Otra vez sopa

Por: Carlos Leyba

El gobierno cree haber cosechado un logro. Un acuerdo político que representa un sólido avance en el de comercio MERCOSUR UNIÓN EUROPEA.

El intento lleva más de 20 años. Con distinta intensidad o vocación, ha sido impulsado por todos los gobiernos.

Ninguno de los gobiernos previos expresó un rechazo definitivo en el seno del MERCOSUR.En 2010 (Cumbre Iberoamericana) J.L. Rodriguez Zapatero propuso relanzar la negociación con el acuerdo de Cristina K: sus funcionarios continuaron las reuniones.

Los gobiernos, desde Carlos Menem, no objetaron esa ruta. Más grave, nada hicieron para modificar las condiciones en las que funciona la producción y la inversión en nuestro país. Por otra parte la condición necesaria para poder llevar a cabo esos negocios.

Con la negociación en marcha y sin haber hecho nada para detenerla, nada hicieron para el desarrollo de la producción industrial, rural, de los bienes transables copiando a la UE con quien se asociarían. Es decir nada que nos haga mas productivos y como consecuencia mas competitivos.

Aclaremos primero que, más allá de las consideraciones de “ampliación de mercado”, implicitas en los elogios del acuerdo, que se derivan de la reducción de aranceles de importación para la producción argentina por parte de la UE, debemos señalar que al día de hoy la barrera arancelaria para los productos industriales procedentes de nuestro país, orillan en promedio el 3,5%.

Es decir el impacto medio, suponiendo cero arancel, es de 3,5%. Una diferencia mínima entre hoy y mañana. Y hoy – algunos de nuestros productos con arancel próximo a cero – logran exportar cantidades mínimas. Esa rebaja difcilmente mueva el amperímetro.

Pero nuestros aranceles, en promedio digamos 12% (hay hasta 35%) no impiden que los productos europeos manufacturados representen más de las 4/5 partes de las exportaciones europeas.

Cuando los reduzcamos la avalancha será importante.

En otras palabras, dados los aranceles europeos actuales, nuestro beneficio es escaso porcentualmente. Mientras que dados nuestros aranceles altos, ellos reciben mucho en términos de rebaja. ¿Se entiende?

De lo que se trata es de nuestras condiciones estructurales de producción: el problema está adentro no en las barreras de afuera. Venimos hace 12 años con un PBI por habitante que crece migajas. Economía estancada, sin inversiones, como consecuencia de la ausencia de un programa de desarrollo que implica todo lo que tiene que ver con la vida económica sistemáticamente hablando.  

Por ejemplo, la producción en la Argentina pagó 35% de impuesto a las ganancias; este año tendrá una rebaja; pero con elevadísima inflación sin ajuste por inflación.Algunas empresas llegan a pagar una tasa real del 50% o más sobre las verdaderas ganancias.

La UE no tiene inflación, la indexación es redundante, y las tasas de ganancias  no llegan a 30% y algunos países como Polonia y Reino Unido, pagan 19%.

Nuestro crédito, cuando existe, es a corto plazo y a una tasa real de interés que supera 20% anual; en la UE la tasa real apenas toca el 2% real anual.

Todos los gobiernos – salvo breves interrupciones – han atrasado el tipo de cambio en relación a la inflación; y ahora, además, han impuesto retenciones a las exportaciones industriales.¿Cómo exportar industria en esas condiciones?

La inversión. No hay ninguna ley de promoción fiscal y/o financiera para la inversión reproductiva y no existe financiamiento blando a largo plazo.

El total del crédito al sector privado no pasa del 14% del PBI.

No hablemos de la infraestructura básica para competir (transporte, FFCC, educación y entrenamiento).

En 20 años – las condiciones que había – las destruyeron los gobiernos sucesivos que, ademas, impulsaron estos acuerdos.

En estos 20 años la productividad europea aumentó y los premios a la inversión continuaron. ¿Alguien duda que la UE necesita aumentar el mercado para su industria?

A pesar de la crítica al Acuerdo, da vergüenza ajena escuchar a Alberto Fernández o a Axel Kicillof, hablar en contra de que se firme lo que ellos promovieron o dejaron correr, que es lo mismo.

¿Nuestros socios? Paraguay y Uruguay tienen vocación para abrirse plenamente al comercio internacional. Tiene su lógica. Pero nosotros no tenemos ni remotamente estructuras parecidas ni problemas semejantes. Por eso somos complementarios.

En el mismo sentido, aunque por otras razones, Brasil está decidido a beneficiarse del acuerdo de libre comercio con la UE ¿Por qué?

