¿Qué esperar de los votantes de Cambiemos?

Por: Federico Aranda

Los signos de la crisis económica que nuestro país atraviesa resultan tan explícitos que ni el propio equipo de gobierno pretende ocultarlos, más allá de la aparente calma de los últimos días.

La sensación de inestabilidad y la incertidumbre sobre el panorama de los próximos meses se esparce rápidamente en una sociedad que pese a ya haber sido víctima de procesos similares en el pasado aún no ha desarrollado la capacidad de identificar y prevenir las causas. Las recetas que originalmente fueron impuestas con las botas y el terror, llegaron esta vez acompañadas por la voluntad popular, rodeadas de globos y alegría marketinera.

Podríamos preguntarnos sobre el contenido de verdad de este último enunciado, al observar el contraste existente entre lo que fue el discurso de campaña de Cambiemos y las medidas de gobierno tomadas posteriormente. Problematizar esto implicaría sumergirnos en la cuestión de si un gobierno que tiene legitimidad de origen (que llega al poder elegido por el pueblo) la conserva al tomar decisiones que contradicen su propuesta electoral. No avanzaremos sobre esta linea argumental en la presente nota, sin embargo, cualquier razonamiento en este sentido debe tener en cuenta un factor clave: la opinión que tiene verdadero peso a la hora de caracterizar como fraude la gestión de Cambiemos y cuestionar su legitimidad es la proveniente de sus propios votantes. Quizás esta fue una de las principales enseñanzas que la derrota en la elección legislativa de 2017 dejó a una oposición que durante la campaña pareció hablarse a sí misma. La batalla electoral del año próximo expondrá la forma en la que se procesó ese golpe. Descansar en la convicción de que desde entonces la ciudadanía definitivamente se dio cuenta del engaño y que una multitud de arrepentidos volverán a optar por aquello que en las últimas dos elecciones descartaron, es un riesgo que puede costarle el éxito a cualquier proyecto opositor.

Pero lo que nos interesa abordar aquí es ¿qué sucede al interior del electorado de Cambiemos? En el contexto de crisis actual, y de cara a los complicados meses que se avecinan, podemos interrogarnos sobre el comportamiento futuro de estos votantes.

A comienzos del año 2003, cuando el kirchnerismo asomaba en el horizonte y Mauricio Macri recién daba sus primeros pasos en la política porteña, el sociólogo Juan Carlos Torre escribió un artículo fundamental para analizar la crisis política que atravesaba nuestro país*. Según Torre, la capacidad de los partidos políticos para sobrevivir en el escenario de descontento social generalizado de aquel entonces se encontraba condicionada por el tipo de vínculo que estos mantenían con sus electorados.

En este sentido, para comprender el comportamiento de los votantes de los diferentes partidos la distinción que importaba era la que separaba a los adherentes de los simpatizantes. El vínculo que se establece entre los adherentes y el partido es de pertenencia, de prolongada identificación y se encuentra constituido por una densa trama de solidaridades. Por su parte, la relación entre los simpatizantes y el partido depende casi exclusivamente de la proximidad de las preferencias de los primeros con las propuestas del segundo.

Es simple traducir estos conceptos a personas de carne y hueso, y el lector podrá reconocer fácilmente entre sus conocidos a ambos tipos de votantes. Los adherentes no son solo aquellos individuos que están afiliados a un partido y militan cotidianamente en sus filas sino también aquel conjunto de personas que sin trabajar directamente por el partido se sienten parte del mismo o de lo que este representa, como aquel personaje de la novela No habrá más penas y olvidos al que Soriano le hizo decir: “Yo nunca me metí en política, siempre fui peronista”**.

Inversamente, estamos ante la presencia de un típico simpatizante cuando previo a cada elección conversamos con alguien que nos dice que no ha decidido su voto porque aún no se ha informado lo suficiente sobre qué propone cada candidato.

El voto del adherente es un voto de pertenencia, el voto del simpatizante es un voto de preferencia. Pero, ¿cuál es el sentido de esta distinción? ¿Cómo impacta en la práctica política? O simplemente, ¿por qué debería interesarnos en este análisis?

La diferencia entre adherentes y simpatizantes se torna fundamental para comprender la forma en la que se comportan los votantes de un partido ya que determina cómo estos evalúan el desempeño en el gobierno.

La fuerte identificación de los adherentes con el partido genera dos recursos sumamente valiosos para la organización. El primero es la lealtad, que independiza el apoyo al partido de los resultados de sus políticas a corto plazo. El segundo son las claves de interpretación de la realidad, es decir, la predisposición de los adherentes a hacer suyos los argumentos esgrimidos por los dirigentes partidarios para explicar los aciertos y justificar los errores o dificultades de la gestión. Este punto determina la forma en la que estos votantes seleccionan y procesan la información que se encuentra a su disposición.

