Parto respetado: pautas para entender de qué se trata

Mucho se habla de los movimientos de mujeres por el parto respetado y mucho se escribe desde el prejuicio y desconocimiento. Aquí algunos recursos para entender la problemática.

“Mi cuerpo, mi decisión, mi bebé” es la consigna con la que el movimiento del parto respetado sale a la calle este año. Su objetivo es visibilizar las demandas vigentes en la búsqueda del respeto por la elección libre del modo de parir.

La presidenta de la Asociación Vos podés, Lorena Ribot, sostiene: “La frase/consigna ‘parto respetado’ nos invita a reconsiderar las condiciones del parto en la actualidad. Se habla de parto respetado, o de parto humanizado, como fue en un principio, revisando las condiciones de atención de los partos”. Lo importante es entender que deben respetarse las razones de la fisiología humana y también los derechos que mujeres, niñas y niños poseen en relación al modo de atención que se les brindará durante ese proceso. Tener que luchar por algo que cualquiera pensaría que es lo “normal” es, por lo menos, llamativo.

Existen muchas organizaciones que militan día a día para concientizar a la sociedad sobre la importancia del parto respetado. Grupos de varones y mujeres que se apoyan mutuamente para poner en agenda un tema que, además, genera mucha polémica. El parto por cesárea tiene, también, fervientes defensores. El tema es que quienes intentan brindar información sobre el parto natural no se oponen al parto por cesárea pero sí a la utilización injustificada del método. Sin embargo, es importante señalar que se trata de un procedimiento de cirugía mayor, no exenta de riesgos y que, por lo tanto, no es la alternativa al parto vaginal. Dice Lorena Ribot: “Desde hace al menos 100 años las mujeres dejaron de parir en sus hogares asistidas por comadronas o parteras para pasar a parir en los hospitales. Allí fueron objetivadas, deshumanizadas, convirtiendo un proceso natural y sexual, en un hecho médico”.

La medicalización a la que se refiere Ribot obedece a la concepción cultural sobre la peligrosidad del parto que llevó a naturalizar las intervenciones “olvidando” que el parto es un proceso fisiológico. De hecho, la programación de una cesárea puede interrumpir la gestación del feto dos o tres semanas. Esto, en lugar de ser beneficioso, puede traer complicaciones típicas del nacimiento sin la maduración necesaria. Hay muchos factores que influyen en el alto crecimiento de la tasa de cesáreas en la Argentina.

Mientras la Organización Mundial de la Salud prevé que el porcentaje de cesáreas no debe superar el 15, en Argentina (como en muchas partes del mundo) la tasa ha aumentado hasta casi el 90 por ciento en los sanatorios privados.

Las razones de este aumento no responden solo a criterios médicos, los económicos y culturales también tienen su importancia:

  • Una cesárea dura alrededor de una hora, mientras que un parto natural sin intervenciones no tiene una duración preestablecida.
  • La cesárea genera más empleo ya que el equipo que acompaña al profesional duplica al necesario en un parto vaginal donde una partera o un obstetra y un enfermero/a son suficientes.
  • Una intervención de este tipo demanda mayor estadía en el centro de salud. A su vez, es probable que un bebé nacido por cesárea deba permanecer varias horas en neonatología, lo que acrecienta los ingresos del centro.
  • Las cesáreas son programadas en base a la agenda del profesional a cargo.
  • Las cirugías aumentan también en escenarios donde el profesional intenta inducir el parto por considerar que el bebé ya ha estado el tiempo suficiente dentro de la madre. Explicación no avalada por ningún estudio sino que se rige por argumentos probabilísticos.
  • La edad de la madre también cuenta a la hora de decidir no permitir un parto vaginal. Luego de los 35 años se considera que puede haber complicaciones.

Por otro lado, la elección de una cesárea conlleva la falsa creencia de que se evitan potenciales complicaciones del parto natural. El miedo al sufrimiento de parir hace que muchas mujeres tomen a la cesárea como una solución cuando en realidad se las somete a una cirugía innecesaria que encierra otros riesgos.

 La utilización de drogas para provocar contracciones artificiales, la episotomía, la limitación de los movimientos de la mujer durante el trabajo de parto, la utilización de maniobras instrumentales como el fórceps y el vacuum, no permitir acompañamiento, el rasurado vulvar, el enema evacuante, la anestesia peridural de rutina, la inmediata ligadura del cordón umbilical y la realización sistemática de maniobras sobre el recién nacido sin estricta necesidad, se convirtieron en procedimientos de rutina en sanatorios y hospitales.

La autora de De Mujeres y de Partos, opina: “Podemos decir que un parto respetado es en principio, un parto en el que se respetan las necesidades de la fisiología. Y cuando algo falla, y es necesario intervenir, hay una cantidad de cosas que los servicios de salud deben garantizar a las mujeres. Derechos maternos como a estar informada, a estar acompañada, a que no se la separe de su bebé en ningún momento del proceso, a recibir información para amamantar, a recibir información de cómo cuidarse y cuidar a su bebé, a no recibir medicación ni irrupciones en su proceso natural sin su consentimiento, a ser tratada con respeto y de modo individual, a tener intimidad, a que se le respete la autonomía de la voluntad, a que se respeten sus pautas culturales, a ser tratada como una persona sana, todos estos son derechos de un parto respetado”.

