¿Otra vez una elección a tres bandas?

Por: Mariano Fraschini


A casi un año de las PASO presidenciales el panorama político parece afianzarse alrededor de tres universos partidarios bien definidos, aunque sin candidatos a la vista. Al igual que en el 2013, 2015 y 2017 la disputa electoral se asemeja a un campo tripolar: por un lado, el oficialismo, por el otro, las dos oposiciones peronistas. Estos tres sectores vienen compitiendo con diferentes camisetas y elencos partidarios, para constituir una nueva cartografía electoral que sorprende por su perduración. Sin dejar de destacar la importancia de los liderazgos personales en política, lo que es un fenómeno mundial, no deja de llamar la atención la permanencia competitiva de estos tres segmentos partidarios en el último lustro en el país. Enfoquemos la lente más de cerca y observemos el recorrido histórico de esta disputa en las últimas elecciones.

En el año 2013, el entonces oficialismo encabezado por el Frente para la Victoria (FPV) se encaminaba a ratificar su poderío electoral en vista a la elecciones presidenciales de 2015. Sin rivales de fuste en el escenario, el FPV enhebraba su estrategia política y las disputas más en su interior que en el “afuera”. En ese marco, emergió la figura de Sergio Massa, quien se alejó del dispositivo oficial y conformó el Frente Renovador (FR), con un conjunto de dirigentes quienes evaluaron que la experiencia kirchnerista se encontraba terminada. La disputa en la provincia de Buenos Aires se tornó estratégica y la victoria del FR ratificó que la maniobra capitaneada por Massa resultara exitosa. Desde ese momento, el peronismo dividió sus aguas entre un sector hegemonizado por el kirchnerismo y otro que apostó sus fichas a un peronismo más “moderado”, alejado de las “prácticas del kirchnerismo”. Ese mismo año, el PRO afianzó su hegemonía en la Ciudad de Buenos Aires y aportó algunos diputados a la lista de Massa en la PBA. Culminada la elección legislativa de 2013 se consolidaban cuatro espacios políticos bien definidos: el FPV, el FR, el PRO y el hoy extinguido FAUNEN, una alianza entre el socialismo, el radicalismo y la Coalición Cívica. Si resumiéramos estos cuatro espacios en tres (como finalmente aconteció) los porcentajes de votos darían para el FPV, Cambiemos u el Peronismo no K de esta forma: 34/34/25.

Para las elecciones presidenciales de 2015, nuevamente los tres conjuntos partidarios compitieron electoralmente por el premio mayor. El FPV, que llevó de postulante a Daniel Scioli, una candidatura que se definió sobre el final y que dejó heridos en el propio espacio oficialista; el PRO que prácticamente absorbió a FAUNEN y con ello potenció sus posibilidades electorales con Mauricio Macri a la cabeza de la nueva alianza Cambiemos, y el FR con Massa de referente, que sumó a dirigentes alejados del kirchnerismo con epicentro en la provincia de Córdoba. A pesar de las especulaciones sobre una posible alianza entre Cambiemos y FR en contra del FPV, los estrategas de campaña de Macri apostaron a un campo tricolor. La necesidad de distinguirse del peronismo orientó la táctica de Cambiemos y la apuesta resultó exitosa a pesar de que la teoría “obligaba” a la unidad opositora. Una vez más, estos tres sectores midieron fuerzas, y al igual que en el 2015, se repartieron la mayor cantidad de votos: en este caso, 38/34/22. Este resultado forzó la segunda vuelta con el resultado conocido.

Las legislativas de 2017 volvieron a enfrentar a estos tres espacios partidarios. Donde con más nitidez esto pudo observarse fue en la provincia de Buenos Aires. Allí se presentaron los principales referentes del PRO y Cambiemos (con la gobernadora Vidal como principal estandarte), del Kirchnerismo (esta vez con la camiseta de Unidad Ciudadana y con Cristina Fernández de Kirchner a la cabeza) y del Frente Renovador, con el estreno de la dupla Massa- Stolbizer. En una elección muy reñida, la victoria correspondió al ahora oficialismo Cambiemos que por escaso 4% venció a UC, dejando muy atrás al FR. La cartografía electoral nacional reveló, una vez más, un campo tripartito y, a pesar de los nombres, las siglas y el pase de candidatos, Cambiemos se afianzó como el espacio no peronista con potencia electoral, frente a un peronismo kirchnerista que mantiene un caudal de votos en torno a un cuarto de los sufragios y un peronismo “moderado”, y por sobre todo “No K”, que aún se mantiene como un espacio con posibilidades de extensión electoral. En esta elección que tuvo a Cambiemos como ganador indiscutido, los tres espacios se repartieron votos a nivel nacional de esta forma: 42/25/22.

