¿Por qué ahora Colombia?

Si uno lee los documentos del gobierno nacional de Colombia, de los gobiernos departamentales y municipales así como de los organismos internacionales, fundamentalmente el FMI, el Banco Interamericano de Desarrollo y la OCDE (de la cual forma parte tan horondamente Colombia), surgirá rápidamente que estamos en presencia de un país ejemplar. No se entiende bien por qué hace 2 meses prendió una pequeña mecha que se hizo grande y hay aún tantas personas, especialmente jóvenes, en las calles protestando, incluso sin una conducción que los unifique.

No está de más decir que el pueblo colombiano sufrió y sufre todavía una historia de violencia, unida a diversas problemáticas, la que puede ayudar a explicar esta situación, pero el porqué ésto sucede ahora, nos excede. Respecto al porqué pasa, tienen sus motivos, daremos algunas pistas fundamentalmente en cuanto a la economía, muchas presentes en las reivindicaciones de los movilizados.

En el artículo IV del FMI (2021) se dice claramente que Colombia pudo enfrentar la pandemia con gran éxito gracias a su fortaleza institucional y sin haber abandonado los fundamentales de su economía. Simplemente se dice que se desentendió por algunos meses de las restricciones fiscales autoimpuestas pero el organismo invitaba a las autoridades, a sólo un mes del inicio de las protestas, a retomar las mismas rápidamente. Cómo al pasar menciona el elevado nivel de endeudamiento externo.

Este tipo de opiniones del Fondo es el resultado de años de hacer “buena letra”, un ejemplo de neoinstitucionalismo, incluso por encima de Chile. Es que el país desde el inicio de los 90, cuando reformó su Constitución, abrió la economía, restringió el gasto público, descentralizó, empoderó a los municipios, desarrolló instrumentos participativos, incluso un Presupuesto Participativo estilo Porto Alegre.

Al mismo tiempo tiene planes en todas las escalas de gobierno, de desarrollo, de ordenamiento territorial, educativos y de la salud, incluso un gran plan para estimular la cultura de la eficiencia y contra la corrupción en el sector público, un plan de innovación tecnológica, otro de desarrollo productivo y uno –con su ley- para estimular la economía creativa, algo obvio, por la importancia que estos últimos sectores tienen en esta época.

Incluso en la salud se llevó adelante una reforma y otras posteriores (la última que propusieron fue una de las causas del Paro) que según los documentos oficiales, han sido pensadas para aumentar la cobertura y la equidad.

Por otro lado, se aumentó la obligatoriedad de los primeros niveles educativos y e hizo una reforma que “acercó la educación a la gente” y propugna la participación de la comunidad educativa, en distintas modalidades. Además se fijaron metas para el aumento de la cobertura de la educación de pregrado, grado y posgrado.

¿Y entonces? La apertura comercial generó algo natural que es la profundización de “la enfermedad holandesa” en un país que había logrado un cierto desarrollo industrial. Creció pero a un ritmo inestable y con promedios inferiores a los de épocas anteriores. Su PBI per cápita sigue siendo bajo, alrededor de los 6.500 en 2019.


Tasa anual aumento PBI per cápita (%)



Fuente: Elaboración propia en base a Banco mundial on line

La participación de la industria en el PBI cayó. La importancia de las exportaciones energéticas hace que toda la estructura económica dependa de sus circunstancias. El ajuste fiscal explica la baja proporción del gasto sobre PBI, condicionando las posibilidades de contener a los sectores vulnerables y esto se verifica en la importancia que tiene el aporte de las familias en la salud y en la educación.


Fuente: Secretaría OCDE (2015)


La descentralización se realizó de golpe sobre la base de una estructura regional muy asimétrica que parece consolidar las inequidades. OCDE (2016) dice que Colombia es el segundo país con Gini territorial más elevado de América latina, la sigue Chile y México. Los municipios más pobres sobretodo rurales tienen además problemas de gestión graves y menos posibilidades de usufructuar ese supuesto empoderamiento por lo que siguen dependiendo de sus departamentos. En un trabajo de Cante y Jiménez (2020) se ve que hay 403 municipios con alto nivel de pobreza, problemas de gestión graves y  bajos niveles de recaudación propia.

Los grandes instrumentos de participación de la constitución se han usado muy poco (Velásquez, 2014) y el presupuesto participativo ha recibido muchas críticas por el escaso nivel de participación alcanzado (Corporación VIVA la Ciudadanía, 2012) y ha sido continuamente modificado sin grandes mejoras. No parece resolver un grave problema que aún subsiste qué es la presencia de los poderes ilegales en los territorios (Insuasty Rodríguez, Valencia Grajales, y Restrepo Marín, 2016).

Los planes de desarrollo -de gran importancia porque a partir de ellos se determinan las financiaciones estatales- por momentos parecen describir una realidad muy ajena a la de tanta gente. Por otro lado son promesas de futuro con niveles de elevada generalidad. Leaño (2017) muestra para Bucaramanga que si bien se cumple la normativa, los mismos son formales, poco realistas, incluso poco conocidos por los sectores involucrados.

