Reino Unido: ¿Cuál es el futuro de Boris Johnson?

OPINIÓN. A tan sólo dos días de la ‘’fecha límite’’ para lograr un acuerdo con la Unión Europea y con un creciente descontento en su partido, el primer ministro británico se enfrenta a un panorama incierto.


A esta altura, está claro que el 2020 que va a quedar en nuestras memorias como un año marcado por (demasiados) hechos, cuyas consecuencias se van a seguir sintiendo durante años e incluso décadas. Uno de éstos es la demorada conclusión del Brexit, es decir, el abandono total del Reino Unido de la Unión Europea.

Pasaron más de tres años desde el famoso referéndum en el que ganó el Leave y comenzó así el polémico divorcio. No obstante, el Reino Unido sigue atravesando el proceso de transición, estipulado en el Acuerdo de Retirada, que busca dilatar el desacople de ambas economías y tiene como fecha final el último día de diciembre. Básicamente, lo que se buscaba en estos meses era que las autoridades británicas y europeas llevasen a cabo negociaciones para lograr un tratado de libre comercio (TLC) y, así, procurar que las industrias de los Estados involucrados sufran el menor impacto posible. No obstante, no ocurrió lo que se esperaba.

Después de meses de idas y vueltas con pocos puntos de encuentro, en junio de este año, el primer ministro británico Boris Johnson dio un ultimátum: el 15 de octubre será el último día para lograr un acuerdo. La razón de esto es que se necesitarían aproximadamente 11 semanas para que los parlamentos locales lo ratifiquen, antes que termine el proceso de transición. Si bien Michel Barnier (quien lidera el equipo negociador de la UE) dijo que los diálogos van a continuar, las inexorables diferencias en algunas cuestiones clave no parecen indicar que se vaya a firmar un TLC sin que uno de los dos lados haga importantes concesiones, ya sea dentro dos días o en los meses por venir. Por esta razón, la amenaza de un intrigante y temido ‘’Brexit duro’’ se vuelve cada vez más más real, lo cual no suscita más que incertidumbres.

Inmediatamente surgen preguntas como: ¿por qué pasa esto? ¿no tenía Boris Johnson un ‘’oven-ready deal’’ (un acuerdo ‘’listo para el horno’’), como dijo tantas veces durante su campaña?, ¿o nunca hubo una intención real de llegar a un término medio con la UE? Independientemente de esto, lo importante es que el 52% del electorado que votó en 2016 a favor del Brexit, lo hizo en gran medida dando por sentado que se iba a establecer una nueva dinámica de libre comercio, derivando en una suerte de ‘’nueva normalidad’’ económica.

Ahora bien, no sólo no está ocurriendo esto, sino que las tensiones presentes se profundizaron todavía más cuando, el mes pasado, el gobierno conservador presentó el proyecto de ley titulado ‘’UK Internal Market Bill’’. Esta inesperada legislación se encontró con un rotundo y prácticamente unánime rechazo que lo acusó, tal como admitió un miembro del gabinete, de romper con ‘’la ley internacional’’ (particularmente, el protocolo específico para Irlanda del Norte presente en el Acuerdo de Retirada, aprobado en 2019).

Es por esto que rápidamente se alzaron voces críticas en cuatro flancos principales: autoridades de la UE, figuras políticas de la República de Irlanda, miembros de la oposición doméstica e incluso integrantes del Partido Conservador en sí. Por ejemplo, 31 legisladores conservadores críticos del proyecto, incluyendo a la ex primera ministra Theresa May, se ausentaron a la votación en la cámara baja el pasado 14 de septiembre. Aun así fue aprobado, y por ende la Comisión Europea anunció el comienzo formal de un proceso de infracción, que podría derivar en sanciones económicas si no se revierte la ley.

La presencia de conservadores ‘’rebeldes’’ también se hizo notar estos últimos días, cuando se generó un gran rechazo a la intención del gobierno de aprobar la importación de pollo clorado proveniente de los Estados Unidos, sin que esto sea evaluado en la Cámara de los Comunes. Por lo tanto, tenemos que preguntarnos ¿puede seguir creciendo este descontento al interior del partido?

Ahora bien, mantener el apoyo en las filas conservadoras no es el único desafío al que se enfrenta Boris Johnson. En abril, se contagió el virus y tuvo que ser hospitalizado, lo cual le valió un sustancial crecimiento en su imagen positiva en la ciudadanía, llegando a un pico de 66%, contra una imagen negativa de 26%. Sin embargo, desde entonces ambos valores se invirtieron de manera contundente y prácticamente proporcional, de manera tal que hoy en día tan sólo el 35% de la ciudadanía lo ve con buenos ojos, mientras que el 57% califica su gestión como mala. Por el contrario, el líder de la oposición, el laborista remainer Keir Starmer, goza de una imagen positiva del 46% con una tendencia ascendente.

Esto se explica por diversas razones: el controvertido y frustrado desempeño del equipo encargado de llevar a cabo las negociaciones con la Unión Europea definitivamente es una de ellas, pero también está intrínsecamente ligado al manejo de la pandemia.

Desde un inicio, la gestión del premier británico no sólo recibió críticas por falta de testeos y de equipos de protección personal (EPP), sino que también sufrió escándalos de los cuales no parece necesariamente estar recuperándose. Por ejemplo, en mayo, su asesor personal y figura clave, Dominic Cummings, cruzó el país en auto teniendo síntomas compatibles con el virus para llevar a sus hijos a la casa de los abuelos. A pesar de la presión pública para despedirlo, Cummings recibió el apoyo de Johnson y siguió en el cargo. Asimismo, hace tan sólo unos días el Reino Unido volvió a salir en los diarios alrededor del mundo cuando se descubrió que habían estado cargando los datos de los contagiados en una simple planilla de Excel, lo cual derivó en que no se contabilizaran correctamente 16.000 casos.

Su gobierno también se enfrenta a distintas amenazas judiciales relativas a ambas cuestiones. En Escocia, donde el Parlamento local rechazó a la UK Internal Market Bill por considerarla ilegal (también fue rechazada Irlanda del Norte), y en el norte de Inglaterra, donde los alcaldes de algunas de las principales ciudades lo acusan de ‘’discriminar’’ a los trabajadores de la región afectados por la pandemia, dado que éstos recibirían menores ayudas estatales que el resto de sus conciudadanos.

Boris Johnson, entonces, se encuentra inmerso en un contexto enormemente desafiante por donde se lo mire. Bajas expectativas de lograr un acuerdo con la UE, escándalos relativos a la pandemia, disputas con autoridades extranjeras y locales, descenso en su imagen pública, y un descontento potencialmente creciente al interior del Partido Conservador. Teniendo en cuenta que las próximas elecciones generales son recién en 2024, me pregunto ¿está Westminster camino a una moción de censura?



Sobre el Autor


Tomás Kirjner Baricco. Estudiante avanzado de Ciencia Política UBA y miembro del CEPI.

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