Oportuncrisis

Por: Juan Francisco Gentile


La imagen que ofreció el mensaje del presidente Alberto Fernández, acompañado por el gobernador Axel Kicillof y el jefe de gobierno Horacio Rodríguez Larreta, sea tal vez premonitoria del escenario político argentino futuro y sus próximos protagonistas. Si la memoria se remonta un año atrás, recordará fácilmente que la centralidad estaba ocupada exclusivamente por dos nombres: el entonces primer mandatario Mauricio Macri y la ex presidenta y principal líder opositora, Cristina Fernández de Kirchner. El tercer lugar de ese podio era de la gobernadora Vidal. Hoy, la foto es claramente otra.    

La inesperada crisis mundial generada por la rápida propagación del Coronavirus en el hemisferio norte tal vez sea una oportunidad para el gobierno argentino. El momento, que exige mesura extrema y templanza oriental, pero firmeza en la toma de decisiones, no admite mezquindades. Alberto Fernández, y con él toda la política, está frente a una chance de mostrarse ante la sociedad y al mundo como el vehículo de un mensaje y de una acción equilibrada, tendiente a la prevención y la reducción de daños, ante un virus cuya de inevitable, cuyo impacto puede atenuarse. Con un Estado presente y una sociedad que acompañe sin caer en la psicosis, tal vez pueda Alberto anotarse un poroto de oro: superar esta crisis sanitaria sin colapso del sistema de salud ni desbordes sociales. 

Los temas que estaban en agenda antes del cambio abrupto de prioridades ya no corren: el lock out patronal, la reforma judicial, el proyecto de legalización del aborto. Todo en stand by. La agenda económica también se replantea, en un escenario alterado. Hacia adentro, garantizar el abastecimiento normal a una población alentada a la psicosis por los medios dominantes, detener abusos en los precios, garantizar el funcionamiento correcto del mercado interno. Hacia afuera, sostener la negociación de la deuda en un contexto mundial de acciones y bonos a la baja. Ya sea al realizar una oferta a los bonistas beneficiosa para la Argentina a través de una quita, o defaulteando una parte de la deuda, no es descabellado pensar que el gobierno puede salir airoso y destrabar los dos frentes que hasta hace apenas una semana estaban en llamas, producto de otras condiciones, las ¿normales? de entonces. 

El antecedente más cercano de una situación similar fue la Gripe A, en 2009. El entonces gobierno de Cristina salió, como de costumbre, jugando hacia adelante. Shock al mercado interno, asignación universal, créditos blandos vía Anses, programa de recuperación productiva para empresas. Claro que entonces no pesaban sobre el país las toneladas de ladrillos que dejó el gobierno de Macri en la mochila con forma de deuda externa, como sí se siente ahora y con fuerza en las espaldas no sólo del gobierno sino de todxs lxs argentinxs, en su vida cotidiana a través de unos bolsillos que no llegan a cubrir los alimentos, las tarifas, los servicios y el transporte, aunque el gobierno los haya congelado.

Es importante señalar que antes del acierto que fue la conferencia junto a Kicillof y Larreta, el oficialismo había resbalado un poco en la pista embarrada que es la comunicación política, al anunciar una cadena nacional que luego se postergó varias veces y generó mayor ansiedad. También al declarar el presidente en entrevistas radiales que es necesaria una cuarentena generalizada, cuando la medida no estaba suficientemente estudiada ni definida. Máxima a respetar: si no hay seguridad completa de lo que se va a comunicar, es preferible un silencio provisorio. No generar expectativas desmedidas que luego no se podrán satisfacer es clave.

La foto del presidente y los mandatarios de los dos principales distritos del país fue acertada, porque el tono de Alberto eludió cualquier alarmismo. Por el contrario, transmitió cautela y seguridad; con impronta didáctica alentó a la responsabilidad colectiva y remarcó la necesidad de un Estado presente, a pocos meses de haber recuperado el área de Salud un rango ministerial que debería ser indiscutible. Completando la potencia de la imagen, sus dos escoltas, firmes y atentos, asentían y anotaban. Acompañaban al presidente. La imágen de un cambio de etapa. Tal vez sean los herederos de quienes hasta hace un año protagonizaban de manera excluyente la contienda política nacional.

   

 

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