Lleva desde Juscelino Kiubitshek 60 años promoviendo el desarrollo industrial con todos los instrumentos disponibles, apostando al desarrollo industrial y regional. Y ha logrado mucho comparativamente con nosotros.

Su estructura industrial, que al inicio de esas políticas envidiaba a la nuestra, hoy es 5 o 6 veces mas poderosa y mas competitiva. La continuidad le ha permitido alcanzar el carácter de potencia. Era más pequeña que la Argentina.

Para el agro brasilero también ha habido una extraordinaria estrategia de desarrollo y ampliación de las capacidades productivas.

Los subsidios y el apoyo tuvieron fruto; y hoy Brasil es una potencia agraria. La OMC informa que los subsidios federales al agro, incluida la soja, alcanzan a 10 mil millones de dólares (2017). Brasil no sólo subsidia a la industria sino también al agro.

Computando las transferencias fiscales tiene unos costos muy superiores a los de nuestro país.

Pues bien. En esas condiciones Brasil necesita que se bajen las barreras a su exportación.

El acuerdo con la UE es un negocio para el agro brasilero y es de un beneficio marginal para el nuestro. No somos agrariamente iguales. No necesitamos ese acuerdo para poder exportar.

En la industria, Brasil – con potencial exportador – tiene capacidad de “protegerse” de la presión importadora desde Europa. El caso nuestro es inverso.

La ausencia de protección estructural para nuestra industria nos hace extremadamente débiles para resistir la competencia europea.

Nada hicimos en 20 años para lograr esa “equiparación competitiva”. El marco ha sido siempre muy hostil para el desarrollo de la industria nacional. No hay burguesia nacional industrial sin un proyecto estrategico de largo plazo para lograrla. Y no lo tenemos.

La “cultura de consumo importado” propia de nuestros sectores alto y medios, viene de las generaciones que ya no están. Preferencia por productos de origen inglés, hizo que hizo quela industria local fuera considerada, por esos sectores, como “flor de ceibo”.

No penetró la idea de Carlos Pellegrini que “sin industria no hay Nación”. ¿Querremos ser Nación? Esa es la pregunta.

Con J.A. Martinez de Hoz en los 70, con Carlos Menem,  con Cristina Kirchner y hasta hace poco con Mauricio Macri – enorme cantidad de años – se desarrolló la cultura del “deme dos” que hizo del argentino de clase media un cultor de los productos importados.

La industrial no cuenta con instrumentos de defensa de su existencia; y la cultura de los consumidores de las clases medias, juega en contra. Brasil apuesta a resistir el embate europeo, la Argentina no tiene hoy ni para empezar.

Y los beneficios de la apertura para los productos primarios, que para Brasil puede ser importante, no lo es para nosotros. Y en la industria aquello que Brasil tal vez pueda resistir, para nosotros será imposible.  

Si en la Argentina todo sigue como está, este acuerdo es una decisión estratégica hacia la primarización que continúa la que se definición en 1975.

Una decisión estructural, porque una vez que los aranceles comiencen su decenso no habrá retroceso y las industrias tenderán a desaparecer.

En compensación, es posible, habrá capitales extranjeros que – como el Acuerdo implica cumplir ciertas reglas destinadas a debilitar el papel del Estado – llegarán al país a invertir en las ventajas comparadas en las que la naturaleza sea mucho más importante que el capital.

Mejoras de productividad que son posibles. Naturaleza, tierra, lo que vive sobre ella,y el sol, el viento, como recita Mauricio.

Podrá tener una sólida expansión. Inversiones para la minería y la pesca. Y algunas en energía fósil. Posible. Pero marca un proceso de primarización.

Puede haber un cierto impulso a la contratación de servicios del tipo de tareas contables que aquí se realizan en función de habilidades profesionales disponibles y salarios relativamente bajos.

No por know how o desarrollos tecnológicos comparados, que nos pondrían en“punta” como exportadores, sino por conocimientos comunes y salarios menores viabilizados por las nuevas tecnologías.

Si uno suma todo eso, bien puede encontrarse con un incremento importante en las exportaciones. No está mal.

No conocemos la letra del Acuerdo propuesto. Pero es difícil que la UE se baje del apoyo a sus agricultores. No se bajaron con el Acuerdo con Chile no con México.

Pero en el balance contrario están las importaciones que serán, en su mayoría incremental, sustitutivas de trabajo nacional.

El trabajo estará disponible en áreas productivas del interior, sometidas al clima y a la variabilidad incontrolable de los precios internacionales y – la nueva tendencia – sometidas al juicio “ecológico alimentario” que pone bajo sospechas todas las tecnologías e insumos de los que hemos abusado en los últimos años.

