Remedios mágicos: cuando la salud está en riesgo

Por: Erina Petrera

Esta pandemia de covid-19 ha puesto en evidencia muchos de los conflictos que tenemos como sociedad y que probablemente sigamos teniendo durante muchos años más, aunque al menos deberíamos recapacitar sobre ellos. Entre los problemas más peligrosos, uno que lamentablemente no es novedoso, es la insistencia en recomendar remedios de dudosa procedencia, prometiendo resultados maravillosos. Algo muy llamativo, en tiempos en que la voz de los científicos, médicos e infectólogos ha sido ampliamente difundida, aunque, evidentemente, no muy escuchada. A pesar de esto nos seguimos encontrando con gente que, o porque no sabe o porque no le importa la salud de los demás, recomienda magia como tratamiento.

La charlatanería es un oficio muy antiguo, pero mientras antaño el charlatán andaba en su carromato publicitando extraños y milagrosos elixires, ahora lo hace a través de una pantalla de televisión o mediante el uso de redes sociales. Es asombroso que, a pesar de los siglos que han transcurrido, el discurso que utilizan es muy similar.

Como explica Erzard Ernst, el primer médico especialista en el mundo que impartió clases de medicina alternativa en una universidad, es muy fácil convertirse en charlatán1. Si Ud. desea ser un charlatán, primero encuentre una terapia atractiva y póngale un nombre fantástico, luego invente una historia fascinante, añada un poco de pseudociencia. No olvide una dosis de sabiduría antigua, afirme tener una panacea, lidiar con el «problema de la evidencia» y los desagradables escépticos. Demuestre que domina el arte de hacer trampa con las estadísticas, gane puntos con la Grandes Farmacéuticas, y por supuesto pida dinero, mucho dinero.

Ernst se ha dedicado a estudiar la seguridad y la eficiencia de la medicina alternativa y ha encontrado que solo alrededor del cinco por ciento está respaldada por la evidencia, siendo el resto insuficientemente investigada o carente de pruebas que demuestren su eficacia. A pesar de esto la mayoría de las terapias es utilizada y recomendada sobre todo por el “boca en boca”. ¿Quien no escuchó alguna vez frases de este tipo: “el cuñado de mi amiga la usa y dice que le

hace muy bien”, “desde que lo tomo no me enfermé más” o, peor aún “mal no te puede hacer”?

Sin embargo, cualquiera de nosotros puede leer un prospecto de un medicamento y constatar que, sin importar de cual se trate, todos tienen algún posible efecto adverso, contraindicaciones y distintas posologías dependiendo de quien lo va a consumir. Toda esa información se basa en años de investigación, donde se ha trabajado en la modificación o mejora tanto del principio activo como de los excipientes que componen la droga en cuestión. Además, en el envase debe figurar quien aprobó su formulación, ya que los medicamentos deben ser aprobados para su uso y toda esa información que aparece en el prospecto ha sido previamente validada.

Para autorizar el uso de un medicamento se debe realizar un ensayo clínico, el cual generalmente se hace con el método de doble ciego. Esto significa que hay dos grupos numerosos de pacientes, a uno se le da el medicamento que se quiere evaluar (A) y al otro se le da placebo (B). El placebo se parece al medicamento, pero no tiene ningún efecto. Esto se utiliza porque a veces el solo hecho de saber que nos estamos medicando nos hace sentir mejor, es lo que se denomina efecto placebo. Es importante determinar que el medicamento tiene actividad y que su efecto no sea igual al del placebo. El ensayo se denomina doble ciego porque los pacientes no saben si reciben el medicamento o el placebo y los médicos tampoco. Una vez que termina el ensayo, se devela cual es A y cual B y se comparan los resultados obtenidos. Si el efecto de A es notoriamente superior al del placebo el medicamento se puede aprobar.

Por más que necesitemos creer en algo, lamentablemente no existen los remedios mágicos, y mucho menos los que curan todas las enfermedades o dolencias.

Quien promete curar la COVID-19 con algún medicamento o sustancia está mintiendo y es un charlatán. Todavía no hay ningún medicamento aprobado a pesar de que se están llevando a cabo muchos ensayos clínicos con distintas formulaciones. Es importante saber que, aunque un medicamento funcione en algunos pacientes, no se sabrá si funciona para todos hasta que termine el ensayo, porque podría tratarse de casos anecdóticos.

Desde que empezó la pandemia han circulado miles de noticias falsas, dando indicaciones de cómo mantener la respiración para saber si están infectados o con remedios milagrosos que van desde gárgaras con agua con sal, tés, líquido para limpiar peceras, etc.

Podemos llegar a pensar en consumir algún remedio mágico, aunque sepamos que no hay evidencias científicas que garanticen su efectividad, sobre todo porque los creemos inofensivos. Pero cualquiera de ellos puede ser perjudicial para la salud, porque, aunque la sustancia sea inocua, algunas personas podrían dejar de acudir al médico pensando que con esa cura casera se puede resolver el cuadro, complicando más la situación debido a la ineficacia del remedio. Más peligroso aún resulta cuando las sustancias no son para uso humano y pueden provocar intoxicaciones que terminen siendo peores que la enfermedad que se quiere tratar.

Moreno- Castro escribe en "Charlatanes, storytelling y flujos de información. La fascinación del relato en los discursos sobre salud"2:

“Los charlatanes siempre han estado entre nosotros y siempre lo estarán. Cambian de producto, de aspecto, pero siempre estarán al acecho. Se esconden y mimetizan con el ambiente, descubren los anhelos de sus coetáneos y les venden esperanza. Eso sí, siempre por un precio desorbitante. Son gurús sanadores de todo tipo de males. En este siglo, y en el pasado, ofrecieron la solución de todos los problemas de la vida mezclando sabiamente palabras sin sentido con viejos y manidos mantras. Parece que la historia continúa. En todos los periodos históricos el denominador común ha sido la fascinación de la audiencia por la historia que contaban”.

Como integrantes de la sociedad hay muchos sucesos que no podemos prevenir, aunque varios otros sí. Solo tenemos que decidir por quienes seremos fascinados cuando llegue la próxima pandemia.


1 https://edzardernst.com/2012/12/how-to-become-a-charlatan/

2 Moreno-Castro, C. (2019). "Charlatanes, storytelling y flujos de información. La fascinación del relato en los discursos sobre salud", en Moreno-Castro, C. y Cano-Orón, L. (eds.) Terapias Complementarias en la esfera pública. Madrid: Dextra Editorial, págs. 19-51

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