Pandemia y más allá: radiografía de la economía argentina

INFORME ESPECIAL. La pandemia precipitó y profundizó la crisis económica gestada durante la anterior administración de gobierno. Si bien se trata de un fenómeno mundial, Argentina no se encontraba en las mejores condiciones para hacer frente a esta situación.


Para un mayor desarrollo de estas ideas, véase el último informe del Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas. 


Tras dos años de recesión, en 2020 se espera la mayor caída del PIB argentino en más de un siglo. Tanto las estimaciones oficiales como las de organismos internacionales, pronostican una caída del orden del 12% para el 2020. Si bien la recesión ha sido generalizada a nivel mundial, el punto de partida, el impacto de la pandemia y los desequilibrios macroeconómicos de nuestro país implican desafíos adicionales.

Luego del piso de abril (-27,3% i.a.), la actividad económica comenzó un camino de recuperación que ha ido perdiendo impulso tras el rebote inicial. En agosto, el ritmo de recuperación se desaceleró y la actividad registró un incremento en torno al 1,1% mensual en su medición desestacionalizada, un 9,8% por debajo de los niveles del mes de febrero. Según los anuncios oficiales, la recuperación de la actividad económica está en marcha de la mano de la industria y la construcción. Sin embargo, en agosto el índice de producción industrial (IPI) y el índice de la construcción (ISAC) señalan una interrupción en la evolución positiva de los últimos meses. El primero se contrajo un 0,9% mensual sin estacionalidad y se ubicó 7,4% por debajo del nivel de febrero, mientras que la actividad de la construcción cayó un 1% en agosto, aunque alcanzó un nivel sólo un 0,5% menor al previo a la pandemia.



La recuperación es heterogénea y algunos impulsos particulares explican la dinámica sectorial. La recomposición de stocks se expresa en una recuperación acelerada de sectores que vieron muy reducida (o virtualmente paralizada) su producción en los primeros meses de aislamiento social. La dinámica cambiaria también puede aportar al rebote de aquellos sectores con insumos dolarizados o donde la demanda reacciona ante expectativas de devaluación. Los primeros indicadores de actividad económica muestran una mejora generalizada, reflejando un considerable crecimiento interanual (ej.: índice construya, producción automotriz, despachos de cemento e importaciones de Brasil), como ser el indicador adelantado de actividad industrial elaborado por el Ministerio de Desarrollo Productivo (+1,6% i.a. en septiembre). Sin embargo, los sectores en recuperación conviven con otros aún severamente afectados por la pandemia: servicios, ventas minoristas, patentamiento de vehículos y recaudación impositiva que siguen mostrando caídas interanuales. De cara a los próximos meses y una vez normalizados los stocks, el impulso de la demanda será clave para incrementar el nivel de actividad.

Esta situación económica tiene su correlato en el empleo y en el aumento de la pobreza. La tasa de desempleo en el segundo trimestre registró un 13,1%, valor no observado desde 2004. Si además consideramos la caída en la tasa de actividad (ej.: población que busca trabajo activamente), las cifras probablemente reflejen un desempleo encubierto, esto es, personas desempleadas que no fueron contabilizadas en las estadísticas por que en el marco del ASPO no buscaron trabajo. Asimismo, los empleos más afectados son los informales y los de menor calificación, lo cual refuerza el impacto sobre los niveles de pobreza. En el primer semestre de 2020, la pobreza e indigencia se vieron más afectados por la pérdida de puestos de trabajo que por la caída del ingreso real, llegando al 40,9% y el 10,5% respectivamente.

