¿Quién mató a la Sra. X?

Episodio 5. Una secuencia de pasos – Parte II.

Episodio 5. Una secuencia de pasos – Parte II.


Prólogo y bibliografía

Episodio 1

Episodio 2

Episodio 3

Episodio 4


La vida de Galileo Galilei es tomada como ejemplo de  protocientífico1 que se opone a la oscuridad de la ignorancia impuesta por la Iglesia. Leyendo los escritos de Galileo Galilei, Elio veía, más que un opositor de la Iglesia, un cristiano que la respetaba. En él veía a alguien que no quería sustituir los conocimientos teológicos con otros, sino que quería distinguir los diferentes objetos de estudio y análisis, y el método científico que él propuso no era nada más que la herramienta para llevar a cabo esta distinción. Lo que se podía estudiar según ese método pertenecía a una esfera del saber, lo que hoy en día se llamaría Ciencias Exactas. Lo que no se podía estudiar según este método, que necesitaba otros métodos, otras categorías mentales, constituye otros tipos de saberes, relativos a otras esferas de la vida humana y no por esto inferiores. Lo que transformó la vida de Galilei en un símbolo de lucha por la emancipación intelectual, fue la dura respuesta de la Iglesia, que en ese momento estaba enfrentando la puesta en discusión de su poder secular. Elio encontraba muchas más conexiones entre las Reformas Luterana y Calvinista y el iluminismo que entre la vida de Galileo y la de Kant. La crítica a la Iglesia católica romana como única detentora del mensaje divino empezó con los movimientos protestantes. La introducción de la idea de que cada uno pudiera  leer e interpretar la Biblia, abrió el camino a ese espíritu crítico que caracteriza al hombre iluminista. La mirada positiva calvinista hacia la buena administración de los bienes materiales y entonces la creación de capital a nivel individual fue uno de los principales pasos hacia la ideas de liberalismo antes y del capitalismo después.2 La superioridad de las Ciencias Exactas respecto de otros campos del saber y de la tecnología como consecuencia de la ciencia respecto de otros campos de la producción material, por ejemplo  las técnicas artesanales,3 es una idea que toma vigor en el siglo siguiente al iluminismo y que encuentra su expresión en el positivismo, en el futurismo4 y en toda la primera mitad del siglo pasado. Así, progreso y ciencia empiezan a ser hermanos y la percepción pública de la ciencia se mezcla y se confunde con la tecnología. Se difunden las concepciones  tecnócratas de progreso, ciencia y tecnología. En  lugar de ser presentadas a las grandes masas como productos de planes políticos o acciones humanas, se conciben como entidades abstractas, casi, en algunos aspectos, similares a las divinidades del Olimpo o a la Trinidad católica, como si el progreso, entendido como continuo, sin fin y portador de un universal bienestar del género humano fuese el Padre, la tecnología, herramienta del progreso y manifestación del mismo, fuese el Hijo y la ciencia, saber que todo pervade, sabiduría de la naturaleza fuese el Espíritu Santo: los tres necesarios para determinar el destino del hombre y al cual el hombre, como si fuesen dotados de voluntad propia mismo, se tiene que someter en su trabajo y en su estilo de vida. Ya el Romanticismo, pensaba Elio, miraba con una mezcla de miedo y fascinación a las transformaciones sociales y urbanas que esta aproximación a la tecnología había traído durante los años de las revoluciones industriales, y levantaba una crítica hacia el uso de la tecnología.5 El Romanticismo ve en la tecnología una fuente del sublime, entendido como algo que fascina por su ser temible y desconocido.6 Según la reflexiones de Elio no era un caso que justo en esa época nace el género literario de la ciencia ficción con el conocido Frankenstein de Mary Shelley.7 En esta obra el confín  entre genialidad y monstruosidad se pierde y las buenas intenciones del científico Frankenstein se transforman en productos tecnológico que escapan al control humano: una percepción de la ciencia como expresión de la índole creativa humana pero que puede llevar a la construcción de artefactos que tiene la ambigüedad del sublime. En el viaje a Londres, había visitado la Galería Nacional, donde había visto un cuadro que representaba bien esta doble fascinación por la ciencia. Presentaba un experimento realizado de noche, iluminado por luz artificial en el  centro de un cuarto. Alrededor de la mesa, diferentes personajes. Se acordaba de forma clara  de un hombre de pelo gris, con aire casi de loco y una mujer que se escondía la cara entres las manos por miedo a mirar lo que estaba pasando.8