Lo mismo sucede cuando se analizan los documentos oficiales referidos al apoyo a la producción y a la innovación, en su gran mayoría de tipo horizontales y que representan un arma muy limitada para hacer frente a la competencia generada por la apertura. Un ejemplo de ello puede verse en Colombia Productiva (2019).

Para enfrentar los problemas de la acción del Estado, el Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022 y los documentos del departamento de la Función Pública (2018) se proponen una política micro tendiente a elevar el nivel de profesionalización con conceptos del tipo “eficiencia” y “excelencia”, Se sigue una  “Estrategia de Cambio Cultural” que hasta ahora parece dar poco resultado (Forero Torres, 2018).

En lo que hace a la salud, los datos son alarmantes. El gasto total per cápita en 2017 era de $460 contra los 1.500 de Uruguay, los 1.300 de Chile los 900 de Brasil y los 900 de Argentina en 2015. El gasto público en salud -que nos importa porque refleja la capacidad atención de los sectores vulnerables- aumentó en Colombia (gracias a la presión de los amparos y a la resolución de la Corte Suprema) pero en relación al PBI no alcanza el 5% -como es el caso de Chile- y se ubica debajo 9% de la Argentina de 2015 y el 6,6% de Uruguay. Los resultados en términos de salud son muy inferiores a los de los países mencionados (Medina y Narodowski, 2019). Pero además la reforma ha generado mayor concentración y sobreprecios y a la vez han imposibilitado al sistema abordar las mejores prácticas aceptadas mundialmente, vinculadas a la atención primaria, a las redes, a la prevención y promoción de la salud, lo que lo convierte en un modelo inadecuado para el contexto, casi único, equiparable por su concepción a  pocos esquemas mundiales tan mercantilistas.

La municipalización de la educación que puede resultar útil en los municipios de mayor poder adquisitivo no resuelven el problema de la inequidad. Los departamentos y municipios grandes (Bogotá y Medellín por ejemplo) u otros de alto nivel adquisitivo, asignan muchos más recursos propios que el resto.



Fuente: Forero y Moreno (2019)

Además el modelo adoptado ha infundido a todo el sistema educativo de un espíritu de gestión administrativa y “accountability” que desvía la atención de rectores y maestros. Y no fue más en esa dirección porque los sindicatos docentes plantearon alguna resistencia (Giraldo-Paredes y De La Cruz-Giraldo, 2016).

En el nivel de grado y posgrado se mantuvo el fuerte componente de la matrícula privada. Ésta, junto a lo exiguo del gasto estatal, es la razón principal para que el acceso a este nivel educativo sea tan caro (Semana, 2017). Salvo los pocos que acceden a un sistema de becas muy insuficiente, los colombianos tienen que acudir al apoyo del hogar en un porcentaje que está muy por encima del promedio de otros países (Martínez, Ramirez y Duarte, 2020). O seguir endeudandose (muy clara la nota de Moreno, 2018 al respecto). Así y todo la tasa de cobertura en educación superior es muy inferior por ejemplo, a la de Argentina (Melo-Becerra, Ramos-Forero y Hernández-Santamaría, 2016).

Por otro lado, en las empresas y el Estado se exigen siempre mayores niveles de graduación lo que -en el marco de una demanda laboral tan estática- produce  un desajuste entre oferta y demanda laboral que en algunos trabajos supera el 50% de los trabajadores (Observatorio del Mercado de Trabajo y la Seguridad Social, 2017). Esta situación presiona los salarios a la baja.

Y los resultados sociales? Colombia además de las asimetrías descriptas sigue teniendo los salarios promedios bajos y niveles de distribución del ingreso regresiva mayores. A su vez es de los países en que menos cayó el Gini. Y la pobreza medida según la canasta de Argentina (cercana a los 11 dólares) más alta de América latina, alrededor del 60% antes de la pandemia. Argentina con sus “incoherencias macro” y a pesar del gobierno de Macri, es un ejemplo positivo para nuestro subcontinente.


América Latina (18 países): índice de desigualdad de Gini, 2002-2017ª



Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (2018)

Hace años que estamos planteando las dificultades que afrontan las periferias del mundo para resolver los problemas que hacen a la especialización basada en recursos naturales  y su consecuencias socio-ambientales: distribución del ingreso regresiva, pobreza, deterioro del hábitat. Lo que es llamativo de Colombia es cómo una sociedad con este perfil descripto. tan arraigado puede ser vista como modelo. Y cómo han estructurado todo un discurso y un arsenal de normas y planes alejados de la realidad, que se toman como ejemplo. Ojalá lo que sucede en la actualidad abra un camino para que las cosas cambien, con conflicto, pero en paz.


Sobre el autor: Integrante del Grupo de Geopolítica y Economía desde el Sur Global


Bibliografía

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