la Argentina? Todo al revés. A mediados de febrero, en su afán marketinero de diferenciarse del gobierno nacional, el jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta decretó el regreso a las clases presenciales. El resto de los distritos, aunque con importantes diferencias, se fue sumando a la medida. Los chicos volvieron a las aulas y, no casualmente, los casos de coronavirus comenzaron su curva ascendente. 

Hoy, la Argentina se encamina a repetir el mismo desborde sanitario que sufren otros países de la región, pero a pesar de ello, las escuelas siguen abiertas. ¿Quién piensa en los docentes que están exponiendo su vida y la de sus familiares día a día? ¿Por qué no tienen repercusión los casos de coronavirus que inundan las aulas y que demuestren que cuando el virus se expande en una ciudad, el aula no puede nunca funcionar como escudo impermeable? 

La pregunta que hay que hacerle al ministro Trotta y por extensión, al presidente Alberto Fernández: ¿no era acaso este gobierno, el de los científicos? La OMS, entidad rectora a nivel mundial en la lucha contra la pandemia, ya dejó en claro su posición con respecto a las clases presenciales. En septiembre de 2020, su director general, Tedros Adhanon Gebreyesus, sostuvo: "Todos queremos que los niños regresen a la escuela y todos queremos que las escuelas sean sitios seguros”, y subrayó que la decisión de cerrar los centros educativos debe ser “un último recurso, temporal y sólo debe implementarse a nivel local en áreas con una transmisión intensa de COVID-19”.

¿Acaso con los índices que muestran la ciudad y la provincia de Buenos Aires es sostenible mantener las escuelas abiertas? ¿Qué argumento científico se puede dar para aferrarse a una decisión de ese tipo? Es hora de volver a escuchar a la ciencia. 

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