Prostitución: ¿opresión o "profesión"?

Por: Daniela Gasparini


En buena hora que esté en boca de todxs la prostitución y la trata de personas, sin querer Jimena Barón nos allana el camino para que algunas hablemos de lo importante, digo “sin querer” porque creo que lo hace para promocionar su nueva canción en su incipiente carrera como cantante y para obtener dinero, igual eso me parece lo menos relevante, creo que ella sabía el revuelo que iba a ocasionar, que es un debate abierto en el movimiento feminista, y con su postura fomenta que la prostitución sea una salida laboral en nuestro país. Postura con la que no acuerdo, y lo digo como mujer, hetero, feminista, clasemediera, profesional. Jimena también lo dice con la comida de todos los días resuelta, con una dedicación física y saludable a su cuerpo, y posiblemente pudiendo elegir con quién tener sexo al igual que yo. Esta no es la situación de las mujeres que están en el circuito prostibular, o al menos de la casi totalidad. Tampoco son las mujeres que aparecen en los papelitos, como quiso dar a entender la actriz que necesitaba publicitar su nuevo hit de nombre “puta”, generalmente mujeres anónimas, pero con imágenes que cumplen con los estándares culturales y patriarcales de belleza en nuestros tiempos y región. Los papelitos que producen proxenetas, lo que todxs conocemos como cafiolos, dueños, encargados, personal de seguridad, repartidor de volantes e incluso clientes, te conducen a lugares tipo bares, pool, whiskerías, departamentos o casas de masaje que, detrás de la fachada, deja ver mujeres vulnerables, de todas las edades, pobres, muchas de ellas extranjeras, madres que son el único sostén de sus hijxs, mujeres que no pudieron estudiar, o debieron abandonar la escuela de jóvenes porque debían conseguir algún ingreso económico. Esas son las características de las mujeres reales que son prostituídas.  

La prostitución, ¿qué es la prostitución? ¿Es una acción? ¿Es un intercambio? ¿Un hobby? ¿Es opresión? ¿Es un “trabajo”? ¿Es explotación? ¿Es trata? La prostitución puede tener tantos significados como sea político ideológicamente posible o político económicamente conveniente. Por eso es un tema en debate. Porque afloran muchos prejuicios, imaginarios sociales, respuestas colectivas repetidas, o posturas que parecen “más copadas” que otras. Creo que prostitución es explotación.

La justificación más antigua para pensar que la prostitución tiene que estar reglamentada como un trabajo es la frase transmitida de generación en generación que dice que es "la profesión más antigua", frase que seguramente más de un padre, tío o amigo le dijo a su pibe cuando lo llevaba a debutar con una “puta”; muchas veces en manada. Una frase para justificar su masculinidad e incluso realzarla. Se trata de eso, de darle jerarquía, es el consumo de prostitución la sumición de los cuerpos femeninos, el sometimiento de las mujeres ante la “necesidad” o deseo del varón, nada más relacionado a las relaciones de poder, al patriarcado o a la violencia de género. Así es como se invisibiliza la vulnerabilidad y se terminan ubicando las acciones en el plano de lo esperable o deseable para una persona, como ser la “puta”, que seguramente estaría deseando no intercambiar su cuerpo y sus deseos por dinero, la mayoría de las veces, miserias.

Siguiendo esta línea, si nos paramos desde una óptica más socioeconómica y atendiendo al estudio de los factores de vulnerabilidad, una mujer pobre, sin escolaridad, sin recursos económicos, ni que hablar si tiene hijxs a su exclusivo cargo, es una potencial prostituta. No quiero decir que todas las mujeres con dichos indicadores de vulnerabilidad terminen en el circuito prostibular, lo que quiero decir es que son carne de cañón para la captación, el engaño, el aprovechamiento cuando tenemos un sistema politico patriarcal que oprime a las mujeres, se aprovecha de su situación, las cosifica y las reduce a meros objetos para satisfacer la demanda prostituyente. Porque hay demanda se busca la oferta, se genera el engaño, la promesa, la captación de mujeres para prostituirlas, y más en las regiones como las nuestras donde el consumo de prostitutas está naturalizado.  

La prostitución y la trata de personas están íntimamente relacionadas, pasa que hubo un gran esfuerzo por separarlas, mostrando la trata como algo esporádico, creando mitos, haciéndonos creer que si no son mujeres encerradas, secuestradas y desaparecidas, no son víctimas, se las señala, se dice que “están ahí” -en prostitución- porque quieren, o porque es “plata fácil”. Esto no es así en la gran mayoría de los casos, y los grandes beneficiarios de que la sociedad, los medios y las instituciones fomenten esto, la connivencia policial e institucional lo reproduce a diario, y así son las redes de trata que siguen facturando gracias a estos mitos que separan la trata de la prostitución, y a costa de la explotación de mujeres humildes, lo que tiene cierta lógica en un país con el 40% de pobres, siendo la mayoría mujeres.

