PROCREAR 2020: relanzamiento, aprendizajes y proyecciones

La esperada medida, en un contexto de prolongada recesión económica agravada por la pandemia resulta lógica y plausible.


Por Natalia Cosacov y Ramiro Segura


Hace un poco más de un mes, a través del Decreto 643/2020, el gobierno nacional relanzó el programa de crédito PROCREAR. La esperada medida, en un contexto de prolongada recesión económica agravada por la pandemia resulta lógica y plausible. Además del histórico rol de la construcción como palanca para la reactivación económica, este relanzamiento  busca abordar el problema de acceso a la vivienda, específicamente en los sectores medios, ante un panorama general de la cuestión que es dramático y con modulaciones específicas según las clases sociales: fuerte tendencia hacia la inquinilización y crecientes dificultades de pago de los alquileres entre sectores medios; 40% de las viviendas existentes a nivel nacional con algún tipo de déficit habitacional (Encuesta Nacional sobre la Estructura Social argentina); y la existencia de más de 4 mil urbanizaciones informales en el país (Relevamiento Nacional de Barrios Populares).

El relanzamiento del PROCREAR, al igual que la primera versión iniciada en junio de 2012 bajo el gobierno de Cristina Kirchner, apunta a esos dos frentes: economía y vivienda. A la vez, en el diseño de esta nueva edición se evidencian un conjunto de lecciones aprendidas y de proyecciones futuras para una política pública que vale destacar. Un breve recorrido por los avatares del PROCREAR permitirá mostrar esas transformaciones.

El PROCREAR Bicentenario (2012-2015) lanzado en un contexto de crisis económica internacional y estancamiento de la economía doméstica tuvo un significativo impacto económico, legible en la dinamización de la construcción y en el aumento de la demanda de empleo (se estima que en el período se generaron 570.000 puestos de trabajo) así como en la demanda de materiales (un ejemplo: en esos años se registraron sucesivos récords históricos en el consumo de cemento). Asimismo, también fue relevante la respuesta que dio el programa en términos de cantidad de familias que pudieron acceder a la vivienda propia (se otorgaron más de 110.000 créditos en menos de cuatro años) y al grado de satisfacción de las familias beneficiadas, como pudimos comprobar en una evaluación que realizamos del programa a pedido del Banco Hipotecario.

La contracara de aquel proceso –que el programa registró e intentó morigerar con modificaciones parciales y nuevas líneas de crédito durante esos años- fue la creciente dificultad para acceder a suelo urbano, tanto por su escasez relativa como por el exponencial proceso de especulación inmobiliaria que se registró en todo el país. Ante la ausencia de herramientas eficaces para intervenir en la disponibilidad, provisión de suelo y regulación de su precio, la implementación del programa estuvo fuertemente marcada por el propio mercado inmobiliario, acompañando y/o profundizando tendencias preexistentes en la mayoría de las ciudades del país hacia un desarrollo urbano extenso y difuso, con los consabidos costos ambientales, sociales y económicos a mediano y largo plazo.

Con sus ambivalencias e impactos diferenciales, aquel ciclo se cerró en el 2015. Cuando asumió Macri se desarmó el equipo del Programa y su gobierno le dio un giro significativo. A partir de entonces, el PROCREAR tuvo poco que ver con las características que hasta ese momento había ofrecido, como las tasas beneficiosas y la relación cuota-ingreso hasta el 40%. El gobierno del PRO tuvo como prioridad expandir el crédito y la clave fueron los créditos hipotecarios UVA. Se caracterizaron por iniciarse con una cuota baja que los hacía muy accesibles, pero se actualizaban al compás de la inflación. Como ha estudiado la colega Socoloff, este sistema tuvo su pico en 2017 pero en 2018 ya se comenzaron a observar sus problemáticas a la luz de la crisis económica argentina. La principal fragilidad se evidenció en el hecho de que los salarios habían variado por debajo de la inflación. Todas y todos vimos los reclamos de deudores hipotecarios pidiendo medidas para paliar las consecuencias del crecimiento exponencial de las cuotas y el capital. Otra diferencia con el período anterior, fue la implementación del sistema de scoring (puntaje de acuerdo a ciertos criterios) abandonando el sorteo público como modalidad de asignación del crédito que, junto con sus condiciones de pago, habían colaborado en consolidar una imagen positiva del PROCREAR como un "crédito excepcional” para muchas familias.

Retomando la impronta que tuvo durante los años 2012-2015, el PROCREAR 2020 vuelve a cuidar la relación entre cuota e ingresos familiares, estableciéndose el Coeficiente de Variación Salarial como otro índice idóneo para ajustar los créditos hipotecarios. Asimismo, trae innovaciones que evidencian que se ha tomado nota de las principales debilidades que mostró el programa en su diseño original. Es para celebrar que su lanzamiento se acompañe de un Plan Nacional de Suelo Urbano creado en el mes de mayo. Desde el Ministerio sostienen que una “política de hábitat virtuosa debe ir acompañada de una adecuada gestión del suelo”. El plan contempla el financiamiento y apoyo para la producción de lotes con servicios y los instrumentos legales que sean necesarios para favorecer la producción de suelo urbanizado, la promoción de la creación de bancos de tierra a nivel municipal y provincial, capacitaciones y asistencia técnica para mejorar las capacidades de los gobiernos locales y provinciales y una Mesa Intersectorial de Políticas de Suelo de carácter federal.

 El PROCREAR 2020 propone una batería de herramientas que buscan dar respuesta a un limitante estructural y cuya aplicación exigirá un significativo esfuerzo de coordinación con los municipios y provincias. Pero más allá de las dificultades por venir -el desafío es enorme- importa destacar el aprendizaje en una política pública que busca acompasar reactivación económica, acceso a la vivienda y desarrollo de ciudades sustentables.

Sobre los autores

Natalia Cosacov: Socióloga, investigadora del CONICET con sede en el IDH/UNC

Ramiro Segura: Antropólogo, investigador del CONICET con sede en IDAES/UNSAM


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