El Romanticismo se presenta como el primer paso hacia la crítica conciente en la sociedad moderna del abuso de la tecnología, que se convierte así en herramienta para una alienación del hombre desde sí mismo, los otros hombres y el entorno en el cual vive.9 No obstante, esta crítica llega a ser parte de la cultura de las grandes masas solo a mediados del siglo veinte. En esa época, las masas comenzaron a ser alfabetizadas y se presentaba una clase media que por su estatus económico podía ampliar sus intereses y sus reflexiones sobre la sociedad, más allá de los temas estrictamente relacionados con  las condiciones de trabajo. Este público fue el público que recibió y se apropió de los mensajes de la clase intelectual respecto a los peligros del progreso incondicionado, vehiculizado por una ciencia que tendría como fin  la construcción de tecnología destinada o a la destrucción, un ejemplo claro es el shock cultural que deriva de la explosión de la bomba atómica, o al dominio de la naturaleza con consiguientes daños ambientales, principalmente  la utilización de pesticidas en la agricultura industrializada.10 Así, la ciencia ya no era más un experimento realizado de noche y financiado por privados. Se trataba de un comercio, un punto en la agenda de los gobiernos de los grandes países, sobre todo Estados Unidos, que, como punto de la agenda de gobierno, recibía también la atención y la crítica de una opinión publica que se informaba, criticaba y reclamaba el derecho de poder decidir sobre el uso de algunas tecnologías. Junto a  los grandes financiamientos para las universidades públicas, surgían otros centros de creación del conocimiento científico y tecnológico, empresas privadas con sus institutos de investigación. Todo se hacía más grande generando así también la necesidad de un sistema de evaluación de la calidad del trabajo.11 Y probablemente, pensaba Elio, fue también la separación de las dos culturas, científica y humanística, que ya estaba  fuertemente instalada en esa época, que hizo que la evaluación de trabajos científicos fuera entregada  solo a científicos, según el principio de la evaluación por pares, no siendo considerados pares los especialistas en diferentes disciplinas de Ciencias Exactas y/o en disciplinas humanísticas. De esta forma, los políticos recibían asesoramientos muy especializados desde el punto de vista científico, pero pobre en consideraciones de tipo ético y sociológico, sobre temas que involucraban problemas de tipo tecnológico, aunque  no fuesen solamente tecnológicos. Consideraciones que quedaban fuera de la toma de decisiones y por mucho tiempo destinada a ser preocupación solo de una parte de la opinión pública o de las ONG. Son relativamente modernos los intentos políticos de incluir estos aspectos en la evaluación y regulación del uso de las tecnologías,12 en la precaución y gestión hacia los riesgos que eso lleva. Esta evolución se le presentaba a Elio como una de las razones por la cual  una parte de la opinión pública desconfiaba de la gestión política de la tecnología, y transfería esta preocupación en un miedo por la ciencia y los científicos en general, manteniendo vivo, en la actualidad , el sentimiento romántico hacia la ciencia.

“¿Cómo no te interesa hacer divulgación? Tú que siempre te quejas de cómo son tratados ciertos temas en los periódicos o de la ignorancia de la gente, como tú la llamas, cuando lees de los movimientos que siguen teorías pseudocientíficas...”, le contestó Elio, sabiendo que volvía  a una vieja polémica que estaba entre los dos.

“Ah, otra vez con este tema”, Andrea también sabía que estaban volviendo a una polémica entre ellos. 


Sobre la autora

Francesca Battista obtuvo su doctorado en Física Cuántica en la Universidad de Lund, Suecia, en 2013. Trabajó como investigadora en Alemania y en Argentina donde también se desempeñó como docente de Física de la Universidad de Buenos Aires y en colegios internacionales.

En 2018 completó la Especialización en Comunicación Pública de Ciencia y Tecnología en la Universidad de Buenos Aires. En 2019, con Ediciones en Danza, publicó el libro de poemas La mujer in-visible

Recientemente se mudó a los Estados Unidos para continuar sus estudios en Ciencia Tecnología y Sociedad en la Universidad Virgina Tech. En su tiempo libre le gusta nadar, bailar, viajar y escribir su blog.


Ilustración

Mercedes Roch


REFERENCIAS

1. En la época de Galileo, la palabra 'científico' no existía. Los intelectuales que se dedicaban a las ciencias naturales eran filósofos naturales. La palabra 'scientist', científico, nace en la primera mitad el siglo XIX. Hay acuerdo (Ross, 1964; Fowler, 1924; Snyder, 2011) que fue el Dr. William Whewell el que inventó  el término inglés inspirándose en otras palabras como 'artist'. La palabra se aceptó en la sociedad y el la comunidad científica no sin resistencias y dudas (Ross, 1964; Fowler, 1924).

