Ramos, el FIP y “votar a Perón desde la izquierda”

En el centenario del nacimiento de Jorge Abelardo Ramos, uno de los más preclaros escritores políticos de América latina, lo recordamos con la jugada electoral más destacada en la historia de la Izquierda Nacional independiente: cuando en 1973, y bajo su dirección, el FIP llevó como candidato presidencial al General Perón convocando a votarlo “desde la izquierda”.


Historiador revisionista, ensayista, polemista filoso y personaje controversial hasta su muerte, “el colorado” Ramos es y será recordado por su literatura política, principalmente por el trabajo Revolución y Contrarrevolución en la Argentina, editado en 1957 -luego varias veces revisado y ampliado- y por Historia de la Nación Latinoamericana, publicado en 1968. No podemos dejar de mencionar, igualmente, los libros Crisis y resurrección de la literatura argentina (1954), Historia política del Ejército argentino (1959), Introducción a la América criolla (1985) y Breve historia de las izquierdas en Argentina (1990). Pero lo cierto es que Ramos fue antes que nada un político, y las ideas, preocupaciones y esquemas teóricos que podemos leer plasmados en sus obras con distinguida prosa irónica, no son más que el programa -explicitado magistralmente- de la corriente ideológico-política de la que fue el gran divulgador y representante durante más de treinta años: la Izquierda Nacional independiente; aquella que desde sus orígenes percibió el carácter progresivo del peronismo en un país semicolonial como el nuestro, y fundamentó porqué, entonces, el papel a jugar por los socialistas revolucionarios no era oponérsele -para terminar amontonados con los partidos liberales y conservadores de siempre, como le pasó a los socialistas y comunistas tradicionales en varias oportunidades- sino “golpear juntos y marchar separados”, esto es, acompañar el ascenso político y social de las masas en su experiencia peronista, pero manteniendo la independencia ideológica y organizativa para ser la opción “superadora” el día que aquel proceso se agotara por sus contradicciones internas y/o por haber cumplido su ciclo histórico.

Metiéndonos ya en el convulsionado 1973, empecemos por recordar que aquel año los argentinos fuimos a las urnas dos veces: el 11 de marzo y el 23 de septiembre. La de marzo fue la primera elección, desde las legislativas de 1954, en que el peronismo pudo presentarse como tal, mas no pudo hacerlo con la candidatura de su líder por una cláusula de residencia que el presidente de facto, el General Agustín Lanusse, había impuesto ladinamente a aquellos que aspiraran a competir. Ese fue el origen de la recordada fórmula Cámpora-Solano Lima con que el peronismo salió de la ilegalidad electoral a que había sido condenado por los partidos y militares republicanos, eternos defensores de la democracia para poquitos, y con la que recuperó el gobierno después de dieciocho años de proscripción y persecución. Acaecida en julio la renuncia del presidente Cámpora y su vice, la convocatoria de septiembre fue nada más -y nada menos- que para llenar estos cargos.

En ese contexto se produce una reunión en la residencia de Gaspar Campos entre la plana mayor del Frente de Izquierda Popular (FIP) -la organización que comandaba Jorge A. Ramos- y el General Perón, cuya candidatura a presidente ya estaba lanzada, siendo complementada por su esposa María Estela Martínez. Es allí donde “el colorado” le propuso al viejo líder lo que venía discutiéndose en las filas “ramistas”: que fuera candidato por el FIP, de manera que el 23 de septiembre en el cuarto oscuro la fórmula Perón-Perón no sólo se hallara en la boleta particular del Frente Justicialista de Liberación (FREJULI), sino también en “la 14” del Frente de Izquierda Popular. Según recuerda Julio Fernández Baraibar -por entonces director del periódico partidista y testigo del hecho- Perón aceptó de inmediato, y ante la conformidad y los agradecimientos de sus visitantes por hacerlo, respondió sabiamente, dirigiéndose al “colorado”: -No, Ramos, no hay nada que agradecer. Maíz por maíz, nos comemos el maizal…

Y efectivamente fue así, teniendo esa “colectora” mayor trascendencia -práctica y simbólica- que la que seguramente sus propulsores imaginaron. Porque los resultados del 23 de septiembre de 1973 arrojaron que Perón obtuvo más de 7.360.000 votos (62% del total electoral), siendo de ellos casi 900.000 canalizados a través de la boleta del FIP (7,5% del total y 12,5% de los votos a Perón). El llamado a “votar a Perón desde la izquierda” fue un éxito no porque la Izquierda Nacional trasfiriera un importante caudal de votos al General (el 11 de marzo el candidato a presidente del FIP había sido el propio Ramos y obtuvo el 0,5% en una pésima elección, que lo fue más que por el insignificante número, por no haber acompañado tácticamente a Héctor Cámpora ante el riesgo que existía de una eventual segunda vuelta, donde las chances “gorilas” se acrecentaban). El éxito, en verdad, se debió a que mediante “la 14” del FIP pudieron expresarse los sectores más combativos del peronismo -la “tendencia”-, acompañando a Perón pero a la vez marcando un rumbo, una perspectiva, esa que sostenía la misma boleta en su lema: “Liberación y Patria Socialista”. Así fue cómo la Izquierda Nacional -poniendo en práctica su máxima de “golpear juntos y marchar separados”- sirvió al movimiento popular, conteniendo a la vez que siendo expresión crítica y propositiva de la juventud peronista -y por qué no, de otras expresiones minoritarias de la izquierda también- que se encontraba en estado de efervescencia ante algunas declaraciones y desplazamientos producidos en el gobierno justicialista los anteriores meses.

Según el historiador y militante de la Izquierda Nacional Norberto Galasso, entre las personalidades que votaron a Perón “desde la izquierda” estuvieron Arturo Jauretche y quien fuera el confesor de Evita, el padre Hernán Benítez. Presumiblemente también otros prohombres del movimiento popular que se identificaban con las ideas del socialismo nacional, como el artista Ricardo Carpani y los pensadores Juan José Hernández Arregui y Rodolfo Puiggrós. Hace pocos años, en 2013, supimos que también lo hizo quien por entonces no era más que una chica platense, estudiante de derecho: Cristina Fernández. Desde entonces, varios nos preguntamos si su compañero de militancia y pareja de toda la vida no habrá votado igual… Como fuere, en su centenario elegimos recordar a Jorge Abelardo Ramos como un político argentino y latinoamericano, a partir de su incursión más lúcida que fue, a la vez, el mayor aporte que en el terreno electoral brindó la Izquierda Nacional independiente.


Sobre el autor: Alejo Giorgi es licenciado en Ciencia Política.

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