Rumbo y crédito

Por: Carlos Leyba

En el diario La Nación (viernes pasado) el periodista José del Río, de muy buena llegada al poder PRO, publicó una nota que encabeza el diario y da cuenta de los enojos y optimismos del Presidente. Es la nota que más claridad ha puesto acerca de lo que Mauricio Macri llama “el rumbo”. No deja dudas.

Los enojos se concentran en la diferencia entre, como dice Macri, cómo nos ven desde afuera y lo que dice, según Mauricio, una minoría local que a su criterio siempre está buscando lo negativo. Afuera los elogios, adentro las críticas.

El Presidente sostiene que afuera nos ven bien, nos ven crecer, avanzar, progresar. Y desde adentro sólo hay críticas, enfados, mentiras, bla, bla, bla. Varias cosas para señalar. Es habitual que los presidentes argentinos (y de cualquier lugar del mundo, salvo excepciones) sean recibidos y halagados en sus visitas protocolares en el extranjero: eso es la diplomacia.

Tenemos ejemplos dramáticos. Recuerde que antes de la alianza estadounidense con Gran Bretaña en la Guerra de Malvinas, un jefe militar yankee llamó al impresentable Leopoldo Fortunato Galtieri “General Majestuoso” (capaz de despertar admiración y respeto por su grandeza).Guau. Pocas horas después ayudaban a la derrota militar previsible desencadenada por ese personaje siniestro y sus colaboradores. No había ni admiración ni respeto y por cierto nada parecido a la grandeza en ese personaje. Mentiroso yankee.

Carlos Menem -alguien que no está preso gracias a la interpretación que de los fueros hace el Senado y que lleva sobre su espalda la responsabilidad de la deuda, el deterioro social, la destrucción del aparato productivo, etc.– a pesar de esas responsabilidades, fue el primer presidente (de cualquier Nación) que habló en la reunión del FMI tratado como un “campeón”.

La conclusión es obvia: en las relaciones diplomáticas, si te reciben,no sólo no te tratan mal sino que rige el principio “do ut des”. Te doy en pos de la reciprocidad de lo que espero que me des. El trato en el exterior, a un presidente, es educado y hasta generoso.

Jamás se puede comparar, y menos en público, el trato que han tenido con el presidente en el exterior con el que recibe en el país. Es que son situaciones incomparables. Y al hacerlo, se pierde.

El enojo con lo locales por el amor profesado por los de afuera obligará a dar explicaciones. Por ejemplo, ¿cómo demostrarán el amor Rusia, los hombres de Davos y de Francia? Obras son amores. Francia dijo “carne no”, los hombres de Davos siguen sin invertir y los rusos nos esperan en Moscú. ¿Las comparaciones son odiosas? Mas adelante veremos qué están sintiendo los argentinos por Mauricio y su gobierno. Sentimientos.

Frente a estos sentimientos menos amables que los de los líderes europeos, lo que conforta al Presidente, del Río dixit, es que “al modelo australiano no se llega en dos años. Sólo hay que tener paciencia”

Macri no promete el “modelo australiano” inmediato y apuesta a la “paciencia”. He ahí el modelo a imitar. En Australia, la última fábrica de autos cerró en 2017 y ya no tiene más industria automotriz. Nosotros ya tenemos poca. ¿Iremos hacia el debilitamiento o al fortalecimiento de esa industria? El trayecto australiano no es auspicioso. Son empresas multinacionales. Si no funcionan aquí funcionan allá. Pero los trabajadores son “intrasladables” y, en parte, lo son los proveedores. ¿Será un anuncio? Esperemos que no.

Australia optó – después de un largo periplo de industrialización – basar su crecimiento, me refiero a los aumentos de producción y productividad sistémica, en la explotación de sus recursos, naturales apalancada por su proximidad a China,  ávida de recursos.

Australia, según el BM en 2005, tiene 4 veces el nivel de recursos naturales que los que dispone la Argentina. Seguramente en ese cálculo hay una subestimación de Vaca Muerta –cuyo costo de extracción requerido (7 U$S el MBTU) por ahora supera los precios del mercado internacional– y una desconsideración de nuestro potencial energético eólico y solar.

Imagino que pensando en las subestimaciones del BM, Macri está convencido que el rumbo del país puede ser Australia y él lo desea. Hoy en Australia los turistas argentinos, entre otras cosas, se sorprenden de lo barato (para los argentinos) que es comer allí. Tipo de cambio. Sigamos.

