Que el ave indiana remonte su vuelo

OPINIÓN. Guatemala vive jornadas masivas de movilización debido a un conflicto político originado por la tramitación exprés de un Presupuesto de dudosas características. El epicentro de las protestas en América del Sur y su posible irradiación hacia Centroamérica.


Los hechos

En el Congreso de Guatemala fue donde cayó la última gota, esa que rebalsó el vaso. Hace diez días, los legisladores del país centroamericano aprobaron un Presupuesto que, sin debates, ni intercambio de ideas, ni acceso a la información por parte de la ciudadanía, ponía a disposición del gobierno de Alejandro Giammatei una cifra récord: 99.700.000.000 de quetzales.

La ley de leyes fue aprobada por una importante mayoría de 115 votos a favor, de un total de 160. Ante la conformidad del Ejecutivo y las denuncias de la oposición, comenzaron a conocerse los datos de la ya aprobada norma. El Presupuesto reducía considerablemente las partidas del combate a la pobreza, aquella que azota a casi el 60% de los 17 millones de guatemaltecos. La llamada “inversión en infraestructura”, que es caracterizada por algunos sectores como “cartera de favores hacia las empresas constructoras”, es la que más creció en este Presupuesto récord, poco discutido, y sustentado por una creciente deuda pública que alcanza el 36% del mismo.

O sea que, simplificando las cosas, se aprobó un Presupuesto del cual poco se sabía, que dispuso una cantidad de dinero muy cuantiosa en un orden de prioridades que poco tiene que ver con las urgencias de una Guatemala en pandemia, como el resto del mundo. Y con el agravante de sustentarse en un considerable aumento de la deuda pública que serán pagadas por los ciudadanos de un país que tiene 6 de cada10 personas por debajo de la línea de la pobreza.

Un dato más que dibuja de cuerpo entero la situación: tampoco se le dio mucha importancia a la situación sanitaria ni a la reconstrucción de zonas devastadas por los huracanes Eta y Iota, que golpearon fuerte a América Central en las últimas semanas. Los muertos en las inundaciones no tuvieron lugar en el Presupuesto ni en el discurso de aquellos que lo impulsaron.

Todo esto derivó en una serie de manifestaciones que se extendieron a lo largo de los 22 departamentos de la nación centroamericana. Un sector del Congreso terminó en llamas ante la pasiva mirada de las fuerzas de seguridad, que prefirieron reprimir a varias cuadras de allí, donde la manifestación se desarrollaba de forma pacífica. Estos sucesos, sumados a fotos de matafuegos y toneles de agua cerca del sector que luego ardió en llamas, generó sospechas de un vandalismo autoinflingido que se ha convertido en un perverso método de justificación represiva.


Mientras tanto, el vicepresidente Guillermo Castillo añadía otro ingrediente a la crisis. “Le propuse al presidente que renunciemos los dos”. Apoyándose en una crítica al gobierno del cual forma parte, a un vínculo maltrecho con Giammatei y a un desplazamiento de su persona en la toma de decisiones, Castillo puso a disposición su dimisión, siempre y cuando esté acompañada por su compañero de binomio. Ante la negativa del mandatario, el vice sigue en su cargo, desde donde lanza dardos en los medios de comunicación. El conflicto también se desarrolla al interior del Palacio de Gobierno.


Guatemala’s way

Es sorprendentemente difícil encontrar en los medios de comunicación, en los discursos de la clase política y en las propias palabras de las autoridades de Guatemala alguna referencia a un proyecto de país y a objetivos que trasciendan el aquí y ahora. La “lucha contra la corrupción” ocupa gran parte del contenido discursivo de las autoridades de un país caracterizado por la permanencia y la falta de renovación de su clase política y a la imposibilidad de ejercer la ciudadanía de la gran mayoría de su población.

Centroamérica tiene tres características que le son muy propias y que condicionan su realidad: la cercanía (e influencia) de los Estados Unidos, la falta de proyectos de integración autónomos y la debilidad del Estado frente a los poderes fácticos, algo que, si bien es característico de América Latina en general, se hace más patente en los países pequeños de la franja central del hemisferio.

Guatemala no escapa a estos atributos. Las condiciones estructurales de este país son agravadas por una serie de características específicas. Una guerra civil finalizada en 1996 dio lugar a Acuerdos de Paz que sólo fueron cumplidos en lo que respecta a la deposición de las armas. Gran logro, desde ya. Pero los 17 puntos de declaraciones de voluntad política vinculados a los derechos humanos, los derechos de los indígenas, el desarrollo socioeconómico y la real democratización del país, no tienen ningún viso de implementación efectiva.