En cambio, los simpatizantes mantienen un vínculo menos afectivo con el partido. No asocian de manera estable sus valores e intereses con determinada organización política, por lo que en cada elección escogerán aquella opción que crean que representa mejor la defensa de los mismos. De esta forma, el apoyo que este tipo de votantes brinda a los partidos se encuentra fuertemente ligado a la calidad de los resultados obtenidos durante la gestión y a la medida en que estos satisfagan las expectativas del electorado.

El año pasado, Torre realizó una revisión de su artículo a la luz del nuevo panorama político***. Lo que nos importa aquí es que en la opinión de Torre el electorado que apoya al gobierno de Mauricio Macri en su mayoría “se compone de simpatizantes que a la hora de los comicios deposita un voto de preferencia [...], si la gestión de «Cambiemos» no está a la altura de sus expectativas su reacción natural bien puede llegar a ser colocar en el banquillo de los acusados a los dirigentes de la actual coalición en el gobierno, retirándoles el respaldo”.

¿Hay suficientes argumentos para sostener la afirmación de Torre? ¿Cuántos de los votantes de Cambiemos encajan mejor con el perfil de adherentes y cuántos con el de simpatizantes?

La crisis que nos encontramos transitando nos permite pensar cómo opera esta distinción en los hechos. En el balance de la gestión, los dirigentes de Cambiemos tienen pocos éxitos para mostrar a sus votantes y se han visto obligados a reconocer la incapacidad de lograr las metas propuestas (y eventualmente reformuladas) por ellos mismos.

No obstante, algunas de las medidas políticas que podrían resultar más impopulares para el gobierno ya se encontraban presentes al realizarse la elección legislativa del año pasado y los resultados parecieron mostrar un electorado que se mantuvo leal “al cambio”.

Las urnas sorprendieron a una oposición montada sobre la pregunta supuestamente imbatible de “¿cómo estabas antes y cómo estas ahora?”.

Existe margen para reflexionar sobre cuál será el comportamiento del electorado oficialista en el escenario presente. ¿Cuánto pesan las preferencias y cuánto pesa la pertenencia?

Un componente no analizado por Torre es que la pertenencia y la identificación con una fuerza política pueden encontrar su principal motivación en la oposición a una fuerza alternativa. El apoyo del votante a determinado partido puede sostenerse no solo en la lealtad a sus dirigentes sino en el antagonismo hacia el principal adversario.

Una segunda cuestión se relaciona con la adjudicación de responsabilidades. Por más que el conjunto de la sociedad se encuentre de acuerdo sobre el desempeño insatisfactorio del gobierno, para que esto dé origen a un proceso de desafección partidaria se requiere que la distancia entre las expectativas de los votantes y los resultados de la gestión sean atribuidas al elenco de gobierno y no a factores externos.

En este punto se vuelve fundamental una de las cualidades que Torre adjudica a los votantes adherentes: los mecanismos de selección y reproducción de información.

El equipo de comunicación de Cambiemos decidió que el paso siguiente a reconocer la crisis en la que estamos inmersos sea desligarse completamente de la culpa atribuyendo los problemas a un escenario externo impredecible y al “desastre de la gestión anterior”.

El éxito que tenga esta estrategia demostrará la capacidad del partido de gobierno (y de la corporación mediática que le sirve de soporte) para otorgar a sus votantes claves interpretativas de la realidad.

Estos ejes definirán la forma en la que se va a configurar la competencia política. Cambiemos pondrá todo su empeño en afianzar ambos elementos para retener la mayor cantidad posible de votantes.

La oposición deberá elaborar un discurso que pueda socavar los pilares sobre los que se asienta la mayoría oficialista y construir una propuesta lo suficientemente amplia como para poder representar nuevamente las preferencias de una parte del electorado que se alejó en 2015.

Algunas señales de esto comenzarán a verse en los próximos meses pero no tendremos verdadera certeza sobre los resultados de este proceso hasta que las urnas definan quién será el nuevo ocupante de la Casa Rosada.


*Juan Carlos Torre, “Los huérfanos de la política de partidos. Sobre los alcances y la naturaleza de la crisis de representación partidaria”, en Desarrollo Económico, Vol. 42, N.º 168, 2003, pp. 647-665.

** Frase que posteriormente Leonardo Favio puso en boca del Mono Gatica en su película.

*** Juan Carlos Torre, “Los huérfanos de la política de partidos revisited”, en Revista SAAP, Vol. 11, N.° 2, 2017, pp. 241-249.


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