Como se observa en la breve cronología de las tres elecciones del periodo, más del 85% de los votos se reparten entre las propuestas de Cambiemos, el kirchnerismo y el peronismo “tradicional”. Dejo aclarado que el votante no necesariamente se alinea ni ideológica, ni políticamente, con este mapa tripolar, ni tampoco que estas fronteras partidarias se encuentren clausuradas para el pase de dirigentes, militantes, ni votantes. Simplemente esta nota pretende evidenciar los resultados electorales de las últimas votaciones, y destacar la pervivencia competitiva de estos espacios políticos. Tampoco es la intención de quien esto escribe, teorizar acerca de la existencia de un nuevo sistema partidario en Argentina de características multipartidista, ni sugerir que esta disputa de tercios vaya a convertirse en un nuevo patrón de competencia en el mediano plazo (ni siquiera en el corto). Aclaradas estas cuestiones, y reafirmando la labilidad y flexibilidad de la disputa política en nuestro país (el propio balotaje inclusive obliga a que la competencia se despliegue en forma bipolar) podríamos aventurar una próxima elección con similares características a las precedentes. Es decir, dos polos ideológicos afianzados en torno a la derecha neoliberal de Cambiemos y el populismo kirchnerista, y una “avenida del medio” agrupada en torno al peronismo tradicional (sea este federal, no K, moderado y demás, como lo fuimos denominando).

¿Qué se puede observar en el horizonte de 2019? ¿Quiénes se avizoran como los candidatos y las candidatas a representar estos polos? ¿Será Macri o el oficialismo tendrá otra carta? ¿Se presentará CFK? ¿Será Massa el candidato del peronismo no K? ¿Tendrá el peronismo una sola propuesta electoral? ¿Estaremos ante una elección de similares características a la de 2013?

A primera vista la realidad parece exhibir la ratificación de una elección de tres partes. Como hemos dicho en otro lado, el peronismo suele ser poco afecto a las unificaciones preelectorales, y a lo largo de su historia se encolumna detrás de un líder “exitoso”, es decir, ya legitimado electoralmente. Asimismo, la evidencia de que al gobierno no le será muy sencillo alcanzar el 40% presiona al peronismo tradicional a jugar sus cartas con autonomía del kirchnerismo, sin necesidad de aliarse ni siquiera tácticamente para vencer al oficialismo en una hipotética segunda vuelta para Cambiemos, la sola existencia de esta fragmentación peronista no le garantiza ganar en primera vuelta, ya que para lograrlo se necesitan votos y el combo estructural del ajuste, recesión, inflación y endeudamiento escasamente colaboran con el objetivo. Para el Kirchnerismo la patriada será más compleja, no solo por el bombardeo mediático al que está sometido desde hace años, sino porque su principal figura pareciera asegurar un importante caudal de votos fieles (que la ubicaría en una eventual segunda vuelta), pero carecería de la capacidad para superar el mágico 50%. Desde allí que la elección se encuentra sumamente abierta, y será la propia dinámica política que acontezca durante todo el año que resta la que dará cuenta de las estrategias que llevarán a cabo estos tres espacios político-electorales.

Con una situación económica más que compleja, con un horizonte con sabor a nada en cuanto a promesas de futuro, el gobierno se encamina a cumplir su tercer año de gobierno. A diferencia del Menem de finales de 1994 y la CFK de finales de 2010, en cuanto a contextos, el Macri de 2018 emerge como un presidente al que no le será para nada sencilla la reelección. Tiene a su favor el tiempo para modificar el status quo complejo en el que se encuentra, y en contra de las condiciones económicas, sociales e internacionales que el modelo que el propio líder puso en funcionamiento desde diciembre de 2015 y el que pocas alegrías le reportó desde su implementación.

A un año de las PASO presidenciales, y muy lejos de lo que sugería el escenario posterior a la victoria legislativa, el gobierno (como siempre) continúa teniendo en sus manos las llaves maestras del devenir futuro. La capacidad de generar nuevos escenarios, practicar nuevas alianzas y “gestionar eficientemente” el modelo neoliberal (o “ajustarlo” cual golpe de timón) es parte de su propiedad como administrador de la cosa pública. El escenario electoral, sin embargo, parece visualizarse en una disputa por tercios. Falta un año, es cierto. Y 365 días en nuestro país pueden parecer una década.

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