2. En The Protestant Ethic and the Spirit of Capitalism (1904-05), el sociólogo Max Weber muestra como en Alemania los negocios capitalistas de más éxito pertenecían a familias de trasfondo protestante. Weber interpreta esta evidencia como una relación entre capitalismo y protestantismo debida a los conceptos de predestinación y éxito económico en la teología puritana (Weber, 2002).

3. Gilbert Simondon en El modo de existencia de los objectos técnico (2010) distingue estas dos tecnologías entre el estatuto de minoría del objeto técnico y el estatuto de mayoría. En el primer caso, el objeto se piensa en su uso cotidiano, insertado en la vida del hombre desde la infancia, cuyo conocimiento es de tipo intuitivo. En el segundo caso, el objeto técnico se interpreta y conoce a través de los conocimientos técnicos. Como ejemplos se comparan el estado social del artesano y el  del ingeniero.

4. Marinetti, considerado el padre del Futurismo, escribe el manifiesto del movimiento en 1909. La admiración y celebración de la tecnología y el progreso científico en sí mismos están entre los puntos más importantes del manifiesto.

5. Marx es probablemente el filósofo más conocido que reflexiona sobre la alienación en el hombre debido a los ritmos de trabajo impuestos por las máquinas, un aspecto muy bien representado en Tiempos Modernos de Charlie Chaplin. La revolución industrial es el primer momento en la historia del hombre en que la gestión del tiempo no está más determinada por la capacidad de un objecto técnico de adaptarse a la actividad humana, sino que está determinada por la capacidad del hombre de adaptarse a la actividad de un objeto técnico.

6. Carl Mitcham en Tres modos de ser-con la tecnología analiza, tomando como inspiración el trabajo de Heidegger  El ser en el tiempo (1927), cómo las sociedades occidentales se relacionaron a través del tiempo con la ciencia y la tecnología que ellas mismas creaban y utilizaban, encontrando tres modos: 'escepticismo antiguo', 'optimismo ilustrado', 'desasosiego romántico' (Mitcham, 1990). Hay que evidenciar que la visión cerca del Romanticismo cambió en las últimas tres décadas.

7. Mary Shelley (1797-1851) autora inglesa escribió Frankenstein o el moderno Prometeo a la edad de 18 años y publicó la primera edición de la novela en forma anónima en 1818 en Londres. El libro cuenta de un monstruo creado por el científico Victor Frankenstein durante un experimento. Una criatura que toma vida gracias a la química y la electricidad. El subtítulo hace referencia a una mitología antigua que promovía un cierto escepticismo hacia la introducción de tecnología y una punición divina hacia quien la favorecía.

8. Joseph Wright of Derby, The Air Pump, (Joseph Wright of Derby 1767, National Gallery, London). En su libro R. Holmes (2008), The Age of Wonder, reflexión sobre la visión romántica de la ciencia, el autor identifica en Wright of Derby el pintor que más representó esta visión en sus obras (Holmes, 2008).

9. Mitcham (1990) y referencias allí citadas.

10. Desde un punto de vista social, ya en los años cincuenta empieza, socialmente, la necesidad de una comunicación pública del conocimiento científico y tecnológico, entendida como parte fundamental del sistema democrático. Solo la difusión de una cultura científica y tecnológica puede asegurar la participación social en las tomas de decisiones acerca de las innovaciones tecnológicas y las consecuentes transformaciones sociales y económicas.

11. Pionero en su tipo de estudios, Derek J. de Solla Price analiza la transformación de la actividad científica, de la forma de hacer ciencia, en su libro Big Science, Little Science (Price, 1965). El título ya aclara el tema de la obra que muestra como de una ciencia escondida, auto financiada o bajo la ayuda de un mecenate, hecha en las habitaciones de las casas de los científicos de los siglos pasados, se llega, en el siglo XX a la ciencia de los grandes laboratorios, a las grandes inversiones y a los planes científico-tecnológicos de los gobiernos.

12. Se considera que las políticas científicas, en su modelo tecnocrático empiezan en la Segunda Guerra mundial (Albornoz, 2007; Price, 1965). Propuestas democratizadoras podrían influenciar las dinámicas evidenciadas por Ulrich Beck en La sociedad del riesgo y La sociedad del riesgo mundial (Beck, 1998; Beck, 2008) mejorando la distribución y favoreciendo la disminución de los riesgos y de las controversias que se originan como consecuencias de las políticas de desarrollo tecnológico.

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