Páez y sus relatos salvajes

Fito Páez presentó “Los Años Salvajes”, el primer disco de una trilogía bajo el mismo nombre. Analizamos tema por tema.

Decir que Páez está de regreso es algo falso porque Páez siempre está sonando. Decir que tiene disco nuevo también lo es porque es el primero de una trilogía. Decir que Páez aprovechó el encierro de la pandemia para producir es un hecho cierto. Bastante cierto.

El rosarino durante los días de confinamiento escribió la primera parte de sus memorias, terminó el guion de su próxima película (La pasión de las mujeres es el título tentativo), trabajó en el desarrollo de una serie sobre su vida para Netflix y escribió material para tres discos: Los años salvajes -el primero en ser presentado-, Futurología Arlt -un sinfónico inspirando en la obra del autor de Los siete locos- y un álbum de piano y voz -como ya lo hizo en Rodolfo (2009)-.


Hecha la introducción, nos ponemos a escuchar el nuevo material. Y la pregunta no es “¿qué esperamos de un artista con 24 discos de estudio?”, la pregunta es “¿qué tiene para contarnos hoy?”

Pues bien, Fito siempre tiene algo para decir. No esconde sus ideas, no teme caer mal y tampoco usa eufemismos. Las balas ya no le entran. Y éste es uno de esos discos en los que el artista tiene la necesidad de hablarnos. Por eso, en sus letras largas, algo recitadas, nos remite a Abre (1999), aquel trabajo donde exorcizó la fallida aventura con Joaquín Sabina, cerró la década menemista y se aventuró a decir que le parecía algo ingenuo el rock & roll.

En cuanto al sonido, el disco producido por el músico junto a Gustavo Borner y Diego Olivero, suena más guitarrero que su trabajo anterior La conquista del espacio (2020). Siempre dentro de su universo musical, en este álbum desfila el Páez más rocker y funky.

El disco abre con “Vamos a lograrlo”. Es una canción de principios. Páez nos vuelve a decir desde dónde nos canta. Como en muchas del disco, se nota que está escrita en pandemia y que las reflexiones surgen desde el encierro.

Tres ideas que rondan todo el trabajo ya están aquí: 1) Un anhelo (salir de esta), 2) La libertad como principio fundante: “En tu corazón vive la libertad, en la libertad si quieres sentirás, ya lo sentirás y pedirás perdón, y al pedir perdón le agradecerás, y al agradecer entonces amarás” y 3) una actitud, la de mañana es mejor, la de no caer contra las nuevas generaciones: “No quiero creer que la juventud es una enfermedad”, parafrasea a Oscar Wilde.

El segundo tema es “Lo mejor  de nuestras vidas”. Guitarras, distorsión y Páez repasando el país, el continente, el mundo. Cuando quiere el rosarino puede ser crudo: “Mi país es una herida que no para de sangrar, en los barrios populares llueven lágrimas, y las tetas de esas madres están secas de dar y dar”. Pedidos por Maradona, gracias a Spinetta y una consigna clara: “la vida no vale nada sin luchar”.


Si el disco arrancó arriba, furioso y combativo, “Shut Up”, la tercera canción, termina de explotar todo.

Un poco de contexto. En febrero 2016, a principios de la presidencia de Mauricio Macri, Páez participo del recital gratuito “Por el trabajo, la alegría y la libertad” realizado en Parque Saavedra. En aquella oportunidad, el músico, antes de hacer “11 y 6”, declaró: “Señor presidente: a los chicos se los riega de flores y caramelos, nunca de balas” en alusión a la represión sufrida por la murga Auténticos Reyes del Ritmo en manos de la Gendarmería. Fito retoma esas palabras y deja en claro quiénes son sus destinatarios.

Después de tres canciones al palo llega “La música de los sueños de tu juventud”,  la primera balada, una de esas muy Páez que todos los fans esperamos. Fito contempla y recuerda al mejor estilo Dylan. “Ya no muero, ni siento, ni pienso, te vas esfumando el viento, nos vamos flotando en el tiempo”. Directo al corazón.

Sigue “Caballo de Troya”. Si antes citamos a Dylan, ahora podemos volver a él, a Tom Petty o a George Harrison para encontrar referencias musicales. Una canción mid tempo de lindas melodías donde Páez nos da consejos encerrado en cuatro paredes.