Todas esas, con la exclusión de las energías renovables, están bajo una potencial sospecha de “prohibición” y restricción: le cabe a la energía fósil y a todos los transgénicos.

El día que se firmó el acuerdo “Le Monde” (28/6/19) con la firma de Adrien Sénécat, realiza el análisis de la cuestión del glifosato y nos recuerda que el herbicida tiene autorización en la UE hasta 2022. En junio de 2021 la Comisión Europea deberá decidir si prolonga o no la autorización.

Eso no tiene que ver con el acuerdo con la Unión Europea sino con el perfil de especialización primaria que ese acuerdo implica.

La profundización de la privatización es una profundización de la debilidad y el riesgo.

El riesgo industrial (suponiendo que la especialización - leída en términos del Acuerdo – nos brinde los recursos necesarios para pagar el flujo importador) se concentra en la vida urbana y suburbana. Es decir “los unos” y “los otros”.

Todo indica que con el paso del tiempo, especialización y desindustrialización marchando, los “otros” son cada vez más. Descarte. Francisco.

La creciente “desindustrialización”, derivada de este proceso, es una bomba de tiempo social.

La pobreza por ingreso es 32 % de la población. En términos de la futura fuerza de trabajo, de aquí a 10 años, está por encima de 50%. Hoy los menores de 14 años que viven en pobreza supera la 50%.

La pobreza no sólo es de ingresos sino de capacidades y entre ellas, las que se necesitan para participar en esos extremos en que “la filosofía del Acuerdo con la UE y el mundo” manifiesta las mayores esperanzas.

La oferta de trabajo será exigua para esa masa de ciudadanos pobres urbanos jóvenes,tanto en el tercer sector de los “servicios exportables” como en el sector primario. La desindustrialización agrava todos los problemas que ya tenemos en las áreas urbanas, pobreza y cancelación del proyecto de futuro para mitad de los jóvenes argentinos.

No se trata que el acuerdo con la UE “per se” produce estos estragos históricos.

Se trata que esos acuerdos son sólo una salida política, coloratura electoral, destinada a cubrir la ausencia de una estrategia de desarrollo, entendida como la voluntad de la Nación, ejecutada a través del Estado, para construir un proyecto colectivo incluyente.

La creencia de los actuales funcionarios, como la de quienes los han precedido en los últimos 20 años, es que “el desarrollo” vendrá de afuera. A veces de lo que nos prestan, otras de esa lluvia de inversiones que no moja, y ahora de esos “Acuerdos”.

Los K compartieron esa misma molicie intelectual o astenia política y su “gran iniciativa” fue el Acuerdo Estratégico con China. Cipayismo de texto.

Escandaliza escuchar a Kicillof, el promotor de aquél Acuerdo, decir hoy “esto es el Pacto Roca Ruciman”.

Aquel Pacto, comparado con el Acuerdo con China, era una decisión en favor de la producción nacional y no la renuncia escandalosa del Acuerdo de Cristina que – como era de esperar – fue continuado y profundizado por Mauricio y Marcos Peña. Ahora acaban de endeudarnos con una central atómica china de cuyas calidades tecnológicas es razonable dudar.

La decisión de Mauricio Macri es que los problemas nacionales los resuelve “el afuera”.

Siempre algo que “esta afuera”. Nunca un proyecto propio capaz de convocar fuerzas para desarrollarnos.

No es nuevo. JA Martinez de Hoz lo intento con la “apertura financiera” que acomodaría la tasa de interés y “la racionalidad del mercado” no sólo cerraría actividades sino que abriría otras competitivas. Quedó la deuda generada por esa aventura y la destrucción de industrias.

Carlos Menem lo intentó a través de la “apertura integral” con la destrucción previa del Estado (privatización y desregulación). Quedó fue la deuda y la industria residual.

Cristina Kirchner lo intentó a través del Acuerdo Estratégico con China y negocio este Acuerdo con la UE. No quedó deuda externa, pero tampoco quedó ningún activo. El balance ha sido – al igual que en los demas casos – un balance negativo.

Lo mismo ocurrirá con esta gestión que acumula todos los “saberes y legados” de sus predecesores: tiene mucho de Martinez de Hoz, de Cavallo y mucho de Cristina: no sólo la entrega de oportunidades a China sino las mismas prácticas “populistas” de los K.

Ejemplos al canto: Ahora 12 sin interés para todo, 1000 dólares para abaratar autos cuyo componente importada es el 70 /80 % del valor, 1000 millones de pesos diarios de créditos a jubilados con tasas de interés impagables y la continuidad de las jubilaciones sin aportes. Increíble pero real.

