¿Qué nos muestra el Coronavirus? Los retos en materia de salud en América Latina

Por: Belén Herrero


La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado el brote de Coronavirus como una emergencia de Salud Pública de Preocupación Internacional. El nuevo coronavirus, conocido como "neumonía de Wuhan" o 2019-nCoV, ha causado hasta ahora 908 muertes, y la cifra de infectados en territorio chino ha superado los 40.000 casos. El origen del brote, cuyos primeros casos se detectaron en diciembre, se ha localizado en un mercado de mariscos y pescados de la ciudad de Wuhan, capital de la provincia de Hubei en la República Popular de China. En cuanto a la expansión de la epidemia a nivel global, se han registrado más de 350 casos en 25 países.

Se trata de un virus de transmisión aérea y aunque todavía se desconocen muchos detalles del nuevo coronavirus 2019-nCoV, la OMS ha asegurado que "lo más probable es que una fuente animal sea la fuente primaria de este brote de nuevo coronavirus". Por su parte, el ministro de Sanidad chino, Ma Xiaowei, ha confirmado que este coronavirus es contagioso incluso antes de mostrar síntomas, lo que podría dificultar las labores de control, puesto que el período de incubación es de entre 1 y 14 días. De todas formas, hasta el momento el virus mantiene una tasa de mortalidad baja, del 2,09 por ciento.

Como en otros casos en que una enfermedad “grave, repentina, inusual o inesperada” puede constituir un riesgo para la salud pública de otros Estados a través de la propagación internacional de la enfermedad, la OMS ha tomado la decisión de declarar la epidemia de coronavirus una emergencia internacional, justamente ante el temor de que la enfermedad “siga extendiéndose fuera de China y llegue a países con sistemas de salud débiles que no están bien preparados para dar respuesta a la propagación de la epidemia”.

Esta es la sexta ocasión en que la OMS declara este tipo de emergencia global, luego de las que activó ante el brote de gripe H1N1 (2009), de ébola en África Occidental (2014) y en la República Democrática del Congo (2019), de polio en 2014 y el de virus zika en 2016.


La salud: un asunto internacional

La situación que ha desencadenado esta nueva epidemia da cuenta de la importancia de la acción coordinada de los países, en especial ante las características de esta enfermedad. Por ello, es imperativo reflexionar en torno a qué tipo de cooperación es necesaria, bajo qué modalidades y qué roles asumen y/o deberían asumir los países. A esto se suma que el epicentro de la enfermedad se encuentra en China, y esto no es menor en materia de Relaciones Internacionales y política exterior. 

Ante la preocupación por frenar la propagación del virus, China, que hasta el momento concentra el 99% de los casos, viene demostrando una rápida capacidad de respuesta a través de investigaciones en tiempo record de pruebas de detección rápida; de la reducción de la circulación en la ciudad de Wuhan, entre otras, poniendo en cuarentena a 40 millones de personas (lo que equivaldría a poner en cuarentena a casi toda la población de la República Argentina); a través del cierre de los principales puntos de turismo internacional; de la suspensión de la fiesta de año nuevo (con la importancia que tiene esta fecha en este país) y finalmente, con la construcción -en 10 días- en Wuhan- de un hospital con más de 1000 camas (y ya está finalizado el segundo hospital también con 1000 camas). Esto, en parte, porque el SARS ha dejado algunas lecciones aprendidas para el abordaje de la salud de la población –y que es mejor actuar rápido que intentar ocultar lo que sucede-, pero también para reducir el impacto que puede tener la enfermedad en términos comerciales y económicos si continúa expandiéndose, además de demostrar todas sus capacidades para hacer frente a esta problemática. Este no es un tema menor para China que aspira a mantener e incrementar su liderazgo internacional.  

Ahora bien, en un contexto en el que la salud internacional está adquiriendo cada vez más importancia, y está ocupando espacios cada vez más notorios en la agenda de la política exterior a nivel global, dando cuenta del impacto de la globalización, también en el campo de los avances médico-tecnológicos y farmacológicos, es claro que el control de esta epidemia no puede depender únicamente de lo que pueda implementar China en forma aislada. En un mundo cada vez más interconectado, China es hoy uno de los estados con mayor expansión demográfica y comercial fuera de sus fronteras, a través de un notorio incremento del tránsito y la migración de personas desde y hacia el país para operaciones financieras, actividades estudiantiles y académicas y turismo.

Esto  pone en evidencia, una vez más, que los virus y las bacterias no conocen fronteras, y que las transformaciones sociales, económicas, políticas y culturales y la intensificación de procesos económicos y sociales repercuten sin dudas en la salud de las poblaciones, afectando especialmente a los sectores más desfavorecidos. 

