Polémica: ¿Ganó o perdió Macri con la discusión sobre el aborto?

Cuando anunció que habilitaba el tema, el líder de Cambiemos produjo un fuerte impacto en la agenda pública. El debate dejó, sin embargo, fuertes fisuras en la coalición oficialista.

El primero de marzo de este año, en el marco de la inauguración de las sesiones legislativas, Mauricio Macri anunció la decisión política de habilitar el debate en el Congreso sobre la legalización del aborto. Después de cinco intensos meses de discusión y tras el reciente rechazo del proyecto en el Senado, ¿el líder de Cambiemos ganó o perdió con esta iniciativa?

La noticia causó en el inicio un fuerte impacto: la Casa Rosada movía la agenda pública, salía de la incómoda economía y trasladaba la atención a un tema “blando”, de derechos civiles, después de un verano complejo por la reforma previsional, la inflación y los tarifazos.

Macri adoptó una posición inédita en la historia argentina. Dio “luz verde” a un debate al cual se oponía. “Estoy a favor de la vida, pero no se lo impongo a nadie" fue la única definición que ofreció el mandatario a lo largo de estos meses. Hasta ahora, los grandes hitos liberales en la agenda de derechos individuales en Argentina, como el divorcio vincular (durante la gestión de Raúl Alfonsín) o el matrimonio igualitario (bajo el mandato de Cristina Kirchner), prosperaron principalmente por el apoyo activo del Poder Ejecutivo. En este caso, Macri optó por ser prescindente en la esfera pública, más allá de su posición personal contraria al aborto.

Después de una larga ronda de intervenciones de especialistas, activistas y académicos a favor y en contra de la interrupción voluntaria del embarazo, el proyecto llegó al recinto de la Cámara de Diputados a mediados de junio. El cálculo de los operadores de la Casa Rosada era que la ley no saldría y que el presidente, a pesar de ello, se llevaría el reconocimiento por haber habilitado el debate. Macri debería capitalizar políticamente su apuesta por el pluralismo y la discusión cívica.

Sin embargo, las cosas no salieron como estaban planeadas. En una sesión histórica, el proyecto de la Campaña por el aborto libre, seguro y gratuito fue aprobado en Diputados. Y, en el medio, dejó profundas heridas en las filas de Cambiemos. Ocurre que Silvia Lospennato y Daniel Lipovetsky, dos espadas legislativas del PRO, fueron clave en el avance de la “ola verde”. Por su parte, Elisa Carrió y Nicolás Massot se opusieron de manera activa al texto. Con la media sanción, la líder de la Coalición Cívica les advirtió a sus compañeros de bancada en pleno recinto: "Que le quede claro a todo Cambiemos, la próxima rompo".

Cuando la “marea verde” parecía indetenible y se dirigía al Senado, el Gobierno nacional se mostró en una posición incómoda. No podía salir a militar abiertamente en contra del aborto tras haber facilitado el debate, pero sabía que, si el proyecto se convertía en ley, habría dañado a su base electoral. En efecto, los seguidores de Cambiemos son mayoritariamente contrarios al aborto legal: según una encuesta de la Universidad de San Andrés de julio, entre los votantes duros de Macri, el 67% rechazaba autorizar la interrupción voluntaria del embarazo.

En un clima de fuerte polarización, el proyecto terminó cayendo en el Senado. La vicepresidenta Gabriela Michetti, Esteban Bullrich y Federico Pinedo fueron algunos de los dirigentes más activos en la Cámara Alta dentro del sector “provida”. Su postura se sumaba a la de otras figuras dentro del oficialismo, como el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal.

En definitiva, en Cambiemos hubo libertad de acción y prescindencia por parte de Macri, aunque en la práctica esta fuerza inclinó la balanza contra el aborto legal. Un 60,7% de los diputados y un 68% de los senadores oficialistas votaron en rechazo del proyecto “verde”. Para el presidente parece haber más costos que beneficios con esta iniciativa. Aunque ocupó la atención pública con un tema ajeno a la difícil coyuntura económica, el debate generó fisuras en la coalición oficialista, resintió su vínculo con el electorado más conservador y no le permitió pescar adhesiones entre los sectores liberales y progresistas. En frente tiene, además, un movimiento feminista que promete seguir movilizado y en lucha.

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