Una línea se continúa en la Argentina desde hace cuatro décadas: nadie se hace responsable por el futuro. El futuro son los otros.

Se trata de sobrevivir. Generar noticias. Grandes. Sin importar las consecuencias.

Ni un minuto de reflexión sobre el futuro. Pases cortos. Destruir trabajo productivo. Tirar subsidios. Inviabilizar las finanzas públicas. Pedir prestado. ¿Algo mas populista que eso?  

Desde 1975 mutiplicamos el numero de personas bajo la pobreza por 16 veces y el PBI por habitante, los bienes disponibles, apenas han crecido a 0,6% por año.

Ninguno de los gobiernos, desde 1975 a la fecha, descansó su estrategia en un programa de orientación del largo plazo con incentivos a la inversión. Esfuerzos estratégicos que obilgan a pensar y a comprometerse.

Todos privilegiaron el corto plazo, acumulando fracasos en inflación, equilibro general, bienestar colectivo, y jugando al factor sorpresa basado en el secreto.

Ninguna organización empresaria, sindical, política, ni las Universidades, conocen las concesiones que se han dado y se darán en este acuerdo con la UE.

Poco es lo que se conoce. Poco es lo que han preguntado, Poco lo informado.

De la misma manera nadie se ocupó de pensar y discutir las condicionalidades derivadas de los acuerdos con China que generó Cristina y que Macri suscribió al pie de la letra, más allá que Franco Macri haya sido el gran gestor de negocios con China.

La urgencia y el secreto domina esas decisiones. Nada más próximo a la deriva de tragedia que ambas cosas: urgencia y secreto.

Como todos sabemos todo aquello que es urgente nos habla de tardanza, postergan, tareas no cumplidas. Y todo lo que es secreto tiene mucho de inconfesable, de traición, – finalmente – de desacuerdo.

Gobernar es acordar y hacerlo luego de pensar, dialogar y consensuar.

Lo que es urgente y secreto habla de desgobierno.

Hace 40 años que nuestro país declina – quien puede dudarlo – y lo hace al compás de la urgencia y el desacuerdo.

Este Acuerdo, pendiente desde hace veinte años, se celebra como un “éxito”. No lo es.

Éxito supone salir de una encerrona. Estamos en una encerrona. Y esto no nos saca. Nos encierra más.

Estamos así después de años de celebrar éxitos. Este es uno más de esos éxitos mentirosos.

Justamente todos los éxitos proclamados han sido lo contrario que una salida y se han transformado, y este de materializarse también lo será, en una encerrona mas profunda.

Venimos en picada desde hace 45 años y por la misma obstinada razón. Pases cortos, todo corto plazo, lo atamos con alambre. Tasa de interés 70%, calmamos el dólar, retenciones a la exportación industrial, aumentamos los ingresos públicos (que igual bajan) y bajamos las exportaciones industriales.

Observemos lo que dice el comunicado oficial "Es un hito para la inserción internacional de la Argentina ya que aumenta las exportaciones de las economías regionales” Pregunta ¿porqué?  

¿Acaso aumentarán las exportaciones regionales, con este tipo de cambio que se revalua dia tras día, con retenciones que se hacen cada vez mas gravosas, con costos de frío y de transporte impagables, con financiamiento a tasas de interés real que acaban con el patrimonio del deudor en dos o tres interacciones?

Es una frase irresponsable, falsa, propia de alguien que está ausente de la realidad. ¿Vamos a pagar el desarrollo con peras, manzanas, uva, azúcar, tabaco, yerba algodón, cabras, ovejas,lana, frutilla y arándanos? No es gracioso.

Las economías regionales están descapitalizadas en cantidad y en calidad.

Pero ademas ese volumen de comercio mundial es ridículo.

Los europeos producen todo y con los africanos protegidos por el Pacto de Cotonou que se renovará con 78 países de Africa y las ex colonias.

Dicho esto ¿piensan pagar la perdida industrial con el producido de las regiones?

Dice luego “consolida la participación de nuestras empresas en cadenas globales de valor”, ¿De qué hablan? ¿De cuál cadena de valor? No lo pueden citar porque no es verdad. Pero además, la traición de las palabras “consolidar” (así fuera) significa inmovilizar y por lo tanto no acrecentar. ¿Cuál sería la ventaja, el progreso, de sólo consolidar”.

El estudio del BM “Hacia el fin de las crisis en Argentina”, 2018, utiliza el concepto de cadena global de valor la soja, poroto que se envía como aceite y harina, tortas de expeler, ingresa a la cadena del cerdo y el vacuno. Ni siquiera podemos agregar valor a la proteína vegetal y convertirla en animal porque nos ponen cupo (1/3 de lo pedido) para la carne!!!

