¿Por qué Cristina hay una sola?

Al leer la carta, se me hicieron claras muchas cosas sobre la figura de Cristina en las que vengo pensando y dándole vuelta desde hace mucho. Espero en estas breves líneas poder ponerlas en palabra.

El sentido emotivo y mágico de su figura tiene que ver con que su prosa, su decir y su mirar remiten a un ideario de otra época.

Es claramente la única política viva que traza un puente con la generación de los años 70. No me refiero a sus ideas solamente o a sus acciones y políticas, que reivindican a esa generación. 

No, que se entienda bien. Me refiero a que ella es eso y de eso ya no queda más. El mundo de esa generación tiene más colores y es a la vez más opaco. 

Los que pertenecen a ese mundo tienen un universo cultural más vasto que le permite mirar con más claridad la oscuridad del mundo. 

Su narrativa de vincular factores, inmiscuir actores en un contexto, ir de lo general a lo particular y de lo internacional a lo local es claramente distintiva de un político, de una política, de otra época. Quiero decir, es propio de un militante político en el sentido más integral de la palabra. 

Quizás es eso lo que la conecta tanto y la vincula emotivamente con el pueblo, además, claro, de lo más importante, que son sus acciones y políticas. Pero quiero decir... es la política profesional más política, más militante que jamás haya visto.

Cuando ella dice "No toleran la vuelta del peronismo" está dándole también otro sentido al término. Todos pueden decirlo y usarlo para cualquier cosa. Pero ella solo lo usa desde su lado más rebelde y plebeyo. En sus dos períodos como presidenta, pocas veces recurrió al término peronismo. En general, lo hizo para evocar su sentido más rebelde y jacobino, e inmiscuirse ella en ese colectivo.

Recuerdo dos oportunidades en que lo hizo de este modo.

En ocasión de la muerte de Néstor Kirchner, cuando en un reportaje le dijo a Horacio Verbitsky, en alusión al desborde popular que impedía el traslado normal del féretro: “Nacimos mezclados entre la gente, somos peronistas, no vamos a cambiar justo ahora“.

La segunda vez fue al ser entrevistada por Pedro Brieguer y otros periodistas internacionales en el Calafate. Eran los inicios de la presidencia de Macri y le preguntaron si tenía miedo de ir presa. Ella respondió: “No tengo miedo, ser peronista en este país nunca fue fácil“.

No hay ingenuidad en esas palabras. Hay una mirada descarnada de los actores y de las fuerzas.

El silencio, la anticipación y la sorpresa.

La crítica en todo momento y lugar.

La conciencia de que sin negar la táctica política, las alianzas, las relaciones de fuerzas y la preeminencia de la política (huyéndole como peste al anti-política) es sin dudas el movimiento de las masas en acción el que va marcando los diales de la radio.

Esa, creo, es la peculiaridad de Cristina.

Es la reminiscencia a una racionalidad muy superior a la imperante que, al ejercitarse, permite evocar otro tiempo y otra manera de pensar y pensarse a uno mismo.

Por eso hay tan pocas.

Por eso hay una sola.


Sobre el autor

Pablo Anta es politólogo de la UBA.

Diarios Argentinos