Algunos afirman que el proyecto nacional guatemalteco murió con el derrocamiento de Jacobo Arbenz, allá por 1954. La Guerra Fría, el accionar del Departamento de Estado, la CIA y la United Fruit Company, la cooptación de la clase política y la falta de representatividad institucional de los sectores populares, son todos ítems que ayudan a comprender la realidad de un país en donde pocos deciden a su gusto cómo se reparte el poder.

Y aquí volvemos a lo sucedido esta semana. Giammatei retomó la iniciativa luego de las protestas y realizó dos movimientos. Luego de denunciar un intento de golpe de Estado, invocó la Carta Democrática Interamericana de la Organización deEstados Americanos (OEA) apoyándose en sus artículos 17 y 18 referentes a las solicitudes de los gobiernos al apoyo multilateral ante una posible ruptura del orden democrático. Sin embargo, la estrategia internacional no resultó: el Grupo de Donantes G13, que nuclea a los países que concentran los recursos de cooperación internacional al desarrollo destinados a Guatemala, puso el foco en el resguardo de los derechos humanos.

La segunda medida tomada por Giammatei tuvo que ver con la reforma del Presupuesto que generó el caos. Ante la falta de interlocutores internacionales, los ataques de su propio vicepresidente y las protestas en las calles, el mandatario guatemalteco aceptó rediscutir la ley de leyes. Claro que la discusión incluyó a los de siempre, y también excluyó a los de siempre.

Entre las entidades que se hicieron presentes en las negociaciones para relanzar el Presupuesto, estuvieron los representantes del mundo empresarial y de las iglesias católica y evangélica. Algunas instituciones ligadas al mundo académico que fueron invitadas, como el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (ICEFI) o la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (ASIES), se retiraron al ver que los trabajadores, los estudiantes y los indígenas no formaban parte de la mesa de diálogo y, por ende no tenían derecho, desde la perspectiva del gobierno, a opinar sobre cómo se distribuyen los recursos en Guatemala.

Lo que desprende del accionar del Gobierno luego de la protesta histórica de esta semana es que el modo de hacer las cosas sigue siendo el mismo. La exclusión de las mayorías en el diálogo institucional pone a la calle como el único escenario en donde el pueblo puede hacerse escuchar.


Mirando hacia adelante

Guatemala tiene la oportunidad, a partir de esta crisis, de poder entablar un diálogo nacional realmente inclusivo que pueda modificar la realidad política y económica del país, visiblemente deslegitimada, al igual que su clase política en general. La falta de debate sobre proyectos de país es gracias a autoridades cómodas con el status quo, a la falta de representación de los sectores populares y a los obstáculos institucionales que impiden a la mayoría de la población el pleno ejercicio de sus derechos.

Centroamérica vivió décadas de intervenciones directas de los Estados Unidos, guerras civiles y dictaduras militares. Además, el verdadero ‘patio trasero’ fue ajeno al proceso de cambio que América del Sur vivió en la década pasada. En los últimos años, emigrar a Estados Unidos dejó de ser una opción viable para los ciudadanos centroamericanos, sobre todo aquellos del llamado Triángulo Norte compuesto por Guatemala, Honduras y El Salvador. Ello implica que repensar la forma de ejercer el poder y de hacer política sea más urgente que nunca.

Por otra parte, la política se puso en marcha en América Latina luego del momento más álgido de la pandemia, cuando todo se pausó por unos meses. Chile, Bolivia, Ecuador, Colombia volvieron a poner en marcha procesos de lucha que habían quedado en stand by con el arribo del virus. En este sentido, un dato importante que suele escapar a los análisis es que esta nueva puesta en marcha tuvo dos capítulos en Centroamérica: Costa Rica, un país sin las urgencias de Guatemala, vive un importante proceso de movilizaciones contra la política de endeudamiento de su Gobierno. Ahora, Guatemala se puso en guardia por la aprobación de un Presupuesto que acentúa las formas de siempre, en la que mantener privilegios y perpetuar la desigualdad son los principios rectores.

Quizás esta sea la posibilidad de conseguir en las calles una verdadera unidad de discurso y acción para que, al menos, el diálogo incluya a los intereses de las mayorías. Ojalá que suceda, y, como dice el himno, que el ave indiana remonte su vuelo, “más que el cóndor y el águila real, y en sus alas levante hasta el cielo, Guatemala, tu nombre inmortal”.


Sobre el autor: Santiago Toffoli es estudiante de Lic. en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Auxiliar de la Cátedra Integración y Cooperación Latinoamericana de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales (UNR). Columnista internacional en Radio Gran Rosario, AM1330 (Rosario), Radio Comunitaria Poriajhú (Capitán Bermúdez, Santa Fe.) Escritor en Síntesis Mundial, Fundamentar y Pensar Futuro.



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