Es necesario romper con esos imaginarios colectivos y evitar caer en la trampa de legitimar situaciones tremendas sin saberlo.

Ser “puta” no tiene que ser un insulto, es un término, un concepto machista, pero también hay cierto empoderamiento del lenguaje por parte del movimiento feminista que es incipiente pero que no tiene vuelta atrás, pero las prostitutas lo deben escuchar a diario en la boca de los clientes prostituyentes, o despectivamente por parte de los encargados de los prostíbulos, lxs regenteadores, los que les terminan pagando cuando se les antoja (y lo que se les antoja) al finalizar la jornada, o cada vez que son violentadas verbal o psicológicamente, o violadas sexualmente. Por eso “puta” no debe ser nunca un insulto, creo que es en lo único que acuerdo con la cantante, pero es difícil también repensarlo hoy sin tener en cuenta todo esto. Es irresponsable, negligente y soberbio si sabés que tenés mucha influencia, sobre todo en lxs más jóvenes.

Es importante tener claridad en qué se debate en una parte de la sociedad, no toda. Ojalá estuviéramos en esa instancia. La pregunta es acerca de La Prostitución, cómo pensarla y abordarla en un sistema que es capitalista y en un sistema donde los Estados nacionales legislan sobre la prostitución y sobre nuestros cuerpos. Nada es ingenuo, sobre todo teniendo en cuenta que la trata de personas con fines de explotación sexual es uno de los tres negocios más redituables del mundo.

Es necesario entender mínimamente que el debate en torno a la prostitución se da entre la mirada abolicionista y la reglamentarista. Pero por el momento hay tres corrientes de ideas que están en debate permanentemente, dos de ellas ya mencioné, la tercera es el prohibicionismo. Las mencionadas no solo son ideas o conceptos, son también legislaciones y posicionamientos estatales.

Está el reglamentarismo, que en un análisis muy breve, dice que hay personas que eligen la prostitución y el uso de su cuerpo para su subsistencia económica, que es su trabajo e intentan que sea reglamentado. Por otro lado, está el prohibicionismo, que habla de la prohibición del "ejercicio" de la prostitución, es decir, una mujer en situación de prostitución podría ir presa. Y el abolicionismo es la persecución y castigo a proxenetas y tratantes, a las organizaciones criminales y nunca a las prostitutas, ya que estas son consideradas personas vulnerables, explotadas y violentadas. Mi postura está más cercana a la abolicionista, no sé si me gustaría encasillarme ahí, ya que estoy en permanente debate, pero mis ideologías políticas y feministas me dificultan pensar como horizonte de mis luchas un país donde la prostitución sea una “salida laboral” para las pibas, más bien quisiera que no haya pobreza, injusticia y discriminación, con un Estado a la altura de resolver los problemas de su pueblo y no a la altura de las redes de trata, un presente y un futuro donde las mujeres estemos verdaderamente libres, que podamos elegir quién nos toca el cuerpo y sentir placer, que nuestro cuerpo no sea prenda de intercambio, que tengamos soberanía sobre nuestro cuerpo, pero que finalmente se generen las condiciones para eso, porque hay que decirlo: acá las principales perjudicadas son las mujeres pobres.

¿Qué pienso yo acerca del significado de la prostitución? Que es explotación sexual de los cuerpos femeninos. Que es un gran mercado dentro del sistema capitalista patriarcal mundial y que su existencia condiciona el futuro de millones de mujeres que no encuentran otra salida a su situación de vulnerabilidad que la prostitución, que a mi parecer lejos de darles libertad y autonomía, las esclaviza.  

Como decía Lohana Berkins, “no voy a defender la prostitución como autonomía. Si nos quieren correr por izquierda con la libertad de los cuerpos, si alguien pagó caro, somos nosotras en travestir un cuerpo en situaciones ilegales, en condiciones de marginalidad. No es ninguna libertad. La prostitución nos dejó pérdida de la autoestima, la anulación como personas”.

Es necesario concientizarnos y aprovechar esta nota para promocionar la línea nacional de denuncias sobre trata de personas, 145, atendida por profesionales del Programa Nacional de rescate y acompañamiento a personas damnificadas por el delito de Trata. Podés denunciar o hacer consultas las 24 horas los 365 días del año de forma anónima y gratuita.


*Psicóloga. Feminista. Militante de Mumala. Especialista en estudios de género y trata de personas.

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