Mauricio dice: “El mundo demanda energía eólica y tenemos los mejores vientos en la Patagonia. Se busca litio y nuestra puna tiene todo para crecer. La producción de shale gas y de energía solar sigue avanzando y el turismo será sin dudas la gran locomotora del país” (…) “La economía real girará sobre estos ejes y no sobre los que mueven hoy la agenda de los medios”.

La primera parte de la cita es “el futuro” –para Macri– y la segunda es el presente que los argentinos -los medios, los empresarios que hablan (generalmente callan) y los sindicalistas que hablan (muchas veces balbucean)– transpiran o sufren.

Los ejes de Macri están en el futuro, y no son los ejes de los ciudadanos de a pie que están en el presente. Por ahora, y más allá de las inversiones que hay –es cierto–, en esos rubros ni Vaca Muerta, ni la eólica ni la solar ni el litio mueven el amperímetro. Puede que lo hagan. Pero no de aquí a, digamos, dos años. Por eso Macri pide “paciencia”. Mirar las inversiones licitadas en México … amperímetro

Puede gustar o no. Pero ahora, si Del Río no miente en su nota, todo está claro, más allá de que estamos en camino de serun país con muchos convictos (como lo fue Australia en su inicio Occidental) que algún día dejarán de serlo, el nuevo rumbo PRO parece ser Australia. Se lo concibe en base a la adición, al trabajo de nuestros recursos naturales explotados, del sol y el viento, el litio, el shale gas y el turismo.

Con paciencia. Sobre todo respecto del turismo. Por ahora en el rubro tenemos un déficit de 10 mil millones. Y no es una cuestión de aviones. Invertir ese déficit y hacerlo superávit es posible. Pero no probable. Es más, siguiendo las palabras del Presidente, allí tenemos una mega contradicción. ¿Cuál? La apreciación del peso, según Macri.

Para marcar que todo “ya empezó”, Del Río anota que el litio atrajo “inversiones por US$ 1500 millones” y se podrá mas que triplicar la producción actual. Pero eso, que esta muy bien, en plata no mueve el amperímetro. “En energías renovables se buscará multiplicar los proyectos de inversión”. Muy bien. Pero, por ahora, nada nos dice que estamos preparándonos para desarrollar nuestra “industria eólica y solar”, que no es lo mismo que importarlos sin integrarnos a ese desarrollo siendo como somos la región con más potencial en esa energía.

“El turismo será nuestra principal locomotora”, dice Del Río que dice Macri. Difícil que esa locomotora tire de tal manera de absorber el crecimiento de la población, el desplazamiento del empleo de consuelo instalado en el sector público y la masa enorme de desocupados y beneficiario de planes. Difícil.

La síntesis es que “el  modelo” revelado es aprovechar lo heredado del Creador, porque allí está la fuente de nuevo valor agregado. Lo que nos ofrece la naturaleza, bellezas, viento, sol, litio. Toda una definición.

Para dejar todo bien claro, Macri dio un mensaje final: “Nadie quiere abrir las importaciones, pero en 2017 se compró el doble en Chile de lo que llegó por la vía formal”. Macri sostiene que “la gente” importa vía turismo y, entonces, sugiere que debemos abrirnos a la importación de manufacturas. Bueno y barato hay en el mundo.

Mauricio, seguramente sin saberlo, repite el eslogan del socialista Juan B. Justo de principios del SXX: que vayan los barcos llenos de las cosas nuestras y vuelvan cargados con las manufacturas europeas que son “mejores y mas baratas”, para que nuestros trabajadores vivan mejor. Mauricio quiere barcos con manufacturas y aviones que lleguen con turistas (que disfrutaran de la energía limpia) y nosotros mandaremos, además de las primarias de siempre, mucho litio.

El periodista Del Río tuvo la virtud de la claridad y la síntesis. Macri fijó un rumbo. Podemos no estar de acuerdo. Pero no podemos negar la precisión. Al país no le hace falta nada más que salir a vender esta naturaleza generosa y lo demás vendrá por añadidura.