Es cierto que algo hay en materia industrial, la ex Transax, que hace cajas de cambio a nivel global; o las industrias de Rafaela (válvulas para motores) que lo hacen hace 20 años. Pero las Cadenas Globales de Valor  prefieren a Méjico, Tailandia, Vietnam o Polonia.

Seguimos con el fraseo oficial “promueve la llegada de inversiones” Palabras impropias. ¿Promoción de inversiones con impuesto a las ganancias sobre la inflación? ¿De qué hablan?

Suena a la lluvia de inversiones que produciría la “confianza en el mejor equipo de los últimos 50 años”?. No se entiende por qué vendrían, en estas condiciones, con mas apertura y fletes navieros cada vez mas baratos, y con la industria vendiendo por correo puerta a puerta. ¿De qué hablan?

Ahora afirman “acelera el proceso de transferencia tecnológica” ¿Por qué? ¿Cuál es el convenio de transferencia de tecnología que hicieron con los trenes de China y porque habríamos de creer que ahora lo harán? Nadie transfiere tecnología si no se lo impone como condición.¿El Acuerdo dirá que es obligatoria la transferencia de tecnología? Lo dudo,

Nos avisan que “aumenta la competitividad de la economía” ¿se puede saber por qué? ¿Acaso habrá más empleos productivos, tienen idea de cuál es la estructura del empleo hoy?.

Se lucen diciendo“todo lo cual generará un incremento del Producto Bruto Nacional” Todos los estudios de liberación del comercio estiman – con la precariedad del caso – que el PBI mundial podría incrementarse en el 1% luego de una gigantesca liberación mundial ¿cómo calcularon el impacto de aumento del PBI nacional?

Dicen que tendremos “aumento del empleo de calidad”.¿En que sectores aumentará el empleo? La lógica nos señala que el mayor empleo urbano está en los sectores sensibles que son los que cualquier proceso de baja de aranceles más afectará. Puras palabras

Termina diciendo“Además, constituye un sello institucional que da carácter permanente a la relación estratégica con la UE, garantizando transparencia, previsibilidad y reglas claras para los actores económicos"Este elenco sostiene que necesita del control exterior de la UE para garantizar transparencia, previsibilidad y reglas claras.

No sé si no son transparentes. Pero si sé que no son previsibles. Basta ver el periplo con el FMI para comprender que no lo son y que ni remotamente son capaces de brindar reglas claras.

Lo que dicen que lograron es, como hemos visto, poca cosa y de escaso valor.

Finalmente citamos a un medio oficialista que dijo “Cálculos privados estiman que el comercio interbloque podría duplicarse a partir de la aplicación. En 2018 el volumen fue de casi 100.000 millones de dólares, con la balanza comercial ligeramente favorable a los europeos”

La UE, obviamente, es mucho más productiva y competitiva que Argentina. El arancel que protege los sectores industriales manufactureros tiene un valor medio de 3,8 % mientras que el arancel medio MERCOSUR es 18,0 %. Hay sectores enteros que están protegidos con el arancel máximo consolidado en la OMC (35%), calzado, automóviles, textiles (hilado y tejido), indumentaria, confecciones, algunos electrodomésticos, algunos electrónicos y marroquinería. La tarifa promedio sobre las importaciones de Argentina, en promedio, es 4,6 veces más alta que la que usa como protección arancelaria la UE.

El patrón del comercio bilateral confirma la distancia entre la productividad europea y la argentina. Del total de exportaciones argentinas a la UE, la Industria Manufacturera de Transformación, bien medida, solamente participa en 8,7 %. la UE exporta a la Argentina 86 % de productos industriales.

La penetración de importaciones en los 19 sectores de la Industria Manufacturera de Transformación (CIIU Clasificación 2 dígitos), en promedio y para 2017, fue 29 %, pero en los sectores manufactureros complejos (p.ej Químicos, Maquinaria y Equipos, Automotores, etc.) el promedio de importaciones sobre consumo fue 54 %. Algo más de la mitad del mercado es dominado por las importaciones.

¿Cuánto más avanzarán las importaciones industriales si se abre la economía al nivel Unión Europea?

Pues bien, todo lo que podemos decir que a partir de ahora esa balanza comercial post acuerdo será más favorable a los europeos.

Nada puede beneficiarnos sino hacemos aquí, internamente, lo que debemos hacer como surge de un proyecto propio.

No con lo que viene de afuera, aunque sea soja a 600 dólares, si no tenemos una estrategia propia para desarrollarnos.

Otra vez sopa.




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