Puerto de San Julián

OPINIÓN. En el año 1520 la flota comandada por Fernando de Magallanes, abandonó el puerto de San Julián y puso rumbo al sur, llegando al Puerto de Santa Cruz...


“El 21 de agosto la flota abandonó el puerto de San Julián y puso rumbo al sur. Llegó al Puerto de Santa Cruz el 14 de septiembre”; se pudo escribir en cualquier diario o documento  de los últimos quinientos años. Porque exactamente  en el año 1520 la flota comandada por Fernando de Magallanes cumplió ese periplo.

Parece cosa de poca importancia pero el viaje de Magallanes, irrelevante para muchos que lo asemejan a cualquier otro viaje renacentista, es uno de los hitos más importante para la historia de la cultura de occidente que apoya su expansión universal en tres hechos protagonizados por el hombre ibérico: el Descubrimiento de América por Cristóbal Colón en 1492; el forzar las puertas de oriente que concretó Vasco de Gama en 1499; y la primera vuelta al mundo por Fernando de Magallanes en 1521.

En su larga recalada en San Julián, Magallanes fue el protagonista del primer registro de una misa celebrada en tierra americana. También fue la primera vez que se aplicó en América el derecho escrito, el Fuero Juzgo, en sus disposiciones penales condenando a muerte a dos españoles; centenares de palabras de origen americano fueron incorporadas al vocabulario portugués/español vigentes hasta nuestros días: hamaca, bohío, cacique, Patagonia y sus derivados y nominó miles de accidentes geográficos, desde San Borombón, a Cabo Vírgenes, así como dio nombre y muchas veces dibujó la flora y fauna de la Patagonia. Y por si fuera poco descubrió el estrecho ignorado bioceánico que lleva su nombre, la ruta marítima  única por cuatrocientos años.

La pandemia opacó la celebración del aniversario del viaje de Magallanes. Reduciendo todo homenaje  a un modestísimo, al borde del decoro, recuerdo en Portugal, a pesar que Magallanes era portugués; el envío del buque escuela Sebastián Elcano, un subordinado de Magallanes, por parte de la Armada Española siguiendo aproximadamente el viaje del Descubridor, y el estruendoso silencio de la recordación de la primera misa por parte de la Iglesia Católica, de las autoridades judiciales de los países involucrados, de las Academia de Historia, de la inteligencia viva de los que se titulan “intelectuales”; y de los pequeños alfiles de los intendentes locales de San Julián o Puerto de Santa Cruz que se debaten sin presupuesto económico en una crisis en la que el mero vivir es una proeza. Cruza la meta gloriosa del medio milenio el Capitán Fernando de Magallanes, dejando atrás una fantasmal armada de Brancaleone.

Es muy difícil señalar al principal responsable histórico del maltrato a Magallanes. Acaso el rey de Portugal Manuel II “O Venturoso”(El Afortunado)  que recibió al Capitán de Guerra Fernâo de Magallâes en una corta audiencia en 1517, en la que le negó a su Capitán las dos solicitudes que traía. La primera que le otorgara el mando de una embarcación para tratar con ella de rehacer su patrimonio que alegaba  haber perdido sirviendo a las armas de la corona; la segunda que le aumentase la pensión como lisiado de guerra  en dos coronas anuales, el dinero que alguna menina de palacio, suele cobrar a un caballero por gozar una noche de sus favores, ayer como hoy.

El aumento le fue negado. Entonces, Magallâes, improvisó una tercera petición, que le permitiera ofrecer sus servicios a otra corona. El Afortunado, ya molesto con el insistente capitán le respondió que ofreciese sus servicios a quién los quisiera.

Se retiró el Capitán, y al poco tiempo fue a España a presentar un plan de llegada a las islas de las especies sin pasar por la ruta portuguesa. Es rey un jovencito de 19 años, Emperador Carlos V en Alemania, ahora también Carlos I de España. Esta es la conversión de Fernâo de Magallâes, en Fernando de Magallanes. Descubierto el Estrecho la corona portuguesa tuvo que pagar 300.000 ducados de oro a su par española, para utilizar la ruta de Magallanes.

O acaso es Carlos I el que generó la desconsideración a Magallanes después  del descubrimiento. La corona española tardó ocho años en abonarle a la viuda de Magallanes la pensión por la muerte de su esposo. Diez años necesitó el Marques  Cristóbal de Haro para cobrar la financiación del 29% del costo de la expedición que adelantó la Banca Fugger de Alemania. Pero con la sola carga incompleta de especies que trajo la nao “Victoria” se pagó toda la expedición y aún produjo ganancias. ¿Quién comenzó el maltrato…”

“¿Quién rompió la luna del espejo?

La vara del juez, el báculo o el cetro, la traición del embajador, el resentimiento del Afortunado, la lucha de las coronas, la ambición de los contratos, la mezquindad de los fracasados…  podría preguntarse León Felipe.”

Y de paso incluir a la desmemoria de los argentinos, a su afán de bajar toda altura. De nivelar para abajo, de achatar todo lo que suba, abolir lo que tenga mérito.

Incólume, luminosa, ajena a toda pequeñez navega desafiante, la “Victoria” con su glorioso Capital Fernando de Magallanes, otro de los hombres que como Lot no miró para atrás.



Sobre el Autor


Hugo Martinez Viademonte. Es Periodista. Ex corresponsal de Inter Press Service, Estado de San Pablo y colaborador de las agencia internacionales.

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