Nadie lo había dicho tan claro y nadie tuvo tanto entusiasmo en transmitirlo. El problema es hoy. Antes que se materialicen los beneficios de este rumbo, el neto de importaciones de manufacturas nos está costando 40 mil millones de dólares anuales. El rumbo revelado es aumentar ese deficit y cubrirlo con turismo y minería y –en el mientras tanto– deuda.

Pero para Macri “el endeudamiento tendrá límite, pero también el gasto, y eso hay que saberlo”. Para el Presidente, detener el crecimiento de la deuda no es una cuestión de estructura económica o de comercio, se trata de reducir el gasto público. Afirma que las tarifas van a seguir su curso, ¿pero alcanza? ¿El litio, el viento el sol, el turismo, van a ocupar a los que reciben subsidios mas el empleo público excedente? La respuesta final a toda orquesta fue “el peso se va a apreciar”. Va a ser mas caro en dólares venir y más difícil exportar.

¿Cierra el modelo con sol, viento, litio, gas, turismo y dólar barato?

Lo que no alcanzamos a ver los criticones locales es que, en el modelo PRO, están los “emprendedores” que, según Mauricio, reemplazarán a la camada de empresarios que hizo negocios con el Estado. No es importante, pero uno de los “emprendedores” grandes tuvo problemas con la AFIP; y algunas interpretaciones favorables y la decidida defensa de Macri a todo emprendedor que se precie, transformó a los emprendedores en los que, a pesar de ese problemita, no hacen negocios con el Estado. Negocios, impuestos, normas, bla, bla, bla.

Pero esos, sigue Del Río,los emprendedores han de superar a los científicos que entienden que “su curiosidad” es un mérito. No, para Mauricio no hay mérito científico en la curiosidad. Los emprendedores buscarán la ciencia aplicada para “conseguir nuevas patentes y lograr avances en materia de salud”

Finalmente, y como siempre, además de estas definiciones en el rumbo, la clave del avance está en el desarrollo de la “logística”, la que él asocia a Hugo Moyano, que es quién la encarece y por eso Macri apunta a la “reforma laboral” … como otra de las prioridades. Menú completo.

Todo para el futuro. Pero, ¿cómo estamos hoy después de 2 años de camino para poder mantener alimentada la paciencia? Veamos.

La frase “estamos mal, pero vamos bien” la hizo famosa el tercer ministro de economía de Carlos Menem, el contador Erman González. Hasta entonces un desconocido.

Después de seis meses de gobierno menemista asumió el cargo. La situación era desastrosa. Y reconocerlo públicamente, en el discurso pronunciado por televisión, le valió un cambio radical de las expectativas. Lo que, lamentablemente, no sirvió de mucho; pero fue mejor que lo que hubiera sido lo contrario que es lo que estaba generando la sola observación de los hechos sin interpretaciones. Los hechos decían que las cosas iban de mal en peor.

González dijo la verdad, “estamos mal” –lo que todos sabían–, y le agregó una promesa o un pronóstico, basada en una verdad irrefutable que era lo mal que estábamos. Es más, si hubiera dicho “estamos bien” –contradiciendo la realidad–, la mayor parte de la opinión pública hubiera esperado que las cosas “irían peor”, porque la mentira no habría servido para maquillar una realidad accidentada.

No haber contradicho la verdad, al desconocido Erman, le abrió crédito. Y en política el crédito, como en la vida, tiene fecha de vencimiento y costo. Erman y su promesa no duraron mucho. Y el pronóstico se hundió en la realidad que es una devoradora de promesas y pronósticos.

El presidente Mauricio Macri, muñido de una organización estadística ad hoc obra de Nicolás Dujovne, luego de su gira europea, encaró al toro de la crítica. Y no uso la frase de Erman. Evitó decir “estamos mal” seguido de una promesa optimista. Afirmó que estamos bien y que estamos mejor y que vamos bien.

Hay afirmaciones comprobables. Esas son las del presente y las relaciones del presente con el pasado. Otras afirmaciones, las que tienen que ver con el futuro, sólo pueden ser leídas con las lentes de la confianza o la desconfianza. En política importa el “estado de la confianza” de la opinión acerca del futuro porque da crédito.

Veamos el presente. La opinión pública –que es tornadiza– medida por las consultoras, aún las mediciones de las que tienen empatía con la Administración, en este amanecer de 2017 manifiesta una caída del optimismo, un descenso de las expectativas y una caída de la aprobación de la gestión.

