¿Restauración conservadora en Latinoamérica?

Por: Mariano Fraschini

La contundente victoria electoral de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) el domingo pasado en México abre un conjunto de interrogantes de cara al devenir político en nuestra región. Con el triunfo de la izquierda mexicana, luego de décadas de predominio neoliberal, ¿es posible hablar de un nuevo retorno del “giro a la izquierda en Latinoamérica"? ¿O simplemente se trata de una victoria aislada de las fuerzas progresistas tras los triunfos neoliberales en Colombia y Paraguay? ¿Será la elección brasileña, a realizarse en tres meses, la compulsa decisiva para dar cuenta del camino que tomará la región en los próximos años? ¿La inestabilidad económica en Argentina y Venezuela se traducirá en cambios en las orientaciones políticas? ¿Hacia dónde se dirige la región? ¿A consolidar el giro a la derecha iniciado en noviembre de 2015 o al retorno a la izquierda luego del triunfo de AMLO? ¿Se podrá caracterizar a esta etapa como novedosa teniendo en cuenta la heterogeneidad política ideológica de la cartografía regional?

Durante este año se han realizado cinco elecciones en nuestras latitudes: Costa Rica, Paraguay, Venezuela, Colombia y México. Como dijimos, resta la de Brasil para el mes de octubre. ¿De qué color se pintó el mapa latinoamericano? Veamos brevemente.

En Costa Rica, la victoria correspondió al oficialista Carlos Alvarado Quesada, del Partido Acción Ciudadana (PAC). En una segunda vuelta reñida, y caracterizada por una fuerte polarización política vertebrada por cuestiones religiosas y culturales, el discurso moderado e inclusivo de Alvarado logró convencer a una mayoría de ticos de que la opción del evangelista Alvarado Muñoz era una apuesta a los valores más tradicionales y reaccionarios de la sociedad. Para plantearlo en términos del clivaje derecha vs izquierda, el triunfo de Alvarado Quesada representa la continuidad del progresismo que encarna el PAC en el país.  

La segunda elección en la región tuvo como estación a Paraguay. Allí, el ajustado triunfo del oficialista Partido Colorado (venció por menos del 3% de los sufragios), mostró el crecimiento de la alternativa centroizquierdista que representaba la alianza entre el Partido Liberal y el Frente Guazú del expresidente Fernando Lugo. Las disidencias internas entre el presidente saliente Horacio Cartés y el entrante Mario Abdo Benítez con seguridad hicieron más competitiva la elecciones y le bridaron posibilidades concretas a la oposición para ungirse con el triunfo.

La siguiente elección en Latinoamérica fue la venezolana. El triunfo cantado de Maduro por la anunciada abstención del sector más importante de la oposición le permite al chavismo consolidar su poder luego de años tormentosos y de inestabilidad política. A pesar de que la participación electoral no fue la histórica (la abstención se ubicó en el 54%), los más de 6 millones de votos obtenidos le otorgan un importante respaldo electoral a un presidente que  durante su primer mandato no gozó de días estables. La victoria de Maduro consolida al proceso chavista y evitó una derrota de las fuerzas del giro a la izquierda que pudo convertirse en letal para sus aspiraciones de disputar la hegemonía regional.  

La cuarta elección tuvo por escenario a Colombia. Una vez más, como en las últimas votaciones, fue Álvaro Uribe el gran elector. El triunfo de su delfín Iván Ducke simboliza el predominio indiscutible del neoliberalismo en el país. Sin embargo, la emergencia del liderazgo de Gustavo Petro, quien se alzó con un histórico 43% de los votos en segunda vuelta, ubica por primera vez a la izquierda colombiana partidaria con expectativas positivas de cara al futuro político. Con la victoria de Duque se ratifica el liderazgo de Uribe y su muñeca política para designar presidentes: lo fue Juan Manuel Santos, por muy poco no lo fue Oscar Zuluaga y lo es el propio Ducke.

Por último, la elección mexicana marca por primera vez en el último siglo el triunfo de un líder político no proveniente de los partidos tradicionales. Con el Movimiento Morena, López Obrador, al igual que Lula en Brasil, logró triunfar luego de varios intentos fallidos. El domingo, con el 53% de los votos, triunfó en forma categórica por más de 30% de distancia frente al segundo. La victoria de AMLO irradia, por peso político y geografía electoral, en el continente latinoamericano y ubica nuevamente en disputa a la región luego de los triunfos neoliberales de los últimos años.    

El enigma continúa siendo la elección en Brasil. Con el principal candidato a ganarla en prisión y con un oficialismo debilitado y sin candidato, el país carioca se debate entre una presencia mayor de los militares en política y una votación que a priori se presenta como un simulacro electoral. A escasos tres meses de la votación nada está definido en Brasil. El PT insiste con la candidatura de Lula y el oficialismo se debate entre candidatos que no logran perforar el techo del 15%.

Luego de este más que breve repaso por las elecciones latinoamericanas durante el 2018, volvemos a las preguntas iníciales: ¿Se profundizó el giro a la derecha en la región? ¿O se observa un retorno del giro a la izquierda? ¿Las elecciones del periodo mostraron contornos conservadores o progresistas?

La evidencia empírica cuantitativa revela que la región hoy se encuentra en disputa. Dos elecciones ganadas por el neoliberalismo y tres por la centroizquierda. En cambio, si evaluamos estas elecciones desde una lógica cualitativa, observamos que el progresismo ha crecido en forma evidente en países en donde la hegemonía neoliberal se habría manifestado como imbatible. El triunfo de AMLO en México y la muy buena elección de Petro en Colombia representan un desafío a la invulnerabilidad neoliberal de los países cardinales de la Alianza para el Pacífico. Asimismo, la reelección de Maduro ratifica el poderío electoral del chavismo en un contexto económico y político sumamente complejo y la promisoria y competitiva elección del progresismo en Paraguay y la victoria de la centroizquierda en Costa Rica certifican que el supuesto giro a la derecha en la región es más un deseo de las élites económicas que un proceso en ciernes. Igualmente, la inestabilidad política en Brasil y los problemas económicos y sociales por los que transita el macrismo argentino nos eximen de afirmar que el retorno del neoliberalismo se convierta en el corolario de la clausura del ciclo político de los gobiernos del giro a la izquierda en Latinoamérica. Lo novedoso de este mapa regional en que, por primera vez en décadas, los países de la región no siguen un patrón homogéneo de acumulación económica y de similares credenciales partidarias. La característica saliente de la etapa es la heterogeneidad de proyectos y la disputa ideológica, en un contexto mundial multipolar y también novedoso por la emergencia de nuevos actores y por el deterioro hegemónico de la unilateralidad norteamericana.

A casi tres años de la victoria electoral de la derecha en Argentina, la derrota parlamentaria del chavismo en Venezuela y la salida anticipada de Dilma Rousseff en Brasil, de lo que para muchos analistas se desprendía un giro inminente de la región al neoliberalismo, ha quedado solo un “deseo incumplido”. Las fichas de este Teg regional revelan que las fuerzas del progresismo latinoamericano aún continúan siendo competitivas. Las mismas han logrado avanzar con éxito en países en donde la derecha ha sido predominante por décadas. ¿Significa esto que se torna inminente un regreso del ciclo populista en la región? No lo aseguramos, pero las dificultades que continúan teniendo los gobiernos neoliberales en estabilizar sus sistemas políticos avizoran que las “nuevas derechas” no son portadoras genéticas de transformaciones sólidas en nuestra región.  

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