Es necesario señalar, a su vez, que no debemos confundir parto natural con parto vaginal. Hay partos vaginales, la mayoría, que no son naturales y son hasta más cruentos que una cesárea. La idea de parto respetado incluye al parto natural y a la cesárea necesaria en condiciones de respeto por los derechos de las madres y bebés.

 Las leyes que acompañan al Movimiento 

La ley nacional Nº 25929 sobre parto humanizado, sancionada en 2004 y reglamentada mediante el decreto 2035 de 2015, tiene entre sus fundamentos: “la valoración del mundo afectivo-emocional de las personas, la consideración de los deseos y necesidades de sus protagonistas: madre, padre, hija o hijo; y la libertad de las mujeres o las parejas para tomar decisiones. Tiene como pilar fundamental el respeto a la intimidad del entorno durante el parto y el nacimiento, y la promoción del vínculo personalizado entre la pareja y el equipo de asistencia profesional. Este tipo de parto tiene, ante todo, como idea principal, que los partos son momentos placenteros, y que deben ser vividos por la mujer como tales. Ya sean partos por vía natural o por cesárea, se trata de disminuir el dolor y de generar un ambiente cálido en torno a un evento privado tan crucial para la mujer y para la familia”.

La ley nacional 26485, sancionada el 11 de marzo de 2009, brinda protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales. El artículo 6, apartado e), regula lo vinculado a la Violencia obstétrica: “aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, expresada en un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, de conformidad con la Ley 25.929”.

Según la coordinadora de la Relacahupan, Provincia de Buenos Aires, Lorena Ribot: “Si no se trabaja en la formación de los profesionales siempre habrá una grieta insalvable entre nuestros derechos y los que ellos creen que ostentan por ser los que ‘te hacen el parto’ o ‘te salvan la vida’ cuando algo se complica. La soberbia, la hegemonía, es enorme. La violencia está muy enquistada en todo el sistema”.

La tarea del Estado debe comenzar con la formación de obstetras, parteras, enfermeras/os para ayudar a comprender las reales necesidades de la mujer durante el proceso sexual que implica un parto, y debe seguir con las medidas de control necesarias para comprobar que las cosas se hagan bien.

Violencia obstétrica: la naturalización del maltrato. 

La violencia obstétrica está contemplada dentro de la ley nacional 26485. Es la ejercida por los profesionales de la salud, que se expresa en un trato jerárquico deshumanizador sobre las mujeres que acuden a ellos para recibir atención durante los procesos de embarazo, parto y postparto. 

La violencia obstétrica es una de las formas de violencia más frecuente y también una de la que menos se reconoce, una de las que menos se denuncia y casi en la totalidad de los casos nunca recibe sanción por parte de la justicia o de la autoridad de salud de cada provincia que son quienes deberían sancionar de manera administrativa a quienes violenten los derechos emanados de la ley 25929.

El nacimiento de un hijo es un momento de extrema vulnerabilidad en el que la mujer y el bebé merecen respeto y contención. Ponerse por encima de sus deseos, abusar del poder que confiere el ser el profesional y “el que más sabe”, las amenazas, la desinformación, etc. es una forma de anular su autonomía. Lorena Ribot remarcó: “Violencia obstétrica es medicalizar el parto y el nacimiento sin reales razones de orden médico, realizar acciones sólo por protocolos, sin tener en cuenta la fisiología del nacimiento, la autonomía de la voluntad y los deseos maternos, maltratar, denigrar, insultar, subestimar a las madres, durante el proceso del nacimiento”.

“Mi cuerpo, mi decisión, mi bebé”
Por Lorena Ribot *

Es la consigna que nos invita a repensarnos mujeres cuando estamos ejerciendo nuestra sexualidad en el marco del proceso del embarazo y el parto, un momento de construcción de identidad, un momento que nos marca a fuego como cualquier instancia donde se pone en juego la libido y su pulsión de vida, un momento de intensidad y de explosión de emociones, un momento corporal, mamífero, salvaje. Cuestionar el orden vigente sosteniendo la potestad de decisión, sea cual fuera la que emane de nuestra voluntad, pensar en las condiciones del nacimiento de ese bebé, que es nuestro bebé, que depende de nuestra protección y de nuestras decisiones que lo acompañarán para toda la vida, es no sólo uno de nuestros derechos humanos, sino que es una responsabilidad materna, ya que el momento del nacimiento para cualquier ser es una marca indeleble en lo más profundo del alma.


* Coordinadora de la Relacahupan, Provincia de Buenos Aires; presidenta de Vos Podés, asociación por los derechos del parto, el nacimiento y la crianza; autora de De Mujeres y de Partos; autora de Relatos Paridos (Ribot- Hasperué- Sosa); especialista en Gimnasia para Embarazadas; Doula.

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