La “película” de la opinión viene en descenso.  Desde la perspectiva de la “opinión pública” nadie podría decir “estamos mejor” respecto de los últimas mediciones. Es más, el declive de “lo bueno” en materia de opinión pública viene de largo. La dinámica no es alentadora.

Pero “la foto” es preocupante. Al menos debería serlo.Los que ven mal la situación económica presente –a nivel nacional– superan a los que la ven bien. Pero los que la ven bien son apenas un quinto de la población. Poco crédito.

Pero un tercio imagina un futuro mejor. Lamentablemente, los dos tercios restantes no militan en el optimismo. En estas condiciones, ¿suma decir que “estamos bien”?

Puede que sea cierto y que la opinión no lo vea, no lo sienta. Que la percepción no sea correcta. Pero, en ese caso, los números que la contradicen deberían ser contundentes. ¿Lo son? Veamos.

Hoy, enero de 2017, el PBI por habitante es menor que el de hace 6 años. Eso es sencillamente espantoso. Atascados. La economía en seis años creció cero. Cierto, cuatro años son K y solo dos años son M.

Pero, más allá del mérito de haber regresado a los niveles de hace seis años, no hay duda que ese regreso al pasado dice a los gritos que “estamos mal”. El déficit de cuenta corriente del balance de pagos de 30 mil millones de dólares es el doble del de 2016 y que el de 2015. El déficit de comercio industrial (exportaciones menos importaciones industriales) es de más de 40 mil millones de dólares; y además nuestras exportaciones tradicionales no han podido compensarlo.

Para los ojos que quieren ver, esto pone una luz de alarma en las planes estratégicos de este gobierno. ¿Alcanzará alguna vez una economía especializada?

En 2017 las exportaciones totales estuvieron por debajo de las de 2011. El déficit de la balanza comercial es récord. Gastamos (neto) cerca de 10 mil millones de dólares en turismo y se “atesoraron” más de 15 mil millones de dólares. Claramente son números que no son buenos y que no son fáciles de sostener… salvo que sea endeudándonos.

La pregunta, entonces, para hacer es ¿por qué nos endeudamos?

La relación déficit fiscal (primario más financiero) a PBI, es más baja que la de 2016 pero más alta que la de 2015 como consecuencia del crecimiento del PBI y de una reducción en el déficit primario. Pero el número está cerca del 8 por ciento del PBI con un cuasi fiscal preocupante.

La inflación es alta. Menor que en 2016 y 2015. Pero adeudamos todavía ajustes en los precios relativos que, una vez realizados, presionan al alza de los precios. El empleo privado y las cifras de inversión, además de estar por debajo de cualquier objetivo de política transformadora, no superan de manera importante los niveles del pasado. 

Esta es básicamente una foto. Seguramente faltan algunos personajes destacados de la vida económica que tal vez podrían mejorarla. Pero básicamente están los principales.

“Estamos” corresponde a una foto. Como dicen los jóvenes, “es lo que hay”. La foto habla por sí misma, pero sólo de lo que estamos viviendo. Nada nos dice acerca de lo que hemos vivido y mucho menos acerca de lo que iremos a vivir.

Naturalmente la foto es “este instante”, el fotograma de una película que se compone de lo que pasó y que se abre a lo que va a pasar hasta que diga “Fin”. “Mejor” o “peor” responden a una comparación y obligan a identificar con qué nos comparamos.

Si elegimos el peor momento de cada variable seguramente podemos decir que la foto de hoy es “mejor”, y si elegimos, por el contrario, el mejor momento previo, la foto de hoy puede decirnos que estamos peor. Casi como aquello de “nada es verdad ni es mentira y que todo es del color del cristal con que se mira”.

Pero la foto, el cómo estamos, tiene personajes que no dan bien, el nivel del producto por habitante es una manera de mirar el bienestar colectivo. Y con un poco de sensatez, cuando sabemos que un tercio de la población está en la pobreza o en el borde la pobreza, ese producto por habitante estancado nos dice que muchos están retrocediendo. No estamos mejor.

Cuando las cuentas externas nos dicen de nuestras falta de capacidad para competir y – además – cuando hacer turismo afuera es más barato, para los muchos que están bien, que hacerlo adentro; y cuando la desconfianza de los que tienen excedentes, los muchos que han ganado bien, los lleva a atesorar en dólares, hay señales más que evidentes que toda estrategia que lleve al atraso cambiario genera problemas futuros y es un indicador claro que ahí tampoco estamos bien.  