Y siguiendo con el mapa de referencias, en uno de sus discos anteriores, el rosarino citó a Kenzaburō Ōe y su ¡Despertad, oh jóvenes de la nueva era!, esa consiga (y ese lugar) se respira por acá y en varias de sus letras. Como señalamos hace unos párrafos, Fito quiere hablar con la juventud, no quiere pasar por sabio, pero sí está dispuesto a contar sus experiencias y brindar consejos.

También aquí se respira la pandemia, es decir, se respira con barbijo en frases como “Si algo aprendimos de este encierro de locos,  es que la peste la inventamos еntre todos” y “Nadie quiere morir en la calle, y que mal tomar la decisión, de decir que mi vida vale menos, que aquella otra de al lado”.

La canción más pop del disco es “Sin mí en vos”, dedicada a su pareja, Eugenia Kolodziej. Un tema juguetón que sirve para descansar un poco después de tantas letras duras y brutales.

Evidentemente, ella debe ser buena destapando cervezas porque si aquí nos cuenta que le abre la primera fresca, en “Chica mágica” (La ciudad liberada, 2017) nos cantaba que le destapaba la birra con los dientes. Salú.

“Lili & Drake” es una de esas historias almodovorianas que le gustan a Páez: romances, viajes, cambio de sexo y Fito otra vez pronunciando “New York”, como solo él sabe. Un riff duro sostiene la canción con arreglos a lo Prince que acompañan.

Como todos sabemos, la carrera de Fito está atravesada por una serie de musas. La primera de ella es Fabiana Cantilo, a quien le dedica “Encuentros Cercanos”. Una balada en la misma línea de “Nadie como ella” (Yo te amo, 2013) y “London Town” (Confiá, 2010), es decir, Páez atravesado por Paul McCartney y Elton John.  

El rosarino recuerda su primer encuentro con “la chica más hermosa del mundo”. En otro gesto muy Páez, se cita y genera una intertextualidad hermosa: “y después nos volvió el amor, el amor antes del amor”. Los fans amamos.

Si en “La rueda mágica” (El amor después del amor, 1992) cantaba que tenía un “sueño desde el Liverpool Bar”, en miles de entrevistas contó el sueño de grabar junto a Elvis Costello, una de sus mayores influencias. Este año se le dio por partida doble. Por un lado, el músico británico invitó al argentino para una nueva versión de “Radio, Radio” incluido en su disco Spanish Mode, por otro, Costello devolvió la gentileza en “Beer Blues” un tema a dos voces y un piano.


Los años salvajes cierra con su canción homónima. Suena a Tom Petty, suena a Lou Reed y suena a –¿por qué no?- “Nada es igual” de La Portuaria.

Junto a -¿quién más podía ser?- Fabi Cantilo, el autor de “Cadáver Exquisito” repasa su vida, saluda a viejos amigos y trae recuerdos que tal vez sean suyos, tal vez no. Tal vez de eso se trate. Es una canción que nos lleva al Páez de los 80: al niño que perdió a su madre, al del 49585, al adolescente que le ponía letra y música a la voz de Baglietto, al tecladista que tocaba de espaldas con García, al joven que ofreció su corazón, al hijo que despidió a su padre una noche antes de navidad, al fan que tocó con sus ídolos, al nieto que perdió a sus abuelas víctimas de un femicidio, al hombre que se emborrachó mil veces, al músico que conectó con todo y todes…

Esta primera parte nos trae diez canciones, cuarenta minutos de música, letras filosas y un Páez que sigue a la búsqueda de su estrella, encendido y rabioso como siempre, se despide: “No me arrepiento de nada, hoy casi soy un abuelo, estos son mis años salvajes, el infinito está ahí afuera, ya estoy curioso del vuelo”.


Para seguirla:

  • Si te gusta Páez, nada cuenta mejor sus “años salvajes” que el excelente libro de Federico Anzardi, Hay cosas peores que estar solo (Gourmet musical).
  • Algo de autobombo: Todas las mañanas que viví, un libro digital para leer desde el celular con 63 datos sobre el rosarino. Podés descargarlo acá.
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