Pero Macri ¿no cae?

Por: Sergio De Piero

Día tras día leemos indicadores que dan cuenta de la cada día peor situación económica. Solo las reservas del BCRA nos presentan un panorama positivo, pero conseguido a fuerza de endeudamiento externo. El gobierno apela en cada comunicación pública a lo difícil que es la tarea de recuperar a la Argentina luego de “70 años” de desastres, crisis, caminos incorrectos, etc. Ha caído la producción industrial, la inflación sigue sin estar controlada lo mismo que el valor de la divisa. La balanza comercial no repunta, el desempleo ya comienza a ser un problema. La política económica que tuvo en suerte otorgarnos el macrismo es ineficiente en todos los sentidos, porque ha generado un empobrecimiento de la población depreciando el valor del salario, pero a la vez ha fracasado en lograr estabilidad en los precios, una meta siempre expresada. Desde luego hay ganadores: los bancos y las prestadoras de servicios públicas tienen sobrados motivos para festejar. Pero no así, no al menos con ese énfasis, los sectores agrarios, las empresas volcadas al mercado interno, incluso entre las más grandes, la incomodad es evidente. Iniciando el último tramos de su presidencia, Macri no ha logrado tallar una nueva huella en esa construcción que es la democracia argentina; algo que signifique un aporte reconocible para la sociedad en su conjunto. Tres años después no tenemos una mejor democracia en alguna de sus dimensiones; en general se han producido deterioros peligrosos como en el derecho a la protesta, libertades civiles y en particular por lo generalizado, acceder a una calidad de vida acorde a una democracia. Se podrá argumentar “la lucha contra la corrupción”; sin embargo los identificados con ese tipo de delito, pertenecen siempre al mismo espacio político; y cuando un fiscal actual, es sospechado de prácticas ilegales, oficialista y periodistas despliegan una malla de contención impidiendo profundizar una investigación. Según mi percepción, que no es muy aguda, eso no se parece demasiado a una lucha por desterrar la corrupción. La lectora, el lector, recordarán desde luego el resto de cusas que involucran al mismo presidente de la Nación, desde la cuentas off shore aun no aclaradas (caso Bahamas y Panamá) hasta obras públicas ejecutadas en la actualidad (como la licitación y venta de los parques eólicos). Se apilan allí varias causas que en algún momento pueden ser algo más que expedientes. Primera conclusión: al altar de las elecciones Mauricio Macri no podrá presentar muchas ofrendas; es más bien poco lo que puede enseñar como resultado de sus políticas desde que llegó a la Casa Rosada. Un liderazgo político se solidifica, cuando se convierte en la representación de algo, cuando sus acciones son reconocidas en pos  de conseguir metas que se ha trazado y que involucra a amplios sectores de la población; en esa perspectiva Macri no es un líder; no representa de manera sostenida ninguna meta que aplique a las expectativas de las mayorías sociales. Pensemos en Raúl Afonsín, en Carlos Menem, en Néstor Kirchner o en Cristina Fernández, aún con sus marcas en el debe, lograron representar importantes demandas de su época, lo que justamente los convirtió en líderes. Macri ni siquiera logra contener la inflación, su latiguillo de campaña en 2015.

Ante este escenario se escucha en los medios, en las conversaciones cotidianas, analistas de política, al taxista, la misma pregunta: ¿Por qué Macri no cae en las encuestas? o ¿cómo puede ser que todavía tenga chances de ser reelecto presidente con todo lo que está pasando? ¿Posee el macrismo alguna receta mágica para lograr una victoria en este contexto? ¿Es Durán Barba un hombre infalible?