El Coronavirus, en el plano internacional, pone sobre la mesa algunos puntos a discutir, que nunca pierden vigencia, pero que sí se re significan conforme el momento histórico en el que vivimos: la estrecha relación entre el comercio y la salud pública; las contradicciones entre los intereses económicos y el derecho a la salud; la utilidad/posibilidad de ciertas medidas de salud pública (como la cuarentena masiva) en un mundo globalizado (solo la ciudad de Wuhan tiene conexiones directas a Europa, Oriente Medio y Estados Unidos); la importancia del acceso universal a los sistemas de salud como principal política sanitaria y la cooperación entre los países como herramienta epidemiológica. Sobre estos últimos dos puntos quiero terminar esta nota. 

 

De la agenda local a la agenda regional en salud

América Latina tiene una larga historia ligada a la salud como asunto internacional. A esto se suma que la mayoría de los países de la región tienen una doble carga de enfermedad, esto es, patologías no transmisibles y la persistencia de enfermedades infecciosas y transmisibles que afectan, principalmente, a los grupos más vulnerables.

Tratándose de una emergencia internacional, la situación desencadenada por el Coronavirus reinstala, una vez más, la necesidad de reexaminar fundamentalmente dos aspectos en el campo de la salud como asunto internacional. Uno de ellos considero tiene que ver con el plano local/nacional, vinculado fundamentalmente a los sistemas de salud. El control de estas epidemias, depende de la capacidad de respuesta del sistema sanitario, de la eficacia de sus sistemas de información y, por ende, de los recursos destinados a este sector, como asimismo de la capacidad de acceso de la población y, sobre todo, de la presencia efectiva del Estado como principal garante. El fortalecimiento de los sistemas públicos de salud y la universalidad del acceso a diagnósticos oportunos y tratamientos efectivos (y no en función de la capacidad de pago) son la piedra angular para hacer frente a epidemias como la del Coronavirus, como también para abordar los problemas acuciantes que aún persisten y siguen padeciendo nuestros pueblos en materia de salud (como la tuberculosis o la sífilis congénita, por mencionar solo algunos).

El segundo aspecto, referido al plano regional/internacional, está vinculado a la capacidad que tengan los países de una región para dar respuesta de manera coordinada y conjunta a estas epidemias que, como vemos, no conocen fronteras. América Latina, sigue siendo la región más desigual del mundo. ¿Qué sistemas de salud necesita nuestra región en base a sus problemáticas específicas y perfiles epidemiológicos? ¿Cómo coordinar los sistemas de notificación y vigilancia? ¿Cómo generar mecanismos de compras conjuntas de medicamentos e insumos médicos ante estas emergencias y otras de igual importancia? ¿Cómo dialoga la región con otros actores internacionales del campo de la salud y cómo coopera en el escenario internacional, por ejemplo frente a estas epidemias? Estos son solo algunos de los muchos temas a discutir cuando de lo que se trata es de cómo abordar la salud en tanto asunto internacional y derecho humano en nuestra región. 

El Coronavirus nos recuerda entonces que el debate en torno a qué agenda de salud necesita nuestra región, en base a sus problemáticas específicas y capacidades propias, aún está abierto. La cuestión de la soberanía sanitaria regional que ocupó parte del debate en torno al derecho a la salud en nuestra región es un horizonte que no debemos perder de vista. Para ello es preciso fortalecer los espacios de integración regional, como así también los mecanismos de cooperación internacional. La cooperación sur–sur en este escenario deviene en una herramienta esencial en salud por sus características de horizontalidad, solidaridad, respeto mutuo de la soberanía y la autonomía de los países, atendiendo asimismo al fortalecimiento de las capacidades de sus sistemas sanitarios. En efecto, en los últimos tiempos los procesos de integración en América Latina mostraron que, a través de mecanismos de cooperación sur-sur, pueden ser canalizadores de este tipo de políticas, aunando esfuerzos para enfrentar coordinadamente brotes y epidemias, en un mundo que se nos presenta cada vez más interconectado. 

La salud entendida en su concepción social más amplia es, en la actualidad un objetivo internacional incuestionable y, por lo tanto, también debe ser internacional su abordaje, asignando a los Estados un rol central. Hoy en día -en especial frente a problemas de salud globales como el Coronavirus- las respuestas deben ser en todos los niveles (local, regional, internacional) y no pueden ser individuales, al menos no únicamente, sino que tienen que construirse colectiva y sinérgicamente entre los países, atendiendo a sus fortalezas y a sus diferencias, de manera urgente, coordinada y solidaria. El Coronavirus no es el más grave de los problemas de salud que nuestros países deben enfrentar, ni mucho menos el único, pero sí es el que vuelve a poner en agenda, una vez más, el tema de la salud como asunto internacional y como derecho humano. La cuestión entonces es qué camino tenemos que tomar y cómo estar preparados. 

 

Belén Herrero es Investigadora principal del Área de Relaciones Internacionales de FLACSO (Argentina) e Investigadora de CONICET. 

 

El lápiz verde