No es bueno, en estas condiciones reales de la economía de hoy y con este clima de la opinión pública en la que la imagen de confianza en el gobierno se afloja, tratar de demostrar que “estamos bien”. No es útil.

La herencia recibida de la larga década K fue terrible. La mentira, la deformación de la realidad, la negación de los problemas, el agotamiento de los stock reales y financieros, ha dejado daños difíciles de reparar. No hay duda.

Pero las soluciones procuradas a lo largo de estos dos años, globalmente, no han dado hasta ahora resultados.

Claro algunas cosas han empeorado, sobretodo el frente real externo que ha sido “administrado” a base de deuda lo que, sin una estrategia transformadora de la estructura productiva, es el primer acto común a varias obras cuyo final trágico ya hemos vivido.

Y algunas cosas han mejorado. Algunos precios relativos han tornado mas “racionales”.

Así podríamos ir inventariando una de cal y otra de arena. Pero la foto no avala decir “estamos mejor”. Esa afirmación descalifica a cualquier promesa.

Reconocer que la realidad es la que es, sin acomodar la estadística, es virtuoso y además rinde crédito. El Presidente, dicen las encuestas, está perdiendo crédito. Y eso no es bueno para el país.

El primer paso sería, de una vez por todas, poner sobre la mesa nuestras realidades que no son sencillas. Hablemos de la herencia. Y de la herencia de la herencia. Hace cuarenta años que el país está prácticamente estancado. Nadie puede discutirlo. La década K fue una en la que se desperdició una gran oportunidad. Tampoco se hizo en esa década el correcto diagnóstico de los que había pasado 30 años atrás. Y no se tomaron las medidas necesarias, entonces facilitadas por los términos del intercambio, para transformar la estructura productiva.

Después de un largo verano llegó un invierno más crudo aún. Trece millones de pobres son la contra cara del déficit fiscal y la administración del mismo a base de deuda es la contra cara del déficit externo.  

Estamos aquí. En estos dos años la foto es esta. Hay comparaciones favorables. Las negativas las anulan.

Suponiendo que el gobierno está dispuesto a cambiar la lectura de los hechos y decir de una buena vez “estamos mal” y a proponernos que “vayamos bien”, para tener crédito, el crédito necesario, tiene que ofrecer una garantía y un plan de repago del crédito que solicita.

La garantía es construir el sustento político de largo plazo sobre la base del acuerdo y no del conflicto. El conflicto como estrategia del gobierno nunca es una garantía de sustento.

La paciencia que pidió Mauricio, según Del Río, no es un sustituto del acuerdo y menos si el escenario que se plantea es uno de conflicto.

¿Por qué el conflicto? El conflicto se agiganta por el largo estancamiento. Una enfermedad silenciosa de larga data. Y ese estancamiento es una consecuencia directa de un proceso de desindustrialización que, el rumbo que hoy propicia Macri ser  Australia con tipo de cambio atrasado (apreciación del peso), viene a profundizar y no por torpeza o accidente sino por programa.

No viene bien el futuro si este es el programa. El plan de repago, de la confianza solicitada, el crédito,para que sea alcanzado requiere de una estrategia que incluye necesariamente un programa de industrialización. Un déficit comercial industrial de 40 mil millones por año es insostenible. Y el rumbo Australia amenaza agigantarlo. No. No iríamos bien.

Necesitamos una política industrial de transformación. Todos los países que la llevaron (y llevan ) a cabo además mejoraron el perfil de distribución del ingreso.

La peor de las fotos del presente es que esa discusión, la de la garantía y la del plan de repago, todavía no está en la agenda del que pide el crédito y lo más grave es que de sus últimos dichos surge que sus expectativas están en otro lado.

Hay un consuelo. Unos dicen que son declaraciones livianas de marketing. Para levantar la imagen. Que eso no es lo que piensa.

Pero “que viene el lobo” no es una buena estrategia de marketing si el lobo no va a venir.

Necesitamos tomarnos el tema en serio. Las cosas no están bien y hay que hacer mucho y cuanto antes, para salir del atolladero de estancamiento en lo que estamos y no por culpa de Macri. Claro que no. Pero ahora él es el responsable.  

Diarios Argentinos