Sin embargo, el factor principal que puede condicionar la recuperación económica es el frente cambiario. La caída del nivel de importaciones, la suspensión del turismo emisivo, la postergación de pagos de la deuda externa y el dólar ahorro restringido, el contexto es propicio para acumular RRII. Sin embargo, en lo que va del año las reservas netas se contrajeron en 6.881 millones de dólares. Mientras el poder de fuego del Banco Central se reduce (reservas netas en 3.875 millones de dólares y 11 semanas consecutivas de caídas), la brecha cambiaria se mantiene elevada, superando el 100%. Esto último incentiva la demanda de divisas para atesoramiento, el anticipo de importaciones y la cancelación anticipada de deuda en moneda extranjera, mientras que desalienta la oferta de dólares en el mercado oficial, la liquidación de exportaciones y el ingreso de divisas de no residentes, aumentando las presiones sobre el tipo de cambio oficial. Una devaluación del tipo de cambio oficial no resolvería por sí mismo los problemas financieros, a la par que impactaría fuertemente sobre la actividad económica y los índices socioeconómicos. Aún así, cuando las expectativas de devaluación son elevadas no importa ni la política monetaria contractiva ni la recesión económica: siempre puede haber un desarme de posiciones o nuevos flujos de ingreso que presionen el mercado de cambios.

Frente a este escenario, el BCRA y el Ministerio de Economía han llevado adelante una serie de medidas para controlar la caída de reservas. Sin embargo, las medidas aplicadas en septiembre para contener la demanda de divisas (controles y subas de tasas), en simultáneo con los incentivos para aumentar su oferta (incentivo a exportadores, facilidad para la inversión extranjera y el endeudamiento externo privado), no lograron frenar significativamente la caída de reservas. Durante octubre se instrumentaron nuevas medidas para estimular la oferta de dólares y el ahorro en pesos a partir de instrumentos con tasas reales positivas o bien alternativas de inversión ligadas a la evolución de la cotización del dólar (ej.: plazo fijo, bonos). Esto fue acompañado por la suba de la tasa de pases del BCRA al mismo tiempo que busca reducir stock de Leliqs, lo que redunda en un encarecimiento del crédito. Las medidas más recientes buscan aumentar la oferta de no residentes en los mercados paralelos y bajar la demanda de divisas de los fondos de inversión que están tratando de salir del peso. Esta demanda por dolarizar carteras del sector privado es el principal factor detrás de la brecha y por lo tanto, las nuevas políticas deberían apuntar a dicho segmento. En este sentido, la emisión del bono ligado al dólar, la suba de la tasa de pases pasivos y la (aún muy leve) suba de tasa de plazos fijos, van en la dirección correcta, aunque sería conveniente que estos aumentos fueran menos graduales. El BCRA también puede aportar al fortalecimiento del mercado de deuda en pesos mediante intervenciones, al mismo tiempo que debería mejorar la comunicación sobre los nuevos instrumentos de ahorro para hacerlos más accesible al público.

Por otro lado, las medidas que incrementaron la brecha cambiaria sin generar efectos positivos sobre las reservas deberían retrotraerse. Este es el caso del adicional de 35% en concepto de adelanto de ganancias para la compra de dólar ahorro, que pareciera no haber logrado desincentivar la demanda, al mismo tiempo que incrementó el piso de la brecha cambiaria. Por último, para estabilizar las reservas y bajar las expectativas de devaluación es fundamental aprovechar el superávit comercial que hoy se pierde en maniobras de pseudo-arbitrajes para lo cual puede ser útil desarrollar acuerdos con los principales complejos exportadores.

La pandemia precipitó y profundizó la crisis económica gestada durante la anterior administración de gobierno. Si bien se trata de un fenómeno mundial, Argentina no se encontraba en las mejores condiciones para hacer frente a esta situación (ej.: crisis de deuda externa, sistema sanitario deteriorado, elevados niveles de pobreza, recesión económica desde 2018, etc.). Si bien a medida que las condiciones de aislamiento se van relajando, el nivel de actividad económica comienza a recuperarse aunque las señales de crecimiento son todavía incipientes y heterogéneas. Aun así, el principal problema macroeconómico es, una vez más, el sector externo y el tipo de cambio: no podremos retomar un sendero de crecimiento estable hasta controlar la situación cambiaria.


Sobre el autor

Facundo Malvicino es Integrante del OCEPP, Licenciado en Economía (UBA) y Magíster en Sociología y Cs. Política (FLACSO).

 

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