Estas razonables preguntas emergen de cara a la situación económica, pero no asumiendo otras variables o tomando en cuenta la dimensión estrictamente política que tiene una elección. Dicho de otro modo: se trata de preguntas mal planteadas. La formulación de una pregunta es el cimiento de toda indagación; una pregunta que no abra de manera correcta para comprender el fenómeno o el hecho a analizar, nos llevará a caminos con respuestas igual de erradas. La pregunta parece ser, por el contrario, la siguiente: ¿Por qué Macri no tiene asegurada la reelección? Votaciones a las que debería llegar fortalecido por la victoria de Cambiemos en las elecciones de medio término de 2017. Existen una cantidad de factores que inclinan a imaginar que un presidente tiene todo para lograr su reelección. Mencionemos algunos. En primer lugar la tendencia histórica: todos los presidentes de Sudamérica que se propusieron la reelección inmediata, lo consiguieron. Me lo hizo notar Mariano Fraschini en esta nota. No parece un dato menor, por el contrario expresa que incluso en distintos momentos políticos y presidentes con diferente perfil ideológico, consiguieron permanecer en el cargo al menos por dos períodos seguidos. Y tomando la etapa que se inicia en la década del 80, la lista no es corta, pareciera que reflejó una tendencia importante en los modos en que se desarrollan las democracias en la región. Primer aspecto entonces, la historia le juega en contra, Macri debería poder replicar lo que varios ex mandatarios consiguieron. Siguiente, decíamos el macrismo salió triunfante de las elecciones de medio término, creciendo en casi todos los distritos del país; sin resultados para ofrece tampoco en aquel 2017, pudo mantener la fidelidad de su electorado que le renovó la confianza que le había depositado en 2015. Ahora, ¿se agotó esa confianza? Tercero, la conducción del estado nacional otorga un notable numero de recursos; no solo por el manejo del presupuesto público que permite, por caso, incrementar la obra pública, sino por el lugar central que este otorga en la política; los oficialismos siempre tienen la iniciativa; son quienes pueden orientar con mayor decisión la agenda política; la oposición se ve obligada las mas de las veces a responder, pero le es muy difícil generar temas nuevos en esa agenda. En una campaña electoral esa diferencia, es un elemento clave. Cuarto, los medios de comunicación masivos se encuentran orbitando en torno del oficialismo y muy refractarios a las opciones opositoras. Sectores relevantes del Poder Judicial, parecen afines a objetivos que busca el macrismo, respecto de la suerte judicial de algunos opositores; el buen uso de las redes sociales y las nuevas tecnologías de comunicación que tiene el oficialismo, no es un dato menor. Bien, todo ello no es un arsenal despreciable para encarar las elecciones. Pero en efecto, no es suficiente. Macri y el macrismo ya no son indiscutibles al interior de la coalición; la derrota en la interna de la Provincia de La Pampa, que sufriera el delfín del Presidente, encendió las luces de alarma…y las de esperanzas para la UCR. El macrismo irá también por la reelección de Rodríguez Larreta y de Vidal en sus distritos, pero la meta de lograr nuevas gobernaciones parece lejana; por una parte parece poco probable derrotas de oficialismo, pero a la vez en varias provincias el candidato de la alianza será un afiliado al radicalismo. La autoridad de Mauricio Macri como líder de Cambiemos es puesta en cuestión por sus aliados principales. Ese planteo intenta lograr una PASO competitiva para la presidencias con Martín Lousteau. Perder la centralidad indiscutida al interior de la propia fuerza, no parece un indicador de buenas noticias futuras.

En este escenario, la reelección de Macri no está garantizada, pero tampoco descartada. Dispone de los capitales que mencioné más arriba, pero a cambio el fracaso de la política económica envuelve a la situación social en un clima de insatisfacción extendida (sobre extraños y propios). La observación objetiva de la situación económica y la angustia vivida por millones de personas, es que uno comprenda la pregunta inicial ¿Cómo puede ser que no caiga, que tenga posibilidades ciertas de reelección? Ya vimos como se constituye esa fortaleza; recodando también que para que un mandatario sufra un traspié o su gobierno ingrese a una fase de crisis grave, la oposición debe realizar acciones en ese sentido; mucho e la estrategia opositora tendrá que ver con el resultado electoral. Pero en ocasiones, para quienes no lo apoyan, se reproduce un proceso de ansiedad: “¿cómo puede ser que no caiga? O ¿Cómo no estamos ante un escenario seguro que pierde por “paliza”?  Pero la política no maneja los tiempos llevada por la ansiedad (si quiere ser exitosa). Como en cualquier disputa deportiva, el manejo de los tiempos es la mitad de la victoria. Por otra parte, recordemos que en 1989, en medio de una crisis económica que ya era grave en el mes de mayo (cuando fueron las elecciones), el candidato oficialista Eduardo Angeloz, obtuvo un 37% de los votos; porque las variables que determinan las preferencias no están atadas a una sola dimensión, sino a varias. Es probable que el apoyo “incondicional” a Mauricio Macri debe estar cerca del 30%; pero claro le resta conseguir muchos puntos para asegurarse cuatro años más en la Presidencia; y esa distancia es la que nos indica que Macri ya está cayendo; la situación económica, los cuestionamientos internos a su liderazgo, la falta de resultados en diversas áreas, la ausencia de una “mística” de esta gestión, la escasa empatía con la sociedad, la dificultad de realizar actos públicos sin recibir insultos, todo hace difícil imaginar un escenario donde se constituya una mayoría que lo revalide. Quizás algo inesperado le permita lograr un repunte y ganar; quizás convenza a la población de tener expectativas extremadamente moderadas; quizás lo enfrente una oposición fragmentada. Veremos finamente si las urnas se inclinan